624. Domingo
I Adviento B – Adviento: ¡Ven, Señor Jesús!
Homilía en el primer Domingo de Adviento, ciclo B
Mc 13,33-37
Texto
evangélico:
Estad atentos,
vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y
dejó su casa y dio a cada uno su tarea, encargando al portero que velara. Velad
entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o
al mediodía, o al canto del gallo, o al amanecer, no sea que venga
inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que digo a vosotros, lo digo a
todos: ¡Velad!
Hermanos.
1. Hoy iniciamos el Adviento, y antes de entrar en
la explicación y escucha de los textos sagrados, es oportuno que nos situemos en
el significado del tiempo que comienza y sepamos qué anuncia y cómo se articula
en el conjunto de los tiempos que celebra la Iglesia.
Adviento es ni más ni menos que la expresión latina
“Adventus” puesta en castellano: Adventus, la llegada; una llegada
solemne que es todo un acontecimiento. Alguien muy importante, el Emperador,
llega a la ciudad, y toda la ciudad se convierte en un festejo de acogida, de
fiesta y celebración.
Curiosamente la palabra Adventus es la traducción de la versión de una palabra griega muy
importante en la Biblia: Parusía. Esta
es una palabra que les resulta familiar a quienes se meten poco a fondo en el estudio
de la Escritura: Parusía es la Venida de
Cristo al final de los tiempos, revestido de poder y de gloria.
Cuando celebramos la Eucaristía, inmediatamente
después de la consagración aclamamos a Cristo: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección: ¡Ven, Señor Jesús!
Esta última aclamación, “¡Ven, Señor Jesús!”, es la palabra con que termina la
Biblia, en su último libro, el Apocalipsis: ¡Ven Señor Jesús!, o como lo decían
los primeros cristianos, en arameo, que era la lengua de Jesús, aunque no
supiesen ellos arameo: ¡Maraná-Thá!, Ven Señor.
La vida cristiana es un inmenso clamor hacia Dios: ¡Ven, Señor! Es un grito confesando que nuestra vida tiene valor
porque está toda ella orientada hacia esa soberanía que solo Dios puede
ejercer: ¡Ven, Señor!, ¡Ven, Señor Jesús!
2. El Adviento es el memorial permanente de la
venida de Dios en la historia humana. Decimos – y es verdad – que el Adviento
es la preparación para la Navidad. Es cierto, sí, que la venida de Dios es la
verdad matriz de nuestra fe: el Dios viviente, el Dios de la presencia en medio
de su pueblo, el Dios que viene, que actúa, el que ha de coronar todas nuestras
esperanzas, Dios presencia, Dios relación. Ese y no otro es nuestro Dios.
3. El Adviento nos lo recuerda y el primer domingo,
todos los años, nos remite a esa venida final de Jesús en la historia,
enlazando, por otra parte, con el mismo mensaje que escuchábamos el domingo
pasado, domingo final del año litúrgico, domingo de Jesucristo, Rey del
universo. Vigilad, velad, es la palabra
clave del Evangelio de hoy, conclusión del discurso escatológico de Jesús.
4. Es algo grandioso, hermanos, haber caído en la
cuenta de los sentimientos que bullen en el corazón de Jesús en su convivencia
con nosotros. Nos deleita, y nunca nos cansamos de pensarlo, el ver a Jesús de
Nazaret como el hombre que ha bajado hasta el fondo de nuestra humanidad y ha
comprendido el dolor y la miseria humana. El domingo pasado nos hablaba de “estos
mis hermanos más pequeños”, identificándose con los desheredados de la tierra
fueran de la religión que fueran. Nunca tendremos palabras bastantes para agradecerlo;
y este modelo estará siempre ahí para imitarlo.
