jueves, 9 de abril de 2020

1339. Espiritualidad de Viernes Santo



Celebración de la Pasión del Señor en
VIERNES SANTO
Signos litúrgicos y signos sacramentales


Viernes del Triduo Pascual: Enfoque

Para entrar en al genuina espiritualidad del Viernes Santo hay que ir a la  Carta circular de la Congregación para el Culto divino, sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales (16 de enero de 1988), especialmente el apartado V: "Viernes Santo de la Pasión del Señor".
De la antigüedad cristiana tenemos un documento excepcional: La peregrinación que una devota mujer consagrada hizo a Jerusalén, Egeria, procedente de Hispania, en tiempos del patriarca San Cirilo de Jerusalén, y otros lugares, contándonos al detalle la liturgia que ella contempló y vivió en la Ciudad Santa, en el siglo IV.

Agustín Arce, ofm, Itinerario de la virgen Egeria (381-384)  (bac 416). Madrid 1980. Posteriormente esta obra se ha publicado en catalán: Sebastià  Janeras, Egèria.Pelerinatge a Terra Santa. Introducció i traducció de Sebastià Janeras (Classics del Cristianisme, 35). Barcelona 1993. Con traducción de la última edición crítica (1986) y bibliografía (pp. 63-67), dentro de la cual se encuentran estudios especializados del mismo S. Janeras; ver también los gráficos (pp. 158-159).

De acuerdo al testimonio de Egeria, los cristianos de Jerusalén han celebrado la Pasión del Señor con un realismo conmovedor que llega hasta nosotros. La peregrina ha escrito este memorable texto que nos dice cómo la liturgia queda personalizada en el ser vivo de los fieles: "A cada una de las lecciones y oraciones va unido tal sentimiento y gemidos de todo el pueblo, que es admirable; pues no hay nadie, grande ni chico, que durante las tres horas de aquel día deje de llorar tanto que ni expresarse: que el Señor haya sufrido por nosotros tales males".
El Señor ha sufrido por nosotros tales males... "Me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2,20).
En la celebración de Viernes Santo ha primado la devoción popular – con las procesiones bellísimas, Vía Crucis, Calvarios… - sobre la celebración litúrgica, que en su austeridad es de una belleza augusta. La celebración litúrgica de hoy de alguna manera está moldeada por la liturgia que se celebraba en Jerusalén. La celebración está centrado principalmente en torno a la proclamación de la Pasión, según san Juan y en la adoración a la Cruz.

En esta explicación, a modo de introducción espiritual, nos detenemos en lo que son los signos litúrgicos y los signos sacramentales

1. Título de esta celebración
    
En la semana Santa instaurada se hablaba en el título de la Pasión y Muerte del Señor (De solemni actione liturgia postmeridiana in passione et Morte Domini).
Actualmente la denominación es "Celebración de la Pasión del Señor". Es obvio que al decir "Pasión del Señor", con un lenguaje que se remite a los Padres, incluimos padecimientos, muerte y sepultura[1].
      Anteriormente, incluso en la reforma de Pío XII, se asignaba a esta acción litúrgca una referencia: Statio ad Sanctam Crucem in Jerusalem. Jerusalén y la liturgia de Jerusalén son la fuente de inspiración de esta celebración de Viernes Santo.

2. Signos litúrgicos y signos sacramentales
      Acerca del Triduo Pascual se nos dice: "En esta celebración del misterio, por medio de los signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión con Cristo, su Esposo"[2].

      La unión con Cristo, Esposo, se hace en signo de fe y a través del signo. Todos los signos son signos de comunión, pero no todos tienen la misma entidad. Unos son signos litúrgicos, aquellos que nosotros hemos creado como signos adecuados por su coherencia y su capacidad evocadora. Otros son signos sacramentales, signos que dimanan intrínsecamente del misterio. No son referimos al ámbito de los siete sacramentos, sino a la realidad sacramental de la Iglesia como tal, dado que ella misma es el sacramento primordial del amor de Dios para con los hombres.

3. Los signos litúrgicos de Viernes Santo
      Las vestiduras rojas, en lugar de las vestiduras negras, conservadas incluso en la reforma de Pío XII. El negro habla de nuestro luto; el rojo habla directamente del triunfo martirial de Cristo. Es, por lo tanto, un signo más acertado.

      La postración rostro en tierra al comienzo de la celebración, cuyo significado es doble: "esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del 'hombre terreno' (segunda oración de Viernes Santo), cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia"[3].

