martes, 7 de abril de 2020

1337. Espiritualidad de Miércoles Santo – Tercer cántico del Siervo de Yahvé



Espiritualidad de Miércoles Santo
Tercer cántico del Siervo de Yahvé
Isaías 50,4-9



Vamos trazando la espiritualidad de estos días sagrados – Lunes Santo, Martes Santo, Miércoles Santo – en referencia a esos Cánticos del Siervo de Yahvé, que describen el alma de Jesús.
Ahora bien, no nos confundamos: La espiritualidad que dimana de los Evangelios, base de todas las celebraciones cuaresmales y pascuales, desbordan completamente los esquemas con los que queramos trabajar. Bien sabemos que, en la liturgia de la Palabra de cada día, el Evangelio debe ocupar el centro. Hoy, como último Evangelio antes de entrar en el Triduo Pascual toamos el de la tradición de Judas, que es la página más horrenda de los cuatro Evangelio.
Esta página se nos pone en un doble cuadro: aquella maldita reunión del contrato que hace Judas con los jefes judíos, y luego la suprema hipocresía de lo que ocurre en la Cena cuando Judas quiere tapar su crimen y es descubierto por Jesús mismo. ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido! (Mt 26,24), acaso la frase más tremebunda que Jesús pronunció en su vida. Allí estaba presente Judas Iscariote, cuando Jesús lo dijo.
En la primera escena de este conciliábulo, que lo refieren los tres Sinópticos (Mc 14,10-11 y de ahí Mt 26,14-16 y Lc 22.3-6), el traidor quiere hacer un negocio con su pecado: ¿Cuán me dais? Fue pecado el ofrecer; y fue pecado semejante el aceptar. Y ese pecado tiene una cara horrible, que es como una risotada sarcástica: “Se alegraron”, dicen Marcos y Lucas. Al evangelista san Mateo le debemos le información exacta de aquel contrato: 30 monedas de plata. ¿Acaso hubo algún forcejeo? No lo sabemos; pero se puede suponer. Esas treinta monedas de plata era lo que había que pagar, según la Ley, al amo de un esclavo, que moría acorneado por un buey bravo que el dueño del animal, que, viendo el peligro, no lo había atado y dominado. Si en vez de ser esclavo, era hijo “pagará a cambio de su vida lo que le pidan” (Ex 21,30). Es un dato que el profeta Zacarías, en sus visiones, lo tomó como un símbolo. En suma, Jesús monetariamente no valía más que un esclavo… Estamos en el mundo del absurdo, porque el pecado – aunque lo justificáramos con carcajadas – es puro absurdo. Por eso el Evangelio de san Lucas, en este momento, nos da la clave de lo que pasó, y dice simplemente: Entró Satanás en Judas, y Judas fue el negocio. Lo que san Juan dirá en la Cena: y tras el bocado, entro Satanás: “Detrás del pan entró en el él Satanás” (Jn 13,27). Judas es el mayor endemoniado del Evangelio, acaso el único de verdad. Judas, satanizado.
Nunca podremos explicar satisfactoriamente lo que pasó. Adoramos el secreto de Dios. Nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: “El Hijo del hombre se va como está escrito de él”: las santas Escrituras nos remiten al misterio de Dios, que solo Él domina. No obstante, en la misma frase Jesús añade: “pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría no haber nacido!” (Mt 26,24).
La espiritualidad de los días santos, hermanos, se abre el misterio de Dios, a lo infinito de Dios. Dejándonos guiar por el Dios de nuestra fe,
Vengamos al Tercer Cántico del Siervo de Dios


Texto bíblico (Is 50,4-9a)
4 El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos. 
5 El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás. 
6 Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. 
7 El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado. 
8 Mi defensor está cerca,
¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos,
¿quién me acusará?
Que se acerque. 
9 Mirad, el Señor Dios me ayuda,
¿quién me condenará?

Meditación y canto
Misteriosa y estremecedora vocación del Siervo: así lo intuimos en el Tercer Cántico del Siervo de Yahweh.
La intimidad de Dios, abierta por la escucha filial de cada mañana, es el fundamento y clave de esta vocación. La escucha arma de valor; vendrán golpes y salivazos El Siervo expone su cara como duro pedernal; no se echa atrás.
Así es el Siervo para que desde aquí construyamos la verdadera cristología de la santa humanidad de Jesús. El Siervo confía porque tiene la absoluta certeza de que Dios es su justificador, su vencedor.
Esta visión del Siervo entró en el corazón de Pablo cuando, hablando de la seguridad confiada que se ha dado al cristiano escribía, recordando este pasaje del Cántico del Siervo: "Si Dios está por nosotros ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará?" (Rm 8,31-34).
Jesús es, pues, este Siervo, y mirándole a él cantamos.

Jesús, discípulo y Siervo,
al corte de madrugada;
con vocación de iniciado
escucha hondo hasta el alma.

Jesús, el Siervo y profeta
junto a la fuente sagrada;
con los oídos abiertos
en su morada cerrada.

Jesús, aliento y consuelo,
que el Padre se lo regala;
la lucha es fiera, muy fiera,
las fuerzas, fuerzas humanas.

No declinó la mejilla
a la burla y bofetada;
y a los sangrantes azotes
no retiró sus espaldas.

Como roca diamantina
presentó su bella cara,
a insultos y salivazos
su rostro se abrillantaba.

Mi Dios será mi justicia:
¿quién contra mí se levanta?:
Mi Dios será mi poder:
¿qué adversario es el que ataca?

Pasión del Crucificado,
Escudo de mi esperanza:
¡A ti la gloria y las gracias,
Vencedor de mi batalla! Amén.

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