Celebración de la Pasión del
Señor en
VIERNES SANTO
Signos litúrgicos y signos
sacramentales
Viernes del Triduo Pascual: Enfoque
Para entrar en al genuina
espiritualidad del Viernes Santo hay que ir a la Carta circular de la Congregación para el
Culto divino, sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales
(16 de enero de 1988), especialmente el apartado V: "Viernes Santo de la
Pasión del Señor".
De la antigüedad cristiana tenemos un
documento excepcional: La peregrinación que una devota mujer consagrada hizo a
Jerusalén, Egeria, procedente de Hispania, en tiempos del patriarca San Cirilo
de Jerusalén, y otros lugares, contándonos al detalle la liturgia que ella
contempló y vivió en la Ciudad Santa, en el siglo IV.
Agustín Arce,
ofm, Itinerario de la virgen Egeria (381-384) (bac
416). Madrid 1980. Posteriormente esta obra se ha publicado en catalán:
Sebastià Janeras, Egèria.Pelerinatge a Terra
Santa. Introducció i traducció de Sebastià Janeras (Classics del
Cristianisme, 35). Barcelona 1993. Con traducción de la última edición crítica
(1986) y bibliografía (pp. 63-67), dentro de la cual se encuentran estudios
especializados del mismo S. Janeras; ver también los gráficos (pp. 158-159).
De acuerdo al testimonio de
Egeria, los cristianos de Jerusalén han celebrado la Pasión del Señor con un
realismo conmovedor que llega hasta nosotros. La peregrina ha escrito este
memorable texto que nos dice cómo la liturgia queda personalizada en el ser
vivo de los fieles: "A cada una de las lecciones y oraciones va unido tal
sentimiento y gemidos de todo el pueblo, que es admirable; pues no hay nadie,
grande ni chico, que durante las tres horas de aquel día deje de llorar tanto
que ni expresarse: que el Señor haya sufrido por nosotros tales males".
El Señor ha sufrido por
nosotros tales males... "Me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga
2,20).
En la celebración de Viernes Santo ha
primado la devoción popular – con las procesiones bellísimas, Vía Crucis,
Calvarios… - sobre la celebración litúrgica, que en su austeridad es de una
belleza augusta. La celebración litúrgica de hoy de alguna manera está moldeada
por la liturgia que se celebraba en Jerusalén. La celebración está centrado
principalmente en torno a la proclamación de la Pasión, según san Juan y en la
adoración a la Cruz.
En esta explicación, a modo de
introducción espiritual, nos detenemos en lo que son los signos litúrgicos y
los signos sacramentales
1. Título de esta celebración
En la semana Santa instaurada se hablaba
en el título de la Pasión y Muerte del Señor (De solemni actione liturgia
postmeridiana in passione et Morte Domini).
Actualmente la denominación es
"Celebración de la Pasión del Señor". Es obvio que al decir
"Pasión del Señor", con un lenguaje que se remite a los Padres,
incluimos padecimientos, muerte y sepultura[1].
Anteriormente, incluso en la reforma de Pío XII, se asignaba a esta
acción litúrgca una referencia: Statio ad Sanctam Crucem in Jerusalem.
Jerusalén y la liturgia de Jerusalén son la fuente de inspiración de esta
celebración de Viernes Santo.
2. Signos litúrgicos y signos sacramentales
Acerca del
Triduo Pascual se nos dice: "En esta celebración del misterio, por medio
de los signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión
con Cristo, su Esposo"[2].
La unión
con Cristo, Esposo, se hace en signo de fe y a través del signo. Todos los
signos son signos de comunión, pero no todos tienen la misma entidad. Unos son signos
litúrgicos, aquellos que nosotros hemos creado como signos adecuados por su
coherencia y su capacidad evocadora. Otros son signos sacramentales,
signos que dimanan intrínsecamente del misterio. No son referimos al ámbito de
los siete sacramentos, sino a la realidad sacramental de la Iglesia como tal,
dado que ella misma es el sacramento primordial del amor de Dios para con los
hombres.
3. Los signos litúrgicos de Viernes Santo
Las
vestiduras rojas, en lugar de las vestiduras negras, conservadas incluso en
la reforma de Pío XII. El negro habla de nuestro luto; el rojo habla
directamente del triunfo martirial de Cristo. Es, por lo tanto, un signo más
acertado.
La
postración rostro en tierra al comienzo de la celebración, cuyo significado
es doble: "esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de
conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del 'hombre
terreno' (segunda oración de Viernes Santo), cuanto la tristeza y el dolor de
la Iglesia"[3].
