Homilía
para el primer Domingo de Adviento, ciclo C
Lc
21,25-29. 34-36
Texto evangélico
25 Habrá signos en
el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes,
perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, 26 desfalleciendo
los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo,
pues las potencias del cielo serán sacudidas. 27 Entonces verán
al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. 28 Cuando
empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra
liberación».
34 Tened cuidado de vosotros,
no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las
inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; 35 porque
caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estad,
pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que
está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Hermanos:
1. Iniciamos hoy el Adviento, un tiempo entrañable,
lleno de hermosura. Son cuatro semanas que tienen su propia dinámica en la
liturgia, sus figuras, su ritmo progresivo. El Adviento viene a ser como la primavera
de la liturgia. Conviene saber cómo lo describe el Misal de la Iglesia
en esas páginas primeras que tienen los Misales de altar donde se nos dan las explicaciones
detalladas para conocer el recto sentido de lo que celebramos.
Escuchemos:
“V. El tiempo de Adviento
39. El tiempo de Adviento tiene una doble índole:
es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se
conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el
tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación
de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el
Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre.
40. El tiempo de Adviento comienza con las primeras
Vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o es el más próximo a este día,
y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad.
41. Los domingos de este tiempo se denominan
domingo I, II, III, IV de Adviento.
42. Las ferias del 17 al 24 de diciembre inclusive
tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad”.
2, Esto que acabo de leer pertenece a la catequesis
cristiana. La característica central del Adviento es esta: Tiempo de
expectación piadosa y alegre. Esto es el fruto del Adviento: ¡Qué hermoso es
entender la vida entera como expectación de la venida del Señor, hermoso,
gozoso, confortante! De esto justamente quería hablar en esta homilía primera
de Adviento: levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Dios es
nuestra posesión y nuestra esperanza.
Este es el talante de la vida cristiana: la cabeza
alzada, mirando a Cristo, y esto de una manera más radiante en los momentos más
turbulentos.
3. Al mismo tiempo, siguiendo el hilo de lo que habíamos
comenzar a explicar, nos interesa precisar qué es el Adviento, cuál es la
espiritualidad del Adviento, que ha de ungir nuestra vida.
Ese envoltorio comercial que ya comienza a finales
de noviembre con el árbol de Navidad, las compras de Navidad…, eso no es el
Adviento, como comprende todo el mundo un poco sensible a las cosas
espirituales; incluso eso es - o puede ser - la corrupción del Adviento.
Tampoco esas cenas de Navidad antes de Navidad,
cenas a lo mejor de terminación de semestre, tampoco eso es Adviento. Podemos
confundir las cosas para perjuicio de la Navidad y del Adviento.
Las Posadas son celebraciones muy bonitas, que en
México tienen tal raigambre; pero también cuidemos las posadas, para no hacer
de las posadas días de Navidad.
La Navidad comienza en la Nochebuena, exactamente
en las Vísperas del día 25, y termina el domingo siguiente a la Epifanía del Señor.
4. Tiempo de expectación gozosa y alegre.
¿Quién es Dios? Dios es don y promesa; Dios es regalo, el infinito regalo del
ser y la existencia. Dios es el infinito regalo de la misma vida. La vida, entendida
en su honda y palpitante realidad, está impregnada de Dios. Dios está aquí; no
hay que salir de la vida para encontrar a Dios. Esto es revelación, porque
todos tenemos ojos y a lo mejor no vemos. Dios es revelación.
5. Pero ahora viene otra cosa admirable: Dios es
infinitamente más de lo que vemos y tenemos, de lo que disfrutamos. Dios es promesa.
Dios es venida, plenitud y culminación. Por mucho que yo eleve los registros de
mi imaginación nunca alcanzaré a definir lo que es la llegada de Jesús para
invitarnos a compartir lo último de su vida.
El mundo tiene que pasar un proceso de purificación
mortal, un combate escatológico. Habrá signos en el sol y la luna y las
estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo
del mar y el oleaje. Son modos de decir lo que no podemos imaginar. Como de
esto no ha habido historia, nuestra fantasía se queda sin palabras y sin
imágenes. No será tampoco una marcha hacia los orígenes para una renacer de nuevo,
una “palingenesia”, una renacer primordial; será una marcha hacia adelante, por
el crisol de la purificación.
En aquel momento sublime vendrá el Hijo del hombre.
6. Es admirable y completamente grandioso constatar
como Jesús, el hijo del carpintero, como se le llamó, se ha visto a sí mismo
como el Hijo del hombre, el compañero de la raza humana, y que precisamente en esa
imagen está la revelación de su divinidad. Jesús es el Hijo del hombre, que a
ras de mi condición ha borrado el pecado del mundo, y que ahora viene lleno de
majestad y de gloria. Por estos niveles últimos se mueve la conciencia de Jesús
en la tierra, que nunca podremos
apreciar.
Esta es, pues, nuestra fe: la posesión de Dios aquí
en la tierra y la esperanza de Dios que viene. La venida de Dios será la
culminación de la Encarnación.
7. Hermanos, esta ha sido la espiritualidad de Jesús;
este ha sido el Adviento de Jesús. Jesús ha vivido de la posesión de Dios y de
la esperanza de Dios. Cuanto más ahondamos en la entraña del mundo, vemos este
drama, esta lucha entre una posesión y una esperanza. Si al mundo le quitamos la esperanza, le quitamos la razón de ser hoy mismo.
Posesión y esperanza: estas son las dos palancas de
nuestra vida, las dos fuerzas de la historia en la que estamos involucrados.
8. Señor Jesús, para mí y para el mundo entero,
te pido estas dos gracias, que son una: sentir la posesión de Dios, tu Padre y
mi Padre, y sentir en el mismo momento y con la misma fuerza el hambre de Dios,
la esperanza de Dios. Te lo pido, te lo pedimos a ti, Señor, que eres la clave
de al historia. Amén.
Guadalajara, sábado 28 noviembre 2015.