Homilía para el domingo XXXII del tiempo ordinario,
Ciclo A, Mt 25,24-30
Texto
evangélico:
«Es como
un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus
bienes; a uno le dejó cinco talentos, a
otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que
recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco.
El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió
uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo
de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las
cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó
otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros
cinco”. Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en
lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó luego
el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste;
mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!;
como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de
tu señor”. Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor,
tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El
señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que
siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi
dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los
intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene
se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que
tiene. Y a ese siervo inútil echadlo
fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
Hermanos:
1. Nos vamos aproximando al final del
año litúrgico que será el domingo que viene, con la imagen soberana de Cristo,
nuestro Señor, Rey del Universo. Entretanto estos domingos vamos escuchando
unas parábolas del final de la vida de Jesús, texto sagrados que los
evangelistas los han recogido como coronación de la vida del Señor en la semana
final, Semana Santa. Vigilancia y
responsabilidad podría ser el título aglutinante de ese grupo de parábolas que
nos ha transmitidos san Mateo
La parábola que antecede a esta es la
parábola de las vírgenes prudentes y de las vírgenes necias que aguardan a la venida del esposo, que para
el cristiano es Cristo. En estas parábolas se trata de la responsabilidad del
hombre ante Dios verdadero que ha de venir para poner final a la historia.
2. ¿Qué nos dice esta parábola del señor
que encomienda, no propiamente a sus jornaleros, sino a subalternos, gente
confianza, la gestión del negocio hasta su vuelta? Según la capacidad de ellos,
les encomienda a uno cinco talentos, a otro dos talentos, y al tercero un
talento. Se habla de una cantidad de dinero, cuya correspondencia ignoramos;
son grandes cantidades. Cinco talentos es un caudal inmenso. Pero un talento no
es nada despreciable. Es un capital con el que se puede trabajar; el simple
ponerle en el banco ya sería fructuoso, ¡cuánto más el hacerlo rendir con el
trabajo y la iniciativa personal!
3. El amo vuelve de su largo viaje y
quiere el balance de la gestión de sus bienes. Pasa el primer y pasa el
segundo, el que había recibido cinco y el que había recibido dos. Para cada uno
de ellos, la misma felicitación y enhorabuena; cada uno de ellos ha producido
el 100 por 100. “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como
has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu
señor.
La parábola se detiene en el tercero. En él nos
vamos a detener y de él vamos a recibir la lección.
4. Señor,
sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no
esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo
tuyo.
No hace falta ser un psicólogo profesional para
hacer el diagnóstico de esta persona:
- Es un hombre infructuoso y estéril: no ha
producido.
- Es un hombre inhibido, que no ha trabajado, que
no se ha lanzado al riesgo, que ha escondido el tesoro, que ha querido
asegurarlo dejándolo muerto.
- Y todo esto por una razón: por miedo.
Y ¿por qué tiene miedo? Porque “sabía” que eres exigente, que siegas donde no
siembras y recoges donde no esparces,
¿De dónde sabías, si no lo has probado?
- No, me lo imaginaba…
5.
Hermanos, hay una consecuencia que se impone por sí misma: según es nuestro
Dios, así es nuestra vida. Veámoslo de un modo concreto.
El miedo paraliza. El medio corta el
amor. El miedo me quita la libertad (aunque en derecho no invalide mis actos), me
quita la espontaneidad, la familiaridad. El miedo me encierra en mí mismo. El
miedo me encoge. El miedo me hace ser otro distinto de mí mismo.
Todo esto y más hace el miedo, que nos
roba nuestra personalidad auténtica, vital y expansiva. Con miedo, hermanos, no
se puede servir a Dios.
Cosa muy distinta es la reverencia, que
es respeto, adoración, obsequio, entrega. La misma vida nos enseña el
funcionamiento de estos sentimientos. Ante una persona que queremos como a
nadie, tenemos confianza total para confiarle todo, sin reservas ni timideces;
y al mismo tiempo por esta persona sentimos un respeto total, una especie de
sentimiento de adoración.
En esta parábola Jesús nos invita a preguntarnos cuál es nuestro
Dios: el Dios de la confianza total, que nos impulsa a trabajar en la vida
con todas nuestras fuerzas, o el Dios que nos deja paralizados de miedo. El
Dios de Jesús fue el primero, no el segundo. Y ese es nuestro Dios.
6. Pero esta parábola, al mismo tiempo,
nos habla del final, del día de las cuentas, de esa felicitación que esperamos
del Señor: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en
lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Ese va a ser nuestro destino. Los
bienes que se nos habían confiado para que trabajáramos eran bienes del Señor.
Los cristianos bien han podido ver en esa señor que se ha ausentado para un
largo viaje, a Jesús-
No queremos pensar en el otro hipotético destino,
que como una grave advertencia también está en la parábola: No queremos pensar en
el otro, que está en la parábola como una amenaza: a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto
y el rechinar de dientes.
7. Señor Jesús, en el día final tú mismo has de
venir. Esperamos de tus labios divinos el broche de oro de nuestras vidas: “¡Bien, siervo bueno y fiel!, entra en el
gozo de tu Señor! Amén.
Guadalajara, viernes 14 noviembre 2014
San Mateo nos propone en este domingo la conocida parábola de los talentos, a la que algunos sectores de opinión ya le han han dado su propio “título” (el “efecto Mateo”) por sus connotaciones financieras.
ResponderEliminarPero a los cristianos nos importa sólo su lado didáctico. En efecto, Dios nos concede a cada uno de nosotros un inmenso don espiritual, que traducido a la base económica de aquella época es algo realmente enorme: un “talento”. Un “talento” era la unidad de medida equivalente, aproximadamente, a la masa de agua contenida en un ánfora.
El evangelista no nos dice si el talento de la parábola era de oro o de plata, o si era griego (talento ático=26 kg) o romano (talento romano=32 kg) pero es lo mismo, pues de todas las formas sería una considerable cantidad de esos metales.
La fe en Jesucristo, como se ha dicho, es un inmenso don concedido por Dios a cada uno de nosotros. Y con la fe nos concede unas aptitudes. Algunos ponen en marcha sus aptitudes, sean mayores o menores, y por ello consiguen pingües beneficios de su fe, mientras que otros, por el contrario, no hacen nada.
¿Qué hubiera sucedido si los apóstoles se hubieran quedado “sentados” con su fe en vez de poner en marcha sus aptitudes predicando?. ¿Qué hubiera sucedido si los miles de misioneros se hubieran quedado “sentados” con su fe en vez de trabajar por ella conforme a sus aptitudes?.
Jesucristo no nos pide que el que tenga un talento le devuelva ciento, sino que, al menos, le devuelva otro más.
Un día Jesucristo, Señor del mundo, regresará de la misma manera que se fue. Entonces nos llamará a todos y nos preguntará qué hemos hecho con los talentos que nos prestó. Algunos saldrán airosos de la prueba, pero otros serán reprobados.
Saludos.
Juan José.