1918. Dom XXX A – Jesús y el amor, el primer mandamiento
Mt 22,34-39
Texto
34 Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar 35 y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». 37 Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. 38 Este mandamiento es el principal y primero. 39 El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Hermanos:
1. Continuamos con el Evangelio de san Mateo, escuchando esas escenas finales de la vida de Jesús. Aquel mensaje de amor que Jesús trajo para su pueblo y quiso darlo con todo su corazón no fue recibido. Seguimos con la polémica, con las preguntas insidiosas para ver si cae Jesús, el renombrado Maestro.
La primera frase del Evangelio de hoy nos introduce en el sentido de la escena: Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar. Escogen a un doctor de la Ley para hacerle una pregunta. La pregunta es: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? La pregunta es correcta, porque de la respuesta se podrán sacar conclusiones vitales. Pero el evangelista nos advierte que la pregunta no es inocente, sino que lleva su malicia: le preguntó para ponerlo a prueba. No es una pregunta de Catecismo o de alta Teología para llegar a un conocimiento superior de lo que más importa en le Ley. Es una pregunta para enzarzarnos en una discusión y ver quién gana, o, más bien, quien pierde.
2. Yo, doctor de la Ley, doctor de universidad, puedo dar mi opinión y decir: Nuestro Dios nos ha dado centenares de preceptos en la Torá, en los cinco primeros libros de la Biblia, Nos los ha dado porque nos amaba, porque obedecer cada precepto es un acto de sujeción y amor a nuestro Dios, que nos ha escogido como pueblo elegido. Yo, reflexionando sobre el asunto, puedo emitir mi postura: El precepto principal y central de la Ley es la observancia del Shabbath, porque Dios se ha impuesto a sí mismo este precepto. Dios creó el mundo en siete días y el séptimo descansó. La observancia del Sábado, como Día del señor, es lo que ha mantenido a Israel en su historia como pueblo unido, distinto de todos los demás.
Otro doctor de la Ley puede decir: Yo opino diverso. Entre los más de 600 preceptos que Dios nos ha dado, el primero y más importante es sencillamente el primero, el primero que aparece en el texto sagrado de la Biblia, cuando Dios creó al hombre y la mujer, y los bendijo y les dijo: Creced y multiplicaos. Y entonces estableció el matrimonio, para que la vida de Dios continuara en la tierra. El hombre y la mujer tienen el precepto de contraer sagrado matrimonio y hacer que la vida de Dios continúe. Así, pues, entre los 613 preceptos que la tradición judía posterior ha contabilizado en los primeros libros de la Biblia, el primero y principal es prolongar la vida de Dios.
3. La respuesta de Jesús no va a ser una respuesta de discusión teológica, sino la más sencilla e inmediata que cabe, la que sabe todo judío, porque todo fiel judío la debe recitar todos los días: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Deut 6,4-5).
El principal mandamiento es vivir noche y día con Dios y amarlo todo lo que le podemos amar. Esto es todo, y nunca lo podremos agotar. Ese es el secreto de la existencia: vivir en Dios, bajo la soberanía, al fuerza, el influjo de Dios; hacerlo todo desde Dios.
Ahora bien, el que vive así, vive con los pies en la tierra, y al punto tiene que concretar, porque vivir con Dios es vivir con el hombre y para el hombre. Y entonces Jesús, sin salirse de los libros de la Alianza, acude al instante a otro versículo de la Biblia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El Levítico decía: No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor (Lv 19,18). Claro que para Jesús “prójimo” es todo ser humano que tenga necesidad de ti.
4. Queda claro y para siempre que para Jesús todas las obligaciones se resumen en una: en el amor.
El amor no es abstracto y romántico, es operativo y concreto y por eso, amar a Dios se vuelve en esto amarás a tu prójimo, por Dios, desde Dios, como te amas a ti mismo.
Hermanos, si queremos profundizar en esta doctrina, podemos ir a otras frases de Jesús: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos, es decir, por aquellos a los que ama. Y esto se cumplió en él. Vayamos a los pies de la cruz en el Clavario, y preguntémonos: Aquí, ¿qué está pasando? Que Jesús está dando su vida por Dios y por nosotros. Él nos dijo: Nadie me la quita; yo la doy libremente. Dice el Evangelio: “Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre» (Jn 10,18). Jesús tenía inteligencia y poder para haberse escapado de la muerte. No quiso; nos amó así, y hoy desde el cielo nos sigue amando.
