martes, 28 de abril de 2020

1363. Pascua 2020,10 - Beso y abrazo


Beso y abrazo
(Anhelo)


Seguramente que el beso es tan viejo como el hombre y la mujer. En la Biblia, aparte del Cantar de los cantares, hay muchos besos. Emocionante aquel beso de José a sus hermanos: “Luego besó a todos sus hermanos, llorando al abrazarlos” (Gn 45,15). Beso de reconciliación de Esaú con su hermano Jacob: “Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello y lo besó llorando” (Gen 33,4), que anticipa el encuentro con el hijo pródigo.
Pero prestemos atención al beso pascual – o beso eucarístico - de la comunidad cristiana, que se llama “beso santo” o “beso de amor”. Abramos la Biblia, en el Nuevo Testamento. Ya en la primera carta que Pablo escribió (estamos en el año 50), en la despedida a estos fieles de Filipos dice: “Saluda a todos los hermanos con el beso santo” (1Tes 5,26). En Corintios también: “Os saludan todos los hermanos. Saludaos mutuamente con el beso santo” (1Cor 13,20). Y lo repite en la segunda: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludas todos los hermanos” (2Cor 16,12). Y lo mismo en Romanos, después de una retahíla de nombres de personas concretas: “Saludaos unos a otros con el beso santo. Os saludan todas las Iglesias de Cristo” (Rom 16,16).
Un beso que en la primera de Pedro es un “beso de amor”: “Saludaos unos a otros con el beso del amor. Paz a todos vosotros los que vivís en Cristo” (1 Pe 5,14. Punto final).
El beso del amor es el beso de Cristo Resucitado.

No se privó mi Señor
del calor de los abrazos;
en vida y resurrección
fue besado y abrazado.

Y los cristianos supimos
lo que es el ósculo santo;
en la santa Eucaristía
el beso fue consagrado

De perdón y de unidad
lleva su significado,
de servicio y humildad,
de misión del enviado.

Jesús se me ha aparecido
si me he sentido besado,
besado cual pecador
ya por siempre perdonado.

De sus labios el Espíritu
espira a mí, regalado,
y al fondo del alma baja,
todo yo divinizado.

Jesús pascual, la ternura
que al mundo se ha derramado;
llena mi alma sedienta,
besándome con tus labios.

Con ese beso divino
que nunca pueda olvidarlo,
con un beso sustancial
de morar en tu costado.

¡Jesús, pureza de Dios,
todo en amor abrasado,
a ti mis besos humanos
sobre tu cuerpo adorado!

Madrid, martes de la semana III del tiempo pascual,
28 abril 2020

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