La
sobriedad y los silencios de toda la celebración. Sobriedad en el ritmo de
la celebración. Es "significativo", por ejemplo, que no se empiece la
celebración con una monición, la cual si es necesaria se hará antes de
comenzar. El silencio de Viernes Santo es la tonalidad del día.
El
horario de celebración es un adecuado signo litúrgico. Vemos muy oportuno
que la acción sagrada se celebre precisamente a la hora en que padeció y murió
el Señor.
4. Los "signos sacramentales" del Viernes Santo.
Como
signos que arrancan directamente del misterio y que en este sentido son
sacramentales, podemos considerar los siguientes:
La
privación de la celebración de la Eucaristía, lo cual está significando, de
por sí, la muerte de Cristo.
La
proclamación de la Escritura, y en especial el Evangelio, dado que dentro
de la proclamación objetivamente se contiene la presencia eficaz de Cristo.
El
ayuno sacramental del Viernes y Sábado Santo, porque, según las palabras de
Jesús, este ayuno místico está significando la privación del Esposo.
La
ostensión de la Cruz, es decir "el hecho" de la ostensión -más
que la imagen del crucificado, por cuanto que la ostensión es el triunfo
glorioso de Cristo Redentor y su aparición mística en medio de la comunidad[4].
La
espiritualidad de Viernes Santo consiste, por tanto, en dejarse llevar por el
significado objetivo de la acción sagrada y entrar en comunión con Cristo.
Sentido espiritual de la secuencia
celebrativa
1. El enclave pascual del Viernes Santo
Desde esta
raíz tenemos que partir para entender lo profundo de la celebración.
Cronológicamente el Triduo Pascual es un tramo temporal que dura
aproximadamente 72 horas, dado que comienza con la Mia vespertina in Coena
Domini y se corona con las Vísperas del Domingo de Resurrección. La
celebración de la Misa "en la Cena del Señor" es pórtico que nos
traslada al misterio de muerte y vida. En Viernes Santo se hace mistéricamente
presente la muerte para pasar a la vida en la Vigilia Pascual.
Comulgar
en la muerte de Cristo es el secreto del Viernes Santo, y comulgar en la vida
es la fiesta de la Vigilia. Esta bipolaridad es esencial al misterio, y es
igualmente esencial para la vivencia de una genuina celebración.
La
representación que nos hagamos de Cristo configurará los sentimientos o
actitudes correspondientes.
- Con
lenguaje sacerdotal diremos que Cristo es el Cordero inmolado y el Sacerdote
que atraviesa el velo.
- Con
lenguaje de alianza, diremos que Cristo es el "Señor y Esposo".
Y así se
podrá desplegar matices variados. Lo que de todos modos aparece evidente es que
el Viernes Santo queda polarizado en Cristo y no en nosotros. Viernes Santo no
es tanto una celebración penitencial para pedir perdón por nuestros pecados y
llorar nuestras culpas cuanto una celebración contemplativa y latréutica para
glorificar al Redentor. Celebración de Jesús doliente, en verdad, pero, por
encima de todo, y con estremecimiento y gratitud, celebración del amor del
Padre.
2. Una celebración articulada en tres partes
El "Ordo Hebdomadae Sanctae
instauratus" presentaba la celebración en cuatro partes, a saber:
- De prima
parte actionis liturgicae seu de Lectionibus.
- De
secunda parte actionis liturgicae, seu de orationibus solemnibus, quae etiam
"Oratio fidelium" dicuntur.
- De
tertia parte actionis liturgicae seu de solemni Sanctae Crucis adoratione.
- De quarta parte actionis liturgicae seu de Communione.
Actualmente
este mismo contenido se divide en tres partes; véase en los misales. "El
orden de la acción litúrgica de la pasión del Señor (liturgia de la palabra,
adoración de la Cruz y sagrada comunión), que proviene de la antigua tradición
de la Iglesia, ha de ser conservado con toda fidelidad, sin que nadie pueda
arrogarse el derecho de introducir cambios"[5]. Es
más exacto utilizar este lenguaje de una división tripartita, porque las
oraciones son parte de la liturgia de la Palabra.
[1] Véase, por lo demás, Carta de las
fiestas pascuales 40, donde se habla con la
triple especificación.
[2] Carta de las fiestas pascuales,
38.
[3] Carta
de las fiestas pascuales, 65.
[4] En cambio el modo de descubrir la Cruz,
lo cual se hacía hasta la Carta de las fiestas pascuales, era un "signo
litúrgico". Es mejor, más expresivo, que la Cruz no haya que descubrirla,
porque desde el momento en que es alzada brilla y resplandece totalmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario