lunes, 13 de abril de 2020

1347. Espiritualidad del Martes de Pascua



Estaba María al alba
(Sobre el Evangelio del Martes de la Octava, Jn 2011,18)



Bien podemos considerar la Vigilia Pascual como la Matriz de toda la espiritualidad cristiana. Y lo mismo podemos decir de esta semana, Octava de Pascua, que prolonga la solemnidad e las solemnidades.
Vamos saboreando el Evangelio de cada día. Antes de entrar en el Evangelio de hoy – la aparición de Jesús a María Magdalena (Jn 2011,18) – aclaremos este pensamiento que acabamos de enunciar: ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que la Octava de Pascua es la matriz de la Espiritualidad cristiana? Que esta Octava pone en evidencia cuatro componentes que conforman de modo íntegro la Espiritualidad de los cristianos.
1. El primero es la centralidad de Cristo. Cristo es el centro en torno al que giran los textos. Por ejemplo, los salmos que rezamos en todas las horas están introducidas por una antífona, y esa antífona está compuesta de tal manera que se nos está diciendo: Mira a Cristo y entenderás el salmo.
2. La realidad viva y operante de esa presencia sacramental de Cristo viviente. Jesús no es un bello recuerdo del pasado, que nos estimula y orienta. Es más: es una presencia operante, porque él es el Viviente.
3. La expansión irradiante de esa presencia viva del Señor que nos envía a la misión, porque Jesús se perpetúa por los siglos.
4. Y la respuesta que este misterio nos está pidiendo, que es mi entrega a él sin condiciones.
Con estas consideraciones podemos entrar en el Evangelio de hoy que lo poetizamos en un himno.
* * *
Himno pascual…, himno nupcial…, himno que evoca el Cantar de los cantares…, himno de la Magdalena…, himno de la Iglesia enamorada…, himno para hoy…., himno del amor eterno.
Es la exégesis espiritual del encuentro de Jesús con María la Magdalena, la que estuvo junto a la Cruz y “la Apóstol de los Apóstoles”, como la llamaron los Santos Padres.
“Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: « Mujer, ¿por qué lloras? » Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. » Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús…” (Jn 20,11-14)
Fue nuestra felicitación pascual de 1979.
Parece que el himno ha tenido fortuna al pasar a la Liturgia de las Horas en la edición de Latinoamérica.

Estaba María al alba,
llamándole con sus lágrimas

Vino la Gloria del Padre
y amaneció el primer día.
Envuelto en la blanca túnica
de su propia luz divina,
la sábana de la muerte
dejada en tumba vacía ,
Jesús alzado reinaba,
pero ella no lo veía.

Estaba María al alba,
la fiel esposa que aguarda.

Mueva el Espíritu el aura
en el jardín de la vida.
Las flores huelan la Pascua
de la carne sin mancilla,
y quede quieta la esposa
sin preguntas ni fatiga.
¡Ya está delante el esposo,
venido de la colina!

Estaba María al alba,
porque era la enamorada.

"¡María!", la voz amada.
"¡Rabbuní!", dice María.
El amor se hizo un abrazo
junto a las plantas benditas;
las llagas glorificadas
ríos de fuego y delicia;
Jesús, Esposo divino,
María, esposa cautiva.

Estaba María al alba,
con una unción preparada.

Jesús en las azucenas
al claro del bello día.
En los brazos del Esposo
La Iglesia se regocija.
¡Gloria al Señor encontrado,
gloria al Dios de la alegría,
gloria al Amor más amado,
gloria y paz, y Pascua y dicha!

Estaba María al alba;
es Pascua en la Iglesia santa.
Amén. ¡Aleluya!


Pascua, abril 1979

(Apunte histórico. Este himno está escrito en Fort Worth, Texas, en abril de 1979 para la Pascua de aquel año, en la parroquia Our Lady of Perpetual Help (Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro), confiada a los capuchinos, que servían principalmente a la población de habla hispana. Nada extraño que, evocando el Cantar de los cantares, pusiéramos como ilustración el encuentro del Esposo y la Esposa, como lo ha diseñado The Ancor Bible en el comentario al Cantar, de la Biblioteca de los hermanos).

1 comentario:

  1. Himno bellísimo, para entonarlo en la Liturgia con todo el amor que brote de nuestro corazón: a Jesús, Verbo Encarnado por nuestro amor, Rey de Cielos y Tierra, y alabado por siempre por toda la Creación... Mil gracias Padre por este precioso regalo para nuestro Dios y Señor.

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