viernes, 11 de noviembre de 2022

1825. Dom. XXXIII, C – Jesús Mesías y el futuro de su obra

  

Jesús Mesías y el futuro de su obra

Lc 21,5-19 


Texto evangélico:

5 Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, 6 Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». 7 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

8 Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. 9 Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». 

9 Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

12 Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. 13 Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. 14 Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 16 Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán a causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; 19 con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Hermanos:

1. En la vida de Jesús todos nos encontramos discursos y frases bellísimas que las queremos retener, como cristianos que somos, y que, si llega el caso, las podemos proponer como bandera de nuestra fe, como retrato admirable de ese Jesús que nos ha convencido, y al que le confesamos como nuestro Señor, como el verdadero Dios de nuestra vida. Las Bienaventuranzas, las parábolas del Reino son el mensaje que nos convence, que nos llena de entusiasmo, de paz y de esperanzas.

Y en los mismos Evangelios encontramos otras frases que nos da miedo analizarlas, porque nos parecen muy severas; o que sencillamente no entendemos.

Hoy acabamos de escuchar un párrafo difícil, pero son palabras que dijo el Señor, y que han quedado escritas para nosotros. Por eso, con humildad las debemos afrontar, porque también en ellas el Señor nos espera.

 

2. Estamos en el domingo XXXIII de ese ciclo anual de 34 semanas, excluidos los tiempos especiales de Adviento y de Navidad, de Cuaresma y Pascua. Bien sabemos que el calendario tiene 52 semanas, pero nosotros decimos que con 34 semanas terminamos el ciclo del tiempo ordinario, que será el próximo domingo, dedicado a contemplar a Jesucristo Rey del Universo. Desde el Domingo XIII hemos seguido a Jesús que va camino de Jerusalén. Ya estamos en Jerusalén, y aquí en los días finales de su vida Jesús va a pronunciar unos discursos que miran al futuro, y que llamamos, con palabras técnicas, el Discurso escatológico. San Mateo, San Marcos, San Lucas han recogido estos discursos. Se trata del final de Jerusalén, del final de la historia humana y de la entrada en otra historia de Dios.

Los últimos días de la vida de Jesús están muy centrados en el templo. En una de estas ocasiones, algunos le comentan la maravilla de todo aquello que ven. Escenas así las hemos vivido todos. ¡Qué maravilla esto que estamos viendo!

Y Jesús hace un comentario fatal. El comentario de algo que está viviendo pro dentro, en su corazón: Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.

Recordad lo que nos ha contado el mismo evangelista, lo ocurrido algún día antes: Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita (Lc 19,4-44).

Jesús ha amado a su pueblo y se ha sentido hijo de Israel como nadie. Lo que Jesús está venido en su mente no es un bello edificio que se desploma, poque un conquistador entra en la ciudad y arrasa lo más precioso que tiene. Lo que Jesús está venido es el fracaso de la historia de su pueblo, porque no acaban de aceptarle a él como enviado de Dios.

 

3. Y no es solo eso. Jesús había venido anunciar el Reino de Dios, la Paz de Dios, y a inaugurar la Comunidad del Mesías. Y junto con la ruina de lo mejor que tiene la ciudad santa de Jerusalén, que es su Templo, están contemplando la persecución a la comunidad que él ha iniciado. Y todo por causa de que él se ha confesado a sí mismo como el Mesías. Jesús no está hablando el futuro político de su pueblo; sino de algo incomparablemente más serio: del futuro espiritual.

Las palabras del Señor nos alcanzan a nosotros. os odiarán a causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; 19 con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Cuando Jesús hablaba de estas cosas, sus discípulos le preguntaron dos cosas: Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

Aquí Jesús habla del fin de la ciudad santa de Jerusalén; en otro capítulo, en el capítulo 17 del mismo Evangelio, nos ha hablado del fin del mundo, todo ello con ese lenguaje misterioso con que en la Biblia y en la literatura de los Judíos se habla de los acontecimientos finales, del juicio último de Dios sobre la historia humana, del Apocalipsis. Pero Jesús no está haciendo pronósticos de un adivinador de los tiempos futuros; está hablando con el misterioso lenguaje de los prietas de Dios. Por eso, en otro pasaje de los Evangelio, hablando de estas cosas, le escuchamos: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mc 13,35-36).

 

4. Lo grave de cuanto estamos escuchando no es que Jesús esté hablando como un espectador de los acontecimientos que han de venir, sino como protagonista que está en acción. Él es el Mesías de Israel, y por causa del Mesías están aconteciendo tales perturbaciones dentro de la historia.

Con lenguaje distinto en el Evangelio de san Juan, en la Cena escuchamos estas mismas profecías: Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí (Jn 16,1-3).

 

A lo largo de la historia muchas veces cristianos visionarios, con buena voluntad, han intentado determinar tiempos en los cuales se estaban cumpliendo las palabras de los discursos de Jesús, como si hubiéramos llegado ya al final e la historia. De los Evangelios no se puede deducir pronósticos. El sentido es otro.

Cada generación puede estar viviendo momentos de Apocalipsis, actitudes de incomprensión, de rechazo, de muerte y martirio por el nombre de Jesús.

 

5. Este es el mensaje que llega a nosotros. Jesús se ha presentado como el Enviado de Dios, como el Mesías de Dios, como el verdadero Hijo de Dios, y en calidad de Hijo de Dios nos ha dado su mensaje. Aceptar este mensaje y defenderlo nos puede llevar incluso a la muerte. Si tenemos que hablar como testigos, no nos preocupe. Grabemos estas palabras: no tenéis que preparar vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 16 Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán a causa de mi nombre.

 

Hermanos, oremos a Cristo, el Señor:

Señor Jesús, gracias por todas tus palabras. Yo quiero ser testigo del Evangelio, de la belleza de la vida que nos has traído y has inaugurado. Dame fuerzas para defenderte siempre, incluso si un día tuviera que morir a causa del Evangelio. A ti todo el amor, toda la gloria. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, jueves, 10 noviembre 2022.

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