En la semana final del año litúrgico leemos el Apocalipsis. Escuchemos:
“9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. 10 El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta 11 que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias, a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea». 12 Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro*, 13 y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego. 15 Sus pies eran semejantes al bronce bruñido incandescente en el crisol; y su voz como rumor de muchas aguas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de doble filo; su rostro era como el sol cuando brilla en su apogeo. 17 Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, 18 el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. 19 Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto. 20 En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi derecha, y los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candelabros que has visto son las siete iglesias» (Ap 1,9-20).
Los atributos divinos con que Jesús aparece ene esta visión inicial se desglosan en cada uno de los mensajes a las siete Iglesias de Asia Menor.
o al ángel de la Iglesia en Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro.
o al ángel de la Iglesia en Esmirna: Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida.
o al ángel de la Iglesia en Pérgamo: Esto dice el que tiene la espada aguda de doble filo.
o al ángel de la Iglesia en Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene sus ojos como como llama de fuego y sus pies como bronce bruñido.
o al ángel de la Iglesia en Sardes: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas.
o al ángel de la Iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, de forma que si él abre, nadie cierra, y si él cierra, nadie abre.
o al ángel de la Iglesia en Laodicea: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios.
El Vidente Juan está viendo el Apocalipsis en los avatares de la Iglesia en que vive. Yo puedo leer humildemente el Apocalipsis en la realidad de la Iglesia Sinodal en que vivimos. (Puede consultarse el documento publicado el mes pasado: “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2). Documento de trabajo para la etapa continental, publicado por la Secretaría General del Sínodo, en. www.synod.va).
Cada una de las cartas-mensaje concluye con el mismo grito de invitación: El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Lo que justifica que el creyente acuda de modo personal a lo que el Espíritu le dice a él en el hoy de la Iglesia.
Cristo del Apocalipsis,
El que eres y el que eras,
ante tu rostro divino
se postra la Iglesia entera.
* * *
¿Eres tú, Jesús glorioso,
el Jesús del Evangelio,
el que calzaba sandalias,
igual que las que yo llevo?
Soy el mismo, me decía
la voz que suena por dentro,
y en mi frente suave mano
deshacía mi recelo.
Jesús de mi intimidad,
intimior intimo meo,
eres tú, tan solo tú,
deshecho el espacio y tiempo.
Y soy yo, mi propio yo,
¿entiendes lo que no entiendo?
Mi yo mismo desvalido
en amor divino ardiendo.
Yo pido el vestido blanco
de vencedores redentos
para acercarme a tus pies
y darte, llorando, un beso.
Un beso que me ha nacido
antes de mi nacimiento,
cuando aún yo no existía
y me pensante ab aeterno.
Mi vida tuya es en ti,
un beso…, un beso abierto,
que se ha metido en tus plantas
y nadie podrá beberlo.
Mi Dios del Apocalipsis,
mi Jesús de mis requiebros,
sufro… y opino…, tú sabes
y es amor mi sufrimiento.
Mas junto a ti yo estaré,
ayúdame en mi silencio,
que acaso palabras medias
no expliquen lo que yo siento.
Estrellas veo en tu mano,
y una es la mía, yo … me atrevo,
guárdamela reluciente,
cuídala, que tengo miedo.
Y una espada de sajar,
que eres juez del universo;
si es por mi herida maligna
ven a mí como enfermero.
Ojos de llama brillante
que purifican a fuego;
soy impuro, no me excuso
mas tú…, piedad, que eres bueno.
El Espíritu te habita,
Dios por dentro, Dios reflejo,
y yo quiero ser divino
A tu contacto sincero.
Eres tú, Jesús creído,
eres Santo y Verdadero,
y yo perdido en tu Nombre
he de ser lo que en ti veo.
Eres llave que abre y cierra,
Y la mía te la entrego;
Hijo de Dios, de David,
de mi Historia el solo dueño.
Mi Jesús y mi misión;
callad, sabios, deteneos;
solo él, tan solo él,
mi yo que desaparezco. Amén.
(Postcriptum
Gracias, Vidente de Patmos,
lloraba Juan y yo lloro,mas
¡hay Vencedor y hay cielo).
Cuautitlán Izcalli, miércoles 16 noviembre 2022.
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