Las mujeres que abrazaron los
pies del Señor:
Fidelidad, experiencia, misión
Aviso
para toda la Pascua
Los cincuenta días de Pascua son de una
riqueza única; son intocables. Hemos de tomar conciencia de esta abundancia
espiritual para no estropear con nuestro devocionalismo algo superior que nos
entrega la Iglesia.
“100. La celebración de la Pascua se
continúa durante el Tiempo Pascual. Los cincuenta días que van desde el Domingo
de Resurrección al Domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un sólo
día festivo, más aún, como el “gran Domingo” .
101. Los domingos de este tiempo han de
ser considerados y llamados “domingos de pascua” y tienen precedencia sobre
cualquier fiesta del Señor y cualquier solemnidad. Las solemnidades que
coincidan con estos domingos, han de anticiparse al sábado precedente. Las
celebraciones en honor de la Santísima Virgen y de los Santos que caen entre
semana, no pueden ser trasladadas a esos domingos” (Carta de la Congregación del Culto Divino... sobre la preparación
y celebración de la fiestas pascuales, 16 enero 1988).
Y, siendo esto así, podemos acentuar la
singularidad de la primera semana de Pascua. Toda esta Octava de Pascua tiene
el carácter de prolongación de la Solemnidad excelsa de la Pascua.
La característica principal es que en cada
uno de los días de esta semana escuchamos algún relato de la resurrección del
Señor, de las apariciones de Jesús Resucitado.
En este punto particular queremos detenernos.
Evangelio
de Lunes de Pascua Mt 28,8-15
El Evangelio contiene dos escenas muy
diferentes: la aparición de Jesús a las Mujeres; el soborno de los soldados que
custodiaron el sepulcro. Nos detenemos únicamente en la primera escena.
La mística cristiana está esencialmente
unida a la relación humano-divina de la Mujer y Jesús. Las cuatro escenas de Unción
a Jesús en los Evangelios apuntan a ello [Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8 y Lc 7,36-50]; pero el momento culminante lo vemos en la Cruz y en la
Resurrección. Y esta relación la definimos con tres palabras: Fidelidad –
Experiencia – Misión.
Fidelidad:
Las mujeres son las que permanecen junto a la Cruz
MATEO dice: “Había allí muchas mujeres
que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para
servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José,
y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mt 27,55-56).
MARCOS: “Había también allí unas mujeres
que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de
Santiago el Menor y de José, y Salomé, las cuales, cuando estaba en Galilea, lo
seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén” (Mc
15,40-41).
LUCAS: “Lo seguía un gran gentío del
pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él” (Lc
23,27). “Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea
se mantenían a distancia, viendo todo esto” (v. 49). “Las mujeres que lo habían
acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido
colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado
descansaron de acuerdo con el precepto” (vv. 55-56).
JUAN: “Junto a la cruz de Jesús estaban su
madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena”
Experiencia
y misión
Las mujeres son las que van a ir a ungir “el
cuerpo del Señor Jesús”. Habrá que ir de nuevo a recoger escrupulosamente, los detalles
de los textos.
Es claro que María la Magdalena (que la
exégesis actual no identifica de ninguna manera con “la pecadora”) tiene la
primacía.
Las variantes de número y de los nombres
pueden indicar que a la tradición cristiana no interesa tanto la identidad de
las mismas, sino la función que ejercieron: la experiencia que tuvieron y la
misión que se les confió.
- La experiencia que tuvieron fue la de
ver el Cuerpo de Jesús resucitado; una visión que fue más que visión, pues fue
visión y abrazo.
- La misión que se les confía es la de ser
mensajeras ante los apóstoles. María Magdalena fue calificada por los Padres de
la Iglesia como “la Apóstol de los Apóstoles”. El Papa Francisco ha elevado la
memoria de la Magdalena a la categoría de Fiesta.
La
mujer evangélica en la Iglesia: Teresa de Jesús, un referente
Esa triada de “fidelidad, experiencia y
misión” permanece en la Iglesia. Un ejemplo singular, como referencia, lo encontramos
en santa Teresa de Jesús. Citamos simplemente textos.
En el Capítulo 28 de la Vida de santa
Teresa leemos:
“1. … Estando un día en oración, quiso el Señor
mostrarme solas las manos con tan grandísima hermosura que no lo podría yo encarecer.
Hízome gran temor, porque cualquier novedad me le hace grande en los principios
de cualquiera merced sobrenatural que el Señor me haga. Desde a pocos días, vi
también aquel divino rostro, que del todo me parece me dejó absorta. No
podía yo entender por qué el Señor se mostraba así poco a poco, pues después me
había de hacer merced de que yo le viese del todo, hasta después que he
entendido que me iba Su Majestad llevando conforme a mi flaqueza natural. ¡Sea
bendito por siempre!, porque tanta gloria junta, tan bajo y ruin sujeto no la
pudiera sufrir. Y como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo.
2. Parecerá a vuestra merced que no era menester mucho
esfuerzo para ver unas manos y rostro tan hermoso. -Son lo tanto los cuerpos glorificados,
que la gloria que traen consigo ver cosa tan sobrenatural hermosa desatina; y
así me hacía tanto temor, que toda me turbaba y alborotaba, aunque después
quedaba con certidumbre y seguridad y con tales efectos, que presto se perdía
el temor.
3. Un día de San Pablo, estando en misa, se me
representó toda esta Humanidad sacratísima como se pinta resucitado, con
tanta hermosura y majestad como particularmente escribí a vuestra merced cuando
mucho me lo mandó, y hacíaseme harto de mal, porque no se puede decir que no
sea deshacerse; mas lo mejor que supe, ya lo dije, y así no hay para qué
tornarlo a decir aquí. Sólo digo que, cuando otra cosa no hubiese para deleitar
la vista en el cielo sino la gran hermosura de los cuerpos glorificados, es grandísima
gloria, en especial ver la Humanidad de Jesucristo, Señor nuestro, aun acá que
se muestra Su Majestad conforme a lo que puede sufrir nuestra miseria; ¿qué
será adonde del todo se goza tal bien?”
Hoy en la Iglesia acentuamos
fortísimamente que hay que encontrar a Jesús en los pobres, en los descartados
de la sociedad… Lo cual evangélicamente es cierto.
Ahora bien, lo primordial es encontrarlo
en sí mismo, en él, como lo encontró Pablo a Jesús Resucitado. Sin este encuentro el
otro – que no se puede separar del primero – queda muy debilitado.
Toda la tradición espiritual de la Iglesia
nos está diciendo que la Mujer ha sido elegida, como algo muy singular, para
esta experiencia singular de Cristo.
Estamos en pura espiritualidad pascual.
Madrid, Jesús de Medinaceli (Coronavirus),
Lunes de Pascua, 13 abril 2020.
Muy hermosa homilía Padre, mil gracias...Y bellísimo el texto de Santa Teresa, mi santa preferida...¡Viva Nuestro Señor Resucitado! ¡Aleluya, aleluya!
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