Adviento,
el portal de la Liturgia
1.
Al llegar el Adviento
Al llegar el
Adviento, una oleada de poesía airea mi corazón… Sencillamente porque me trae
recuerdos y es muy bonito divagar cuando los recuerdos son dulces y
placenteros. Quisiera hablar de la espiritualidad del Adviento, y a modo
de pórtico, con la anuencia del lector o lectora (acaso novicio o novicia) voy
a evocar mi “primer Adviento” singular, hace 59 años, cuando yo era un novicio
en la vida capuchina, en el curso 1955-1956.
¡Adviento de
diciembre de 1955, Adviento de mi
noviciado! Cuando se cumplieron 50 años de profesión (15 agosto 1956)
quise evocar aquel año para memoria de los herederos, y escribí un librito
lleno de cariño: Memoria del noviciado:
Memoria de un novicio y su noviciado a la vuelta de 50 años, 1956-2006
(Pamplona, Curia provincial de Capuchinos 2006), para una colección interna de
recuerdos nuestros, capuchinos. No sé por arte de quién y cómo ese librito ha
ido a parar a Internet – en este caso no me molesta – de modo que el lector
puede escribir mi nombre y el título y allí verán una historia minuciosa,
historia linda de unos años primaverales.
A aquel
librito acudo como punto de arranque de estos pensamientos de Espiritualidad
del Adviento. La historia dice así:
“Adviento,
primavera de la liturgia
El Adviento es como la primavera de la
liturgia. Por el Adviento yo comencé a gustar la dulzura, la hermosura, la
poesía y la teología de la liturgia. Ya en Zaragoza [Colegio de Filosofía] leíamos
en el comedor las explicaciones litúrgicas del P. Pío Parsch, y nos habíamos
adentrado en el espíritu de la celebración de la Iglesia.
En el noviciado, al menos para mí, el
sabor de la liturgia fue cosa especial, y desde entonces ha ido creciendo a más
y a más. La liturgia, según la entiendas, es el soporte de la teología de la
Iglesia. Y viene a ser la estructura esencial del ser Iglesia. El pensamiento penetrante
del hasta hace poco teólogo Ratzinger va por ahí..., una Papa, por cierto, de
una luz esplendorosa.
Cerca de nosotros está la abadía
benedictina de Leyre, entonces un priorato que empezaba a formarse, restaurado
por obra del Gobierno de Navarra el antiguo monasterio, donde están enterrados
algunos de los reyes de Navarra. El P. Augusto Pascual, superior, fue llamado
por el P. Maestro a darnos algunas explicaciones de liturgia. Había buena
relación entre capuchinos y benedictinos. En Leyre, he podido saber después que
vivió el Padre Azcárate, el que escribió La flor de la Liturgia, una
manual muy divulgado años atrás. El P. Azcárate vivió muchos años en Argentina.
No recuerdo de qué temas nos habló el P.
Augusto Pascual, porque sus charlas no pasaron a mi Cuaderno espiritual. Pero
sí recuerdo, y lo que voy a referir me viene a la mente siempre que iniciamos
el Adviento, la anécdota de aquel monje anciano. Había en su monasterio un
monje anciano que cada año, al llegar el Adviento y oír cantar el responsorio
del primer domingo Aspiciens a longe..., se le ilumina el rostro como a
un profeta que miraba a lo lejos venir el Mesías, y parecía con un iluminado y
traspuesto; diría - añado yo - como el monje Virila, San Virila, del mismo
monasterio de Leyre que salió una tarde a pasear y perdido en el bosque, al oír
cantar a un pajarillo, se quedó en éxtasis... trescientos años. La Fuente de
San Virila lo recuerda.
¿Qué era y qué es Aspiciens a longe...?
Es el responsorio más largo que se encuentra en el oficio divino, un
responsorio que nos representa en un cuadro dramatizado con frases tomadas de
la Biblia la espera anhelante del Adviento. Me agrada recordarlo:
R/ He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y
una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: *
«Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»
V/ Plebeyos y
nobles, ricos y pobres,
R/ Id a su encuentro y
preguntadle:
V/ Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño:
R/ Dinos si tú
eres el que esperamos.
V/ ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
R/ El que ha de reinar
en el pueblo de Israel.
V/ He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una
niebla que cubre toda la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: * «Dinos
si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»
Es un responsorio musicalizado, en
latín, por autores clásicos. Así, uniéndonos a la caravana de los que de lejos
miraban al Mesías, entramos en Adviento. "En la fe murieron todos ellos,
sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde
lejos: a longe eas aspicientes et salutantes"
(Hb 11,13)”.
2. Adviento: frescor espiritual y poesía
Hasta
aquí lo que escribí recordando. ¿Qué es lo que yo veía en el Adviento para
quedar prendado de su hermosura y entrar por él en el misterio de la Liturgia?
Me
gustaban las antífonas, y me parecía cada una de ellas como un pequeño poema.
Me
gustaba escuchar al profeta Isaías como profeta del Adviento.
Me
gustaban lo que nos explicaban con aquel sencillo esquema: El Señor vino, el Señor viene, el Señor vendrá: las tres venidas de
Adviento.
Me
gustaba lo que nos decían de los tres modelos o figuras de Adviento: Isaías, Juan Bautista, la Virgen María.
Me
encantaban las antífonas de la O, que las cantábamos en gregoriano. Hoy los
jóvenes no las saben… Y, a lo mejor, si uno sugiere aprenderlas, cortésmente te
dicen que ya no pega…
Me
encantaban, sin duda, otras cosas, otras prácticas que teníamos, pero con esto…
vale.
No
existía la Corona de Adviento, algo que sí tenía su sentido en centro Europa,
me parece, y que acaso nos entró por la sensibilidad litúrgica de los catalanes
(?), que en este punto han sido muy finos.
