jueves, 30 de abril de 2020

1366. Jesús, el Buen Pastor, la puerta del redil


Jesús, el Buen Pastor y la puerta del redil
Jn 10,1-10


Texto evangélico
Jn10 1 En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 4Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: 5 a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
 6 Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: 7 «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 10 El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Hermanos:
1. El cuarto domingo de la cincuentena pascual es el Domingo del Buen Pastor. Todos los años leemos una sección del capítulo 10 de san Juan. Hoy es el comienzo de este capítulo, los diez primeros versículos, el inicio del discurso de Jesús, y el año que viene y el siguiente leeremos el resto.
Si hablamos del Buen Pastor, ¿a quién hay que mirar? La respuesta clara, es fija y contundente. El Buen Pastor es Dios, solo Dios. Cuando uno entra en el conocimiento de la Biblia y se acerca al Salterio, uno de los salmos que más le gustan es el Salmo del pastor, que pronto se aprende de memoria:
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas       
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. 
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Cada uno de estos versos habla al corazón, y no necesitan explicación, sino asimilación.
¿Quién es, pues, mi Pastor? No es el Papa, no son los obispos, no son los doctores, no son los profetas, no son los guías que gobiernan… No son ninguno de ellos. El Señor es mi Pastor, nada me falta
Si en la tierra hay algún pastor tendrá que ser alguien que se parezca a Dios, que refleje a Dios, que transmita el amor de Dios, la misericordia de Dios… Y, aun en ese caso, nunca jamás podrá suplirle a Dios.

2. Pues bien, hermanos, con esta verdad por delante, sabiendo que el “Pastor de Israel” es solamente Dios, Jesús nos ha dicho: Yo soy el Buen Pastor.
Se está apropiando un título divino, como cuando dice: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida; Yo soy la resurrección y la vida. Este capítulo 10 de san Juan es simplemente para explicarnos esta revelación: Yo soy el Buen Pastor.
Y comenzamos con unas frases tremendas, frases de condenación:  Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos.
Por esto fue condenado Jesús, por entrar en conflicto con los que se creían los buenos pastores de Israel. Jesús llegó a decirles que ellos habían falsificado la verdadera Ley de Israel.

3. Hermanos, desde el principio de la Iglesia hasta hoy ha habido buenos pastores; pero Jesús acusa que también hay lobos del rebaño, hay ladrones y bandidos que entran para robar y matar.
Eso dijo Jesús, pero es terrible seguir su pensamiento y preguntarnos con sinceridad: Pero ¿es que también hoy hay malos pastores, que no son pastores, que son ladrones y asesinos, que no entran por la puerta, sino que saltan por la tapia, a oscuras, y que lo que buscan es robar, y si para robar hay que matar, pues matar?
Hermanos, tenemos derecho a hacer estas preguntas porque están en el Evangelio. Puede haber en la Iglesia y en torno a la Iglesia esos ladrones y bandidos…, puede haberlos; en la Iglesia y en torno a la Iglesia.

4. Jesús es el Buen Pastor porque saca a sus ovejas a pastar y las llama a cada una por su nombre. El pastor que no trata a cada uno por su nombre no es buen pastor. Conocer a cada uno por su nombre significa, lo primero, amar a cada uno en particular, y aceptar a cada uno como hijo amado de Dios.
Ser buen pastor es darle a cada uno lo que necesita, según su modo y momento. Cuando Dios nos ha creado, nos ha creado como hijos únicos; no hay dos iguales para Dios nuestro Padre.
Ser buen pastor es ir delante del rebaño, de tal forma que las ovejas puedan seguirlo.
Para ser un buen pastor en la Iglesia, lo primero hay que ser santo; lo que quiere decir que hay que ser humilde y misericordioso, llevar por todas partes el reflejo de ese Dios que nos ha amado hasta el misterio de la Encarnación.
Si encontramos a ese pastor humilde, veremos muy pronto que es un pastor sabio y prudente. No es sabio el que ha estudiado mucho y habla con un discurso mágico. Es sabio el que está lleno del Espíritu Santo, y tiene la sabiduría de Dios.
Y el amor y la sabiduría, si existen, se ven.

5. Pero vamos a detenernos en la última frase del Evangelio de hoy, que puede resumir todo el contenido de lo que vamos diciendo.
Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
¡Qué frase más divina para tomarla como guía de nuestra existencia! Jesús ha venido - ¿y de dónde ha venido sino de Dios? – para que tengamos vida, y no una vida cualquiera, una vida que parece que no es vida, sino vida en abundancia, vida floreciente, vida que contagia vida.
Ese es el pastor, el que da vida, el que contagia vida, el que se parece a Jesús.
Cuando hay muerte, Jesús da vida. Cuando parece que todo se derrumba, Jesús dice: No es verdad. Cuando parece que la cosa se ha acabado, Jesús dice: No es verdad. Yo soy el Pastor, yo soy la vida, Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
Esta palabra de Jesús tiene su aplicación particular en la situación de pandemia en que nos encontramos. Después de semanas de confinamiento, se abre un panorama nuevo. Como creyentes sabemos que Jesús es vida y vida en abundancia, vida que nunca se va a acabar.

Concluimos levantando los ojos a Jesús.
Jesús, tú eres el Pastor, el único Pastor bueno y verdadero, danos en la Iglesia pastores según tu corazón, y en este sufrimiento de la familia humana, en que necesitamos vida, a ti que eres vida y que has venido a traernos vida en abundancia, danos la vida que necesitamos. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, jueves de la III semana de Pascua, 30 abril 2020.

miércoles, 29 de abril de 2020

1365. Pascua 2020,12 - Eucaristía, Cena de boda


Eucaristía, Cena de boda

“Gaudeamus et exsultemus et demus gloriam ei,
quia venerunt nuptiae Agni,
et uxor eius praeparavit se.
Et datum est illi, ut cooperiat se byssino splendenti mundo:
byssinum enim iustificationes sunt sanctorum ”.
Et dicit mihi: “ Scribe:
Beati, qui ad cenam nuptiarum Agni vocati sunt! ”
(Apocalipsis 19,7-9).

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido,
y se le ha concedido vestirse de lino resplandeciente y puro
—el lino son las buenas obras de los santos
Y me dijo: «Escribe:
“Bienaventurados los invitados al banquete (Cena) de bodas del Cordero


Invitación para la Comunión:
En el rito actual (Misal de Pablo VI), cuando el Sacerdote invita a la comunión dice alzando la Hostia y el Cáliz:
Beáti qui ad cenam Agni vocáti sunt,
Es decir: Dichosos los llamados a la Cena del Cordero.
En el Misal ha quedado de esta manera:
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Con infinita alegría
gozaos los invitados,
porque es la Cena Nupcial
del Cordero Inmaculado.

Es el banquete del Reino
que en la tierra ha comenzado;
en la mesa en vino nuevo
que el Padre había guardado.

La esposa se ha embellecido,
purísimo lino blanco,
y brillan en su vestido
las virtudes de los santos.

Es esta la Eucaristía
que Jesús ha convocado,
él desde allá con nosotros
mientras aquí caminamos.

Fiesta de amor y familia,
en amor purificados,
ungidos con la esperanza
de la dicha que esperamos.

Recibe, Jesús, ahora
la ofrenda de nuestros cantos
con el amor y la fe
que tú nos has regalado.

¡Toda alabanza se eleve
a mi Dios tres veces santo,
y rebose el corazón
en gloria glorificado! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli,
jueves de la III semana de Pascua, 30 abril 2020.

martes, 28 de abril de 2020

1364. Pascua 2020,11 - Dos milenios son pasados


Pascua 2020, 11 – Dos milenios son pasados

El tiempo y el espacio, dimensiones a las que está sometido todo acto humano en el transcurso de nuestra travesía, dejan de ser tales, cuando a través de la muerte pasamos a la eternidad. Allí no hay tiempo, allí no hay espacio. Y los hechos salvíficos que celebramos son “acontecimiento”, son “sacramento”. Son el hoy de Dios.
He aquí lo que los estudiosos de la Liturgia nos dicen sobre el “hodie” de nuestra celebración.

“… Ciertamente la liturgia se resiste a ser encasillada en las mallas de una definición de cuño cartesiano -en razón de su naturaleza mistérica-, pero si nos pidieran una descripción tendencialmente idónea de la liturgia, podríamos decir que la liturgia es sencillamente «hodie». Lo es porque decir «hoy», en teología litúrgica, es tanto como hacer presente el misterio de Cristo en la celebración eclesial. La celebración deviene verdadero kairós de salvación; el mismo «hoy» es un kairós de salvación, como una «chispa de eternidad».
El «hoy litúrgico» viene a recordarnos que la Eucaristía celebrada es actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. De este modo, el «hoy» de una solemnidad, de una fiesta es ocasión privilegiada para que los bautizados consientan en ser introducidos en el «hoy» de Dios y puedan alcanzar plenamente, de este modo, el misterio salvífico”.
(Félix María Arocena Solano, Puntos de vista, “Hodie”, en Phase 2014/3, p.198).

Dos milenios son pasados
de aquella mañana clara,
y el ayer es hoy preciso
acontecido en mi estancia.

Muy lejos aquella Tierra,
que llaman la Tierra Santa;
pero ha sido en donde vivo,
que todo el mundo es tu Patria.

Eran de rasgos judíos
su tez y su hermosa cara;
mas yo le vi con los nuestros,
que lleva todas las razas.

Medidas de espacio y tiempo
para él no cuentan nada;
él es presente, y su Pascua
brillaba esta madrugada.

Él es hoy, él es “Kairós”,
y su vida dilatada,
es una junto a la mía,
y la mía es su alabanza.

Hoy es el Día y la Hora,
hoy acontece su Pascua,
hoy es la Paz y Alegría,
hoy sobre mí es su Mirada.

Y por ser así, Jesús,
nada de ti me separa;
¡recíbeme, Señor mío,
bajo el manto de tu Gracia!

Madrid, Jesús de Medinaceli, miércoles de la III semana de Pascua,
29 abril 2020

1363. Pascua 2020,10 - Beso y abrazo


Beso y abrazo
(Anhelo)


Seguramente que el beso es tan viejo como el hombre y la mujer. En la Biblia, aparte del Cantar de los cantares, hay muchos besos. Emocionante aquel beso de José a sus hermanos: “Luego besó a todos sus hermanos, llorando al abrazarlos” (Gn 45,15). Beso de reconciliación de Esaú con su hermano Jacob: “Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello y lo besó llorando” (Gen 33,4), que anticipa el encuentro con el hijo pródigo.
Pero prestemos atención al beso pascual – o beso eucarístico - de la comunidad cristiana, que se llama “beso santo” o “beso de amor”. Abramos la Biblia, en el Nuevo Testamento. Ya en la primera carta que Pablo escribió (estamos en el año 50), en la despedida a estos fieles de Filipos dice: “Saluda a todos los hermanos con el beso santo” (1Tes 5,26). En Corintios también: “Os saludan todos los hermanos. Saludaos mutuamente con el beso santo” (1Cor 13,20). Y lo repite en la segunda: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludas todos los hermanos” (2Cor 16,12). Y lo mismo en Romanos, después de una retahíla de nombres de personas concretas: “Saludaos unos a otros con el beso santo. Os saludan todas las Iglesias de Cristo” (Rom 16,16).
Un beso que en la primera de Pedro es un “beso de amor”: “Saludaos unos a otros con el beso del amor. Paz a todos vosotros los que vivís en Cristo” (1 Pe 5,14. Punto final).
El beso del amor es el beso de Cristo Resucitado.

No se privó mi Señor
del calor de los abrazos;
en vida y resurrección
fue besado y abrazado.

Y los cristianos supimos
lo que es el ósculo santo;
en la santa Eucaristía
el beso fue consagrado

De perdón y de unidad
lleva su significado,
de servicio y humildad,
de misión del enviado.

Jesús se me ha aparecido
si me he sentido besado,
besado cual pecador
ya por siempre perdonado.

De sus labios el Espíritu
espira a mí, regalado,
y al fondo del alma baja,
todo yo divinizado.

Jesús pascual, la ternura
que al mundo se ha derramado;
llena mi alma sedienta,
besándome con tus labios.

Con ese beso divino
que nunca pueda olvidarlo,
con un beso sustancial
de morar en tu costado.

¡Jesús, pureza de Dios,
todo en amor abrasado,
a ti mis besos humanos
sobre tu cuerpo adorado!

