jueves, 23 de abril de 2020

1356. Jesús en el camino de Emaús



Jesús en el camino de Emaús
Lc 24,13-35


Texto evangélico
13 Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; 14 iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido.
15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16 Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 17 Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. 18 Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 19 Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; 20 cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. 22 Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, 23 y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». 25 Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». 27 Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
28 Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; 29 pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. 30 Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31 A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32 Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
33 Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, 34 que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». 35 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Hermanos:
1. Estamos de pleno en la Pascua del Señor, siete semanas – cincuenta días en concreto – que los Santos Padres decían que eran como un inmenso Domingo, una fiesta ininterrumpida, celebrando el triunfo del Señor, que es nuestro triunfo, nuestra total esperanza. En la primera semana, día a día, vamos contemplando cada una de las apariciones de Jesús que refieren los Evangelios. Ya luego, en un tono constante de alegría, los domingos se organizan de esta manera: Los tres primeros domingos son domingos de las apariciones de Jesús, el cuarto es el Evangelio del Buen Pastor, y los siguientes las palabras de despedida de Jesús en la Cena.
Este Evangelio de Emaús es el mismo Evangelio que escuchábamos el Miércoles de Pascua. En esa ocasión, metiéndonos dentro de la comunidad cristiana, explicábamos cómo la vida es un camino, el camino de Emaús. En aquel camino encontrábamos cinco momentos, cinco vivencias diferentes, que vamos a recordar:
El desconcierto, la turbación, la profunda crisis: era el punto de arranque.
La fraternidad: los dos se convirtieron en tres y fueron caminando.
La Escritura: ¿No es verdad que ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras?
La Eucaristía. Fue el último toque: “Se les abrieron los ojos y lo reconocieron”.
El reencuentro. Volvieron a Jerusalén: “¡Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón!”.
El camino de la fe, recorrido personalmente o en comunidad – se llame la comunidad familia o grupo religioso – pasa por pruebas. Todos las debemos pasar.

2. Hoy quisiéramos continuar nuestros pensamientos de fe en otra dirección. Quisiéramos reflexionar, con el aliento de este extraño caminante, sobre todo esto que no está pasando.
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?», pregunta el forastero que se acerca.
Y le responden: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Pues el único que lo sabía era él; y los que no lo sabían eran ellos.
Pues nos puede ocurrir cosa semejante. Ciertamente el Señor sabe lo que nos está pasando en esta terrible pandemia, y a lo mejor nosotros no nos acabamos de enterar. Quisiéramos saberlo. Nos está pasando algo muy serio, algo que no ha ocurrido en este siglo, y ojalá no vuelva a ocurrir.

3. Podemos hablar desde la política, como les hemos escuchado a nuestros parlamentarios…, con palabras que parecen, a veces, unos bombardeos; podemos hablar desde la economía, con ese derrumbe familiar en tantas empresas…, e incluso mundial, que todavía no podemos calibrar; podemos hablar como ciudadanos del mundo, pues cada vez aparece más claro que el mundo es una aldea, la aldea global levantada sobre nuestra hermana madre Tierra, que debemos cuidar como Casa Común; podemos hablar como se habla en una familia cuando hay una muerte de un ser querido, que consideramos una desgracia irreparable. La economía entonces queda en un segundo plano, porque un ser humano que muere – y que muere a destiempo, sin poder ser despedido – no tiene parangón con la desgracia del trabajo perdido y de la economía arruinada.

4. Pero hay otro punto y tenemos que decirlo, hermanos: podemos hablar desde Dios. Es decir: Podemos formular preguntas a Dios; y más interesante: Dios puede formular preguntas a nosotros.
Muchos salmos tienen preguntas a Dios, que parecen quedar sin respuesta. ¿Por qué tanta desgracia?
Según el Evangelio de San Marcos Jesús murió con una terrible pregunta: ¡Dios, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Y dando un fuerte grito expiró.
Dios le respondió en su corazón: Porque te amo, Hijo mío; porque tu muerte es la redención de todo el mundo.
Dios nos está haciendo preguntas a nosotros que debemos responder:
- ¿Qué es el hombre?
- ¿Dónde está el poder del hombre y dónde no está?
- ¿Qué es el orgullo humano, que cree dominarlo todo?
- ¿Qué es la fraternidad, si todos sois una sola familia, si tenéis el mismo origen y el mismo destino?
- ¿Qué es lo esencial…, lo que vale y lo que no vale en la vida…?
Hermanos, son las preguntas de Dios para reflexionarlas y sacar las conclusiones.
Esas son las preguntas y otras semejantes a estas…

5. Cuántas cosas para reflexionar en el encuentro sincero con nosotros mismos, o conversando con personas que nos puedan entender.
¿Eres tú el único que no se ha enterado de lo que ha pasado y está pasando…?
Bien al contrario, era el único que lo sabía.
Pues lo mismo hoy, hermanos.
Aquellos discípulos, a medida que fueron conversando, a medida que les explicaba las Escrituras, se fueron transformando. Y luego todo se hizo claro, al partir el pan, en la Eucaristía.
Es lo que nosotros deseamos: Que todo se aclare cuando nos juntemos con Jesús al partir el pan, en la Eucaristía.

Terminamos con una plegaria:
Señor Jesús, en medio de tanto dolor, sé tú nuestra luz y nuestra paz. En ti confiamos.

Madrid, Jesús de Medinaceli, jueves 23 abril 2020.

1 comentario:

  1. ¡Señor, Tú eres nuestra luz, Señor, Tú eres la verdad, Señor, Tú eres nuestra paz...! Queriendo acompañarnos, te hiciste peregrino...compartes nuestra mesa, nos muestras el camino... ¡Alabado sea el Verbo Encarnado! ¡Para siempre!

    ResponderEliminar