3. Los años corren y el Adviento es más Adviento
Era
antes del Concilio, y yo no me imaginaban que iba a venir un concilio
(anunciado en 1959) con una teología que siendo lo que siempre creyó la Iglesia,
es, sin embargo distinta, con otros aires que orean de la montaña. La severidad
del Adviento (no correctamente entendido como una segunda cuaresma) se ha atenuado,
o, más bien, ha sido arrasada…, pero el Adviento se ha rejuvenecido como tiempo
de amor, y hay muchas venas que nos ofrecen, con la liturgia renovada, con la
teología “pascualizada”, un panorama increíblemente bello del Adviento, como
para que un novicio, una novicia vuelva encontrar en el Adviento, acaso, la
puerta del paraíso de la liturgia.
¿Qué
es lo que yo veo en el Adviento?
1.
Yo comenzaría explicando qué es el Adviento que vivió Jesús, que él lo plasmó en el
Padrenuestro.
2.
Y explicaría el Adviento de los cuatro domingos con su dinámica propia.
3.
Y diría cuál es la definición del Adviento, escrita en la renovación de los tiempos
litúrgicos, a saber. “El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el
tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora
la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el
que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda
venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se,
nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas
universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 39).
4.
Continuando, continuando, tendríamos que apreciar la ordenación y proclamación
de la Sagrada Escritura, tanto en la misa como en el oficio divino.
5.
Otro filón de la espiritualidad del Adviento, las lecturas patrísticas y eclesiásticas.
6.
Pero también las súplicas de Adviento.
7.
Un gran venero del Adviento, la Himnodia
de Adviento…, que está por crearse.
8.
Las antífonas de la O son una riqueza que no podemos desperdiciar.
9.
La presencia de María en Adviento, como nos lo ha explicado Pablo VI en la Marialis cultus. El Adviento es el
tiempo de María. Y aquí, la Expectación del parto y algunas oraciones antiguas
que ha recuperado la liturgia en los días finales del Adviento.
10.
El silencio de Adviento, contemplación y acogida
11.
La Corona de Adviento, con su oración de bendición.
12. El Adviento tiempo del Espíritu. Ah, recordemos
la homilía de ayer del Papa en Estambul (Constantinopla), en la catedral Católica
del Espíritu Santo: “…Es verdad, el Espíritu Santo suscita los diferentes carismas
en la Iglesia; en apariencia, esto parece crear desorden, pero en realidad,
bajo su guía, es una inmensa riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu
de unidad, que no significa uniformidad. Sólo el Espíritu Santo puede suscitar
la diversidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, producir la unidad. Cuando
somos nosotros quienes deseamos crear la diversidad, y nos encerramos en
nuestros particularismos y exclusivismos, provocamos la división; y cuando
queremos hacer la unidad según nuestros planes humanos, terminamos implantando
la uniformidad y la homogeneidad. Por el contrario, si nos dejamos guiar por el
Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca crean conflicto, porque
él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia” (29 noviembre
2014).
12.
Y otras cosas que el Espíritu de Dios suscita en cada uno… de teología, de poesía,
de artes figurativas…
4. Cuidado con lo que nos puede deteriorar el
Adviento
No pocas cosas amenazan la pureza del Adviento, algunas demasiado evidentes.
1. El adviento comercial, es decir, la Prenavidad que comenzó a
finales (si no a mediados) de noviembre, con Papá Noel, con el árbol de Navidad…
y acaso con el Niño de Belén, y pronto con canciones de Navidad para armonizar
la compra.
2. Nuestra fiestas prenavideñas, como fin de semestre, cantando la
Navidad cuando no ha llegado y mezclando o confundiendo tiempos y vivencias.
3. Las pastorelas con lo que llevan de ensayo y preparación…
4. Las fiestas y fiestas… para caer en picado a partir del día 25,
cuando acaba de comenzar la Navidad.
5. Y más sutilmente los cantos pobres de música y de contenido. Hay una
gran pobreza de cantos de Adviento.
6. En suma, somos nosotros mismos los que
caemos inevitablemente en no sé qué red social (llámese, incluso, académica…)
para quedar presa de una sutil enajenación.
5. Un Adviento
singular en este Año de la Vida Consagrada
Año de la Vida Consagrada para todo el
pueblo santo de Dios, y muy especialmente para nosotros, religiosos, religiosas…
(“a todos los consagrados”, exactamente), presentado por la carta que nos escribió
el Santo Padre Francisco el día 21 pasado, en la Presentación de María. Dice
textualmente estas cosas
I . Objetivos
para el Año de la Vida Consagrada.
1.
El primer objetivo es mirar al pasado con
gratitud.
2.
Este Año nos llama también a vivir el
presente con pasión.
3.
Abrazar el futuro con esperanza
quiere ser el tercer objetivo de este Año.
II -
Expectativas para el Año de la Vida Consagrada
¿Qué
espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada?
1.
Que sea siempre verdad lo que dije una vez: «Donde hay religiosos hay alegría».
2.
Espero que «despertéis al mundo», porque la nota que caracteriza la vida
consagrada es la profecía.
3.
Los religiosos y las religiosas, al igual que todas las demás personas consagradas,
están llamadas a ser «expertos en comunión».
4.
Espero de vosotros, además, lo que pido a todos los miembros de la Iglesia:
salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales.
5.
Espero que toda forma de vida consagrada se pregunte sobre lo que Dios y la
humanidad de hoy piden.
¡Ven, Señor Jesús!
Guadalajara,
Jalisco, 30 noviembre 2014
Fr. Rufino María
Grández, O.F.M.Cap.