Madrid, martes de la semana III del tiempo pascual,
28 abril 2020

lunes, 27 de abril de 2020

1362. Pascua 2020,9 - Eres, Dios Resucitado


Pascua 2020, 9 - Eres, Dios Resucitado

La Eucaristía procede, arranca, igual de la Cena que de la santa resurrección del Señor. Sin la Resurrección la Cena no sería Cena Pascual. La Eucaristía es el Cuerpo glorioso del Señor Jesús, la Pascua de Egipto, la Pascua del Sinaí cuando se firmó la Alianza, la Pascua sangrienta del Siervo aquella noche en que dio su “cuerpo entregado”, su “sangre derramada”. La Eucaristía es. Les mostró las manos y el costado. La Eucaristía es: Mirad mis manos y mis pies, palpadme. Un fantasma no es cuerpo de cuerpo de cuerpo ni gloria de gloria.
¿Qué nos dio Jesús en la Cena?
Su Cuerpo entero, es decir, su historia, su pasado y escatología. Estaba dando su Divinidad humana, y la Divinidad de Dios no tiene límites de física.
Se estaba dando cual Sacramento.
La Eucaristía es el Don de la Trinidad.

Eres, Dios Resucitado,
mi divina Eucaristía;
eres pan de vida eterna
eres celeste ambrosía.

Porque vives junto al Padre,
puedes ser mi cercanía,
mi intimidad más secreta,
aliento del alma mía.

Eres la cena esponsal
que se anunció el primer día,
cuando el mundo hermoso y limpio
de manos de Dios salía.

Eres principio y retorno,
Jesús de mi travesía,
mientras la vida me dure
y al llegar la despedida.

Ribera de mis deseos,
Jesús comida y bebida,
más Jesús que aparecido,
manjar de la esposa herida.

¡Te adoramos, Sacramento,
Jesús de la fe creída,
diario festín de tu Iglesia,
Jesús que a ti nos convidas! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, lunes de la III semana de Pascua,
27 abril 2020.

domingo, 26 de abril de 2020

1361. Pascua 2020,8 – Palabra y sabiduría



Palabra y sabiduría
(Plegaria y coloquio)

¡Era verdad!
Ha resucitado el Señor
y se ha aparecido a Simón (Lc 24,34).

Palabra y sabiduría
vienen de la luz pascual:
la verdad del Evangelio
mana de aquel manantial.

Venero de pura fe,
que construye nuestro hogar;
es Jesús Resucitado
nuestro ser y novedad.

Quien levanta el nuevo pueblo,
quien hace Comunidad;
es Jesús muerto y alzado
nuestro modo de pensar.

Mi vida es verdad en él,
y sin él es falsedad,
pensares que el viento lleva
en alas de vanidad.

La Eucaristía es su cuerpo,
que es su morada inmortal,
y su dulzura infinita
es nuestro pan celestial.

Y la fuerza del mensaje
es su presencial real:
que él es presente y futuro,
que él existe y él está.

Ya la vida bulle y bulle
para gozar y adorar,
ya Jesús abre la puerta
de la santa Trinidad.

Soy cristiano del Viviente,
cristiano por confesar
que él es nuevo cada día
y es la palabra final.

De Jesús misericordia,
de Jesús pura humildad,
de Jesús mi abrazo tierno
a toda la humanidad.

¡Gracias a ti, mi Señor,  
que te siento palpitar:
a ti confío mi vida,
mi muerte y eternidad! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, Domingo III de Pascua,
26 abril 2020.

sábado, 25 de abril de 2020

1360. Pascua 2020, 7 - Quisiera, Jesús, tenerte


Quisiera, Jesús, tenerte
Coloquio en búsqueda del amor contemplativo

Quisiera, Jesús, tenerte
preso en los cinco sentidos,
que el tiempo no fuera tiempo
ni el espacio tu recinto.

Por vía de la belleza,
que es un divino Domingo,
quisiera yo poseerte,
saberte siempre conmigo.

Si eres ya Pascua incorrupta,
como tu Padre ha querido,
quisiera llegar a ti
por tu glorioso camino.

Quisiera tener tan solo
de tu presencia el sentido,
saberte que estás incólume,
que ese es tu sitio y mi sitio.

Indigente hasta mi esencia,
buscando caricia y mimo,
ante tus ojos me postro
amanecido muy niño.

Ver y oír, gustar y oler,
y palpar tu ser cual mío:
es entrar por el Espíritu
a tu secreto purísimo.

Mas tú me dices que vaya,
porque ese es el Paraíso,
y que el Árbol de la Vida
de tu costado ha surgido.

Mi sacramento de paz,
mi fuente que se hace río,
mi Señor Resucitado,
mi Dios que me ha recibido.

Es Pascua tuya, Jesús,
seas tú siempre el Bendito,
y de tu arroyo manante,
inúndame, todo ungido. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli,
III Domingo de Pascua, 26 abril 2020