VIERNES SANTO DEL CORONA VIRUS
José Pablo, sacerdote en la morgue
del Palacio de Hielo
"Impresiona ver tantos féretros
juntos",
dice el sacerdote, que pese a todo percibe una sensación de "tranquilidad" cada vez
que acude.
Suele hacerlo una vez cada cinco días, ya que se turna con otros cuatro
sacerdotes, la mayoría de los cuales pertenecen al igual que él a la comunidad
misionera del Verbum Dei.
Todos viven cerca del Palacio de Hielo, lo que motivó que el Arzobispado
de Madrid contactara con ellos para ofrecerles hacerse cargo de los responsos.
José Pablo
reza durante alrededor de 15 minutos ante más de un centenar de féretros,
rodeado de silencio y prácticamente solo, salvo la aparición puntual de algún
trabajador del Ayuntamiento de Madrid o miembros de la Unidad Militar de
Emergencias (UME), encargados del traslado de cadáveres.
Ignacio,
capellán de un hospital de Madrid
Profesor de Biblia en la universidad
eclesiástica San Dámaso, Ignacio compagina ahora las clases online con su
acompañamiento a pacientes en el hospital San Francisco de Asís de Madrid.
"Se respira mucha humanidad en estos
días y también dolor", comenta Ignacio, dolido al ver a los enfermos que
están solos en sus habitaciones, pero también conmovido por el trabajo de los
profesionales sanitarios que están "dejándose la piel".
Se turna con otro sacerdote, por lo que va
cada dos días y pasa una media de cuatro horas visitando unas 30 habitaciones
con su "disfraz de astronauta".
(Información de la
prensa, Religión digital)

Muriendo está Jesús entre
ataúdes
que ya ni pueden ir al
cementerio,
muy triste el despedirse
sin un beso
y el ver en Viernes Santo
lo que vemos.
Tantísimo dolor
acumulado,
dolor divino en los
dolores nuestros,
dolor que es de Jesús,
que es nuestro hermano
y muere en cada quien que
va muriendo.
No somos inmortales,
somos frágiles,
de arcilla de sus manos fuimos
hechos,
creados para ser una
familia
y el uno para el otro hermano
y siervo.
Los bienes compartimos en
la mesa,
de todos es la fuente y
es el huerto,
la plaza de la aldea, los
tambores
la fiesta en primavera y
los entierros.
De todos es el sol que a
todos cuida,
y es uno el Creador y
Dios del cielo,
y somos más humanos si
uno enferma
y más grandiosos cuanto
más pequeños.
Mi Dios de Viernes Santo Coronado,
revelación de amor en un
madero,
en este gran dolor y en esta
espera,
descúbrenos tu rostro
verdadero.
Madrid,
Jesús de Medinaceli, Viernes Santo 2020
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