El amor de Jesús está hoy principalmente en la Eucaristía.
* * *
5. Estas cosas estamos diciendo en medio de grandes acontecimientos eclesiales que están ocurriendo. El principal es el Sínodo, que después de cuatro semanas este domingo queda clausurado en su primera etapa para continuarlo y terminarlo dentro de un año, en octubre del año que viene. Junto a los obispos han participado seglares, hombres y mujeres de todas las partes del mundo, que sienten y viven la Iglesia como algo esencial en su vida cristiana. El miércoles pasado nos daban un mensaje a todos los católicos, comunicando qué habían vivido y cómo debemos ponernos todos a la escucha de Dios, porque el Espíritu Santo, escuchándonos mutuamente es el que debe dirigir los pasos de la Iglesia. Este próximo sábado (antes de que yo termine esta homilía) se dará a conocer el documento final, para enlazar con los trabajos que han de seguir el próximo año. Hermanos, es un asunto, no para especializados, sino para creyentes, para todos los que en una Iglesia local o particular, dividida en parroquias queremos seguir los caminos que Jesús nos marca en el sano Evangelio. A él debemos preguntarle, no con malicia, sino para saber: maestro, en este momento de la historia, donde hay tantos problemas, como la emigración de gentes que dejan su tierra en busca de trabajo, Maestro ¿qué debemos hacer, siguiendo tu mensaje de amor?
6. Otro asunto de gran importancia es el hecho de que hoy viernes se ha dado a conocer el informe elaborado por una Comisión seglar acerca de los abusos a menores acaecidos en el ámbito de la Iglesia Católica en España. Es un tomo de cerca de 800 páginas puesto en Internet para todo el que quiera leerlo.
Comienzan las opiniones y las críticas, porque todos podemos opinar, comenzando por el Presidente de Gobierno. Y ya ha comenzado a anunciarse: El Presidente “se compromete a dar una respuesta institucional a la lacra de los abusos a menores en la sociedad”.
Según el Informe los abusos e cometen no tanto en las sacristías, en los salones y casas parroquiales, sino con preferencia en los locales de las escuelas. Ya desde el principio muchos se preguntaban: Si se hacen estas investigaciones en torno a los colegios católicos, ¿por qué no se hace otro tanto en torno a los colegios estatales, en torno a los centros culturales, en torno a los centros deportivos? No digamos en torno a las familias, que según los entendidos es el lugar donde más ocurren los abusos.
Y con todo, hermanos, no es esta la cuestión. Si somos discípulos de Jesús, hemos de reconocer los pecados sí, hemos de privilegiar el derecho de las víctimas con las terribles consecuencias que afrontan, acaso de por vida, sí, derecho que está ro encima de todo el prestigio que puedan tener las instituciones sagradas, sí… Todo esto es cierto, pero la Iglesia no es ningún tribunal de justicia. La Iglesia, o, más concretamente, los abusadores deben pedir perdón y deben reparar, pero las víctimas, si son de verdad cristianas, deben perdonar a sus agresores, a sus abusadores, como Jesús nos ha perdonado a todos. Y las Iglesia, nuestra Madre, nos ha de enseñar a perdonarnos unos a otros, porque todos hemos ido salvados por el perdón y la misericordia de Dios. Pase lo que pase, que brille la misericordia de Dios sobre sus hijos.
7. Concluyamos, hermanos, concluyamos mirando a Jesús.
Señor Jesús, el Evangelio que nos has predicado es insondable. Y hay un punto en torno al cual gira todo: el amor. Y tú nos has revelado que el amor, el único amor verdadero que existe, el aor que viene de Dios y vuelve a Dios incluye todos los preceptos. Puesto que me siento amado por ti, que moriste en una cruz y te has quedado en la Eucaristía, enséñame a amarte a ti y desde ti a todos mis hermanos. Amén.
Cuautitlán Izcalli, 27 octubre 2023