      La sobriedad y los silencios de toda la celebración. Sobriedad en el ritmo de la celebración. Es "significativo", por ejemplo, que no se empiece la celebración con una monición, la cual si es necesaria se hará antes de comenzar. El silencio de Viernes Santo es la tonalidad del día.

      El horario de celebración es un adecuado signo litúrgico. Vemos muy oportuno que la acción sagrada se celebre precisamente a la hora en que padeció y murió el Señor.


4. Los "signos sacramentales" del Viernes Santo.
      Como signos que arrancan directamente del misterio y que en este sentido son sacramentales, podemos considerar los siguientes:

      La privación de la celebración de la Eucaristía, lo cual está significando, de por sí, la muerte de Cristo.

      La proclamación de la Escritura, y en especial el Evangelio, dado que dentro de la proclamación objetivamente se contiene la presencia eficaz de Cristo.

      El ayuno sacramental del Viernes y Sábado Santo, porque, según las palabras de Jesús, este ayuno místico está significando la privación del Esposo.
      La ostensión de la Cruz, es decir "el hecho" de la ostensión -más que la imagen del crucificado, por cuanto que la ostensión es el triunfo glorioso de Cristo Redentor y su aparición mística en medio de la comunidad[4].
      La espiritualidad de Viernes Santo consiste, por tanto, en dejarse llevar por el significado objetivo de la acción sagrada y entrar en comunión con Cristo.


Sentido espiritual de la secuencia celebrativa

1. El enclave pascual del Viernes Santo
      Desde esta raíz tenemos que partir para entender lo profundo de la celebración. Cronológicamente el Triduo Pascual es un tramo temporal que dura aproximadamente 72 horas, dado que comienza con la Mia vespertina in Coena Domini y se corona con las Vísperas del Domingo de Resurrección. La celebración de la Misa "en la Cena del Señor" es pórtico que nos traslada al misterio de muerte y vida. En Viernes Santo se hace mistéricamente presente la muerte para pasar a la vida en la Vigilia Pascual.
      Comulgar en la muerte de Cristo es el secreto del Viernes Santo, y comulgar en la vida es la fiesta de la Vigilia. Esta bipolaridad es esencial al misterio, y es igualmente esencial para la vivencia de una genuina celebración.
      La representación que nos hagamos de Cristo configurará los sentimientos o actitudes correspondientes.
      - Con lenguaje sacerdotal diremos que Cristo es el Cordero inmolado y el Sacerdote que atraviesa el velo.
      - Con lenguaje de alianza, diremos que Cristo es el "Señor y Esposo".
      Y así se podrá desplegar matices variados. Lo que de todos modos aparece evidente es que el Viernes Santo queda polarizado en Cristo y no en nosotros. Viernes Santo no es tanto una celebración penitencial para pedir perdón por nuestros pecados y llorar nuestras culpas cuanto una celebración contemplativa y latréutica para glorificar al Redentor. Celebración de Jesús doliente, en verdad, pero, por encima de todo, y con estremecimiento y gratitud, celebración del amor del Padre.

2. Una celebración articulada en tres partes
      El "Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus" presentaba la celebración en cuatro partes, a saber:
      - De prima parte actionis liturgicae seu de Lectionibus.
      - De secunda parte actionis liturgicae, seu de orationibus solemnibus, quae etiam "Oratio fidelium" dicuntur.
      - De tertia parte actionis liturgicae seu de solemni Sanctae Crucis adoratione.
      - De quarta parte actionis liturgicae seu de Communione.
   Actualmente este mismo contenido se divide en tres partes; véase en los misales. "El orden de la acción litúrgica de la pasión del Señor (liturgia de la palabra, adoración de la Cruz y sagrada comunión), que proviene de la antigua tradición de la Iglesia, ha de ser conservado con toda fidelidad, sin que nadie pueda arrogarse el derecho de introducir cambios"[5]. Es más exacto utilizar este lenguaje de una división tripartita, porque las oraciones son parte de la liturgia de la Palabra.




[1] Véase, por lo demás, Carta de las fiestas pascuales 40, donde se habla con la  triple especificación.
[2] Carta de las fiestas pascuales, 38.
[3]  Carta de las fiestas pascuales, 65.
[4] En cambio el modo de descubrir la Cruz, lo cual se hacía hasta la Carta de las fiestas pascuales, era un "signo litúrgico". Es mejor, más expresivo, que la Cruz no haya que descubrirla, porque desde el momento en que es alzada brilla y resplandece totalmente.
[5] Carta de las fiestas pascuales, 64

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