5. Esto es del todo cierto, y sin quitar nada a
esta figura dominante de Jesús en nuestra piedad cristiana, que es la figura
del Sagrado Corazón de Jesús, hemos de sondear otras profundidades que también ha
vivido. Jesús ha visto el fracaso de su pueblo, lo ha profetizado: la ruina del
templo y de la ciudad, viejas desgracias de siglos pasado que ahora Jesús las veía
inminente: triste final de la actividad de un profeta, como seis siglos atrás le
había ocurrido al profeta doliente y sufriente, Jeremías. En los días finales
de su vida Jesús anuncia esta desolación. No se trata de una perspectiva
política, sino del juicio de Dios amoroso. Así lo interpretó él. Y de hecho
cuarenta años después los romanos arrasaban templo y ciudad.
6. Aquella catástrofe no le hundió a Jesús; al contrario, de aquella desgracia
suprema brotó esperanza y salvación. Jesús entonces se reafirmó, en el fondo de
su ser, como lo que era: el Hijo de hombre que había visto Daniel que se
acercaba al Dios poderoso y recibía poder y gloria como Señor de la historia.
Este es el Jesús de nuestra esperanza, el Jesús de nuestra fe. El jueves pasado
en la misa escuchábamos esta frase grandiosa y gloriosa que abre nuestro
corazón a la esperanza infinita: “Cuando
empiece a suceder esto (cuando “las potencias del cielo sean sacudidas”), levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra
liberación” (Lc 21,28).
5. Como cristianos, mis hermanos, tantas veces nos hemos
preguntado: ¿Quién es verdaderamente Jesús? No le vamos a capturar en una definición,
como si nosotros fuéramos los dueños de su persona. Él es el sentido de nuestra
vida; es el Dios con nosotros, porque es Dios mismo.
Acabo de decir que él es el sentido de nuestra vida. Él es la más concreta referencia
de Dios para nosotros.
Estos días pasados hemos asistido, de algún modo, a
este hecho importante para nosotros, europeos, la visita del Papa al parlamento
europeo, institución que representa a 28 países y 500 millones de habitantes. Alguien
se ha molestado de que se le diera la palabra en un hemiciclo, que es un foro
político; alguien, y bastantes, se han molestado de que en su discurso mencionara
el aborto y lo llamara “asesinato” de niños antes de nacer.
El Papa, que no ha sido un intruso, sino un
invitado de honor por el Presidente, tenía que decir estas cosas. ¿Adónde va
Europa, mi continente, humanamente envejecida, espiritualmente desgastada? El
futuro no es nada halagüeño. El Papa ha hablado de la defensa de la persona,
pero apreciando su dignidad, su valor, desde la transcendencia, porque si la
persona no es defendida desde ahí, podemos utilizarla y degradarla desde los
meros intereses económicos, que, al parecer, son los que imperan. Y ha dicho,
entre otras, estas frases memorables: “El futuro de Europa depende del
redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos [es
decir, la apertura a Dios y al mundo]. Una Europa que no es capaz de abrirse a
la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de
perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin
embargo, ama y defiende.
Precisamente a partir de la necesidad de una
apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana,
que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento” (24 de
noviembre).
6. Hermanos, abramos los ojos; sí, abramos los ojos
a Dios, que llega a nosotros por medio de su Hijo Jesucristo.
Con los primeros cristianos, hoy y siempre,
nosotros diremos:
¡Ven, Señor
Jesús!, Maránata.
Y la respuesta es: ¡Sí, vengo pronto!
Amén.
Guadalajara, Jalisco, 28 noviembre 2014.
Muy bonita su homilía:
ResponderEliminar¡Maraná-Thá!,
Saludos. Juan José
CARTA A UN CUMPLEAÑERO:
ResponderEliminarHemos extrañado ahora la Carta a un Cumpleañero, por eso escribimos éstas breves. En vísperas de su cumpleaños y de la Navidad que ya comienza con adviento, reciba nuestras más sinceras felicitaciones. Para el niño, padre, santo, a quien tanto queremos: Feliz Cumpleaños.
EDUARDO, COLOMBA, NAHÍM, NELLY, MARY SUSY E INÉS NOEMÍ.