sábado, 18 de abril de 2020

1354. Jesús Resucitado, nuestra experiencia de fe y de vida


Resucitado, nuestra experiencia de fe y de vida
Jn 20,19-31


Texto evangélico
19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21 Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 
 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 26 A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28 Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». 29 Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
30 Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31 Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:
1. El Evangelio es el hontanar inagotable de nuestra fe. Nos acercamos a él y encontramos agua refrescante que sacia nuestra sed, siempre ávida de más.
A veces ocurre que nos acercamos a él y decimos: Esto ya me lo sé.
Esto es cierto en algún sentido, pero es más cierto que no es verdad. Es cierto porque ya lo hemos leído otras veces, y ya tenemos ideas archivadas que nos puedan servir, para predicar, por ejemplo, los que nos dedicamos con tanta frecuencia a este ministerio sagrado.
Pero es más cierto que no es verdad, por cuanto que esa actitud es un impedimento que nosotros mismos nos ponemos para penetrar más profundo. Si ya me sé el Evangelio, el Señor me puede; Si ya te lo sabes…, no hace falta que te enseñe nada.
En cambio, otra actitud distinta, incluso contraria, es la buena, la mejor para avanzar en los secretos. Es la actitud de quien dice: Señor, he leído este Evangelio mil veces, pero ahora quiero leerlo como si fuera la primera vez; enséñame lo que quieras decirme. Y entonces entra el Señor y comienza a decirnos palabras de vida. Con esa actitud queremos empezar hoy nuestra explicación.

2. He aquí dos escenas de aparición de Jesús. San Juan quiere darnos un mensaje completo mediante las dos, con la peculiaridad de que tenemos unas sentencias de conclusión, de resumen, de coronación, una bienaventuranza que está dirigida a nosotros y que puede ser la clave de un misterioso encuentro. ¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.
Esta es la Bienaventuranza final el Evangelio. Una Bienaventuranza que, al estar escrita de modo comparativo, la podemos entender de este modo: ¿Tú eres bienaventurado por haber creído? Más bienaventurado es aquel que sin ver, sin tener esa experiencia tangible de Jesús Resucitado, entra en la Resurrección. Es el caso de todas las generaciones cristianas que hemos seguido a aquella primera experiencia de los apóstoles. Fueron ellos afortunado. No menos somos nosotros, porque en el don de la fe – de una fe muy pura – se nos da el don de Cristo Resucitado, que ciertamente ni ellos ni nosotros podemos alcanzarlo sino por esta vía de fe.
Y con esto pone punto final al Evangelio. ¿Para qué se ha escrito el Evangelio? Para tener vida por la fe. Tarea de toda la vida, tarea siempre con matices nuevos.

3. Desde la fe recuperamos la persona, la historia, las palabras de Jesús. Desde la fe nos asomamos a este dolor de la familia humana, que es el Corona virus.
Desde la fe podemos comenzar a tener algún conocimiento de esos 20.000 muertos (datos de hoy, sábado, 20.043), por los cuales hacemos luto en nuestra patria, en estos días pascuales que no son de llanto, sino justamente de lo contrario.
Y desde la fe, y no desde imaginaciones románticas, damos sentido a esa fase final de Cristo Jesús, que sigue a su muerte, esos días de la resurrección en que se apareció a algunos dando pruebas de que vivía ya en Dios, y que allí nos aguarda como palabra final de la historia.

4. Jesús sale a nuestro encuentro hoy en la actitud que nos muestra el Evangelio: Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.  Es el don de la Resurrección al completo.
Con ello nos vino todo: el don del Espíritu Santo, el perdón de los pecados, todo cuanto uno pueda pensar de la vida de Dios en el mundo.
Una humilde religiosa, llamada sor Faustina Kowalska, en Polonia, tuvo unas manifestaciones de Jesús en 1931 desde esta escena evangélica: “Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido”. “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas”.
Son unas líneas nada más de una Diario espiritual muy extenso de esta alma privilegiada con el Señor. Y de aquí vino que el Papa San Juan Pablo II, ahora hace veinte años, quiso que este Domingo se llamara el Domingo de la Misericordia.
Se trata, evidentemente, de manifestaciones privadas, pero que tienen un contenido hermoso que responde a la verdad de las santas Escrituras.

5. Hermanos, cerramos con este día la primera semana pascual. La Pascua del Señor continúa durante cincuenta días, alimentando nuestra fe, fortificando nuestra vida.
Ya llevamos cinco semanas confinados en nuestras casas, y no sabemos hasta cuándo va a durar esta dolorosa situación de pandemia, esta experiencia pascual de comunión en el dolor. Saquemos grandes lecciones para toda la vida. La humanidad es toda ella una sola familia, muy frágil. Más allá del poder político, del poder económico del poder científico, del poder de las religiones, somos hermanos y nos necesitamos unos a otros, y hemos de cuidarnos unos a otros. Dios es nuestro Padre y no nos va a abandonar.

Señor Jesús, en quien creemos y esperamos, vive y reina con el Padre y muestra tu piedad en medio de nosotros. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, Sábado de Pascua 18 abril 2020.

1 comentario:

  1. Jesús Resucitado: Sé Tú siempre nuestra luz y nuestro gozo, que anime nuestras vidas,aún en los momentos dolorosos...

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