Jesús entra en su ciudad amada
de Jerusalén
Texto evangélico:
Mt21 1
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos,
envió a dos discípulos 2 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente,
encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los
traéis. 3 Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los
necesita y los devolverá pronto». 4 Esto ocurrió para que se
cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5
«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en
una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». 6 Fueron los
discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7 trajeron la
borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8
La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de
árboles y alfombraban la calzada.
9 Y
la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10 Al
entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es
este?». 11 La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret
de Galilea».
Hermanos:
1. La liturgia del Domingo de Ramos tiene
dos partes en el desarrollo de una misma celebración: La primera es la entrada
en Jerusalén, que se hace o bien mediante una procesión que puede recorrerá las
calles de un lugar apropiado hasta la iglesia o bien mediante una entrada solemne
en la misma iglesia donde celebramos. La segunda parte es la Misa, que es Misa
de Pasión, con la lectura de la Pasión del Señor, un año de san Mateo (como
toca este año), o de san Marcos o de san Lucas, guardando la Pasión según san
Juan para el Viernes Santo.
Este año, por el Coronavirus, ni en el
Vaticano ni en ningún sitio, habrá procesión; pero nada nos impide que podamos
saborear espiritualmente en nuestra homilía dominical esta escena divina de la
entrada de Jesús en la ciudad de su corazón, Jerusalén. Es el Evangelio que se lee
antes de iniciar la procesión o la entrada solemne.
2. Lo primero que nos sorprende es que ha
sido el mismo Jesús el que ha promovido esta escena, igual que días después va
a dirigir desde su corazón de Hijo de Dios la preparación de la Cena pascual.
Son dos momentos paralelos. Esto es mucho más que un episodio vivo y creativo.
Jesús lo ha meditado, Jesús lo ha decidido. Jesús ha visto en ello la voluntad
del Padre. Es el triunfo del amor que el Padre le ha dado.
Para Jesús la entrada en Jerusalén es el
cumplimiento de una profecía. Ya es la única lectura posible que acepta el
evangelista san Mateo. Lo que está pasando aquí es lo mismo que pasó en el Evangelio
de la infancia, ele cumplimiento de las profecías. Nos dice, pues, el
evangelista con palabras sagradas para que las meditemos: Esto ocurrió para
que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión:
“Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino,
hijo de acémila”.
3. Desde estas palabras del evangelista
nos atrevemos a sondear los sentimientos del corazón de Jesús, lo que él ha
visto en su oración al Padre: Si alguien os dice algo, contestadle que el
Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto es la oración íntima de Jesús: ¡El
Señor los necesita! Él es el Señor y el Señor necesita esta burrita y su
pollino, para entrar como Rey y Mesías. Ya está viendo Jesús que su vida va a
terminar mal, en el rechazo y la condena ignominiosa. Pero en lo íntimo de su
corazón está saboreando la felicitación que su Padre Dios le está dando.
Y quiere compartir el gozo de esta felicitación
con su pueblo amado. Mi vida no es ningún fracaso, aunque los signos externos parezcan
decir lo contrario. Mi vida es el triunfo del amor.
4. Efectivamente, la multitud alfombró
el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la
calzada. Era la gente sencilla, a la que nadie había mandado que armar este
espectáculo. Y esto no se paga con nada. No era un homenaje organizado, como
cuando nosotros queremos organizar una bienvenida que ponemos en marcha unas
comisiones para que se encarguen de la música, de la logística y hacemos una
colecta para pagar los gastos. Lo que pasó en Jerusalén fue muy sencillo. No se
pagó un denario para recibir a Jesús, pero la gente se sentía feliz de poner su
manto, para que lo pisara la borriquilla que cargaba a Jesús y él se sentía feliz
de que el homenaje fuera este, precisamente este.
Y comenzaron a aclamarle con palabras de
los salmos, aplicándoselas a él: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
El homenaje llega a su punto final cuando
toda la ciudad se ha conmovido por lo que acaba de pasar:
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se
sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el
profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
5. Jesús podía morir contento, porque
porque Dios, a través de los sencillos, le había dado la razón y la
felicitación.
Pero es que la escena no acaba ahí, hermanos.
La entrada de Jesús se ha continuado año tras año, y soy yo uno de ese grupo
que ha salido con palmas a recibir a Jesús, a aplaudirle, a darle la bienvenida
a mi corazón. Esto pasó hace dos mil años y hoy continúa. Por eso en la
liturgia inventamos cánticos para recibir a Jesús.
Como Jerusalén con su traje festivo,
vestida de palmeras, coronada de olivos,
viene la cristiandad en son de romería
a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.
6. Este año nuestra visión es diferente de
la de años pasados. No veremos ninguna procesión. Al contrario, en las
pantallas de nuestros ordenadores o en las pantallas de televisión vemos el
mapa del mundo. Y aterrorizados vamos recorriendo los diversos países del mundo
y vemos toda la tierra no como una alfombra de ramos de palmeras, sino de
cadáveres. ¡Triunfa el amor o la muerte?
Jesús,
tú ves esta situación. Tú has muerto para que el amor sea la palabra final de la
historia. En este Domingo de Ramos, que parece, más bien, tinieblas de Viernes Santo,
te pedimos que sea verdad lo que tú has vivido en tu corazón. Alienta nuestra
fe. Te pedimos que el amor sea la última palabra de la historia. En ti
confiamos. Amén.
Madrid, desde Jesús de Medinaceli, Viernes
de Dolores, 3 de abril de 2020.
En Jesús, Manso y Humilde de Corazón, en Jesús, el Hijo amado del Padre, en Jesús que ha entregado su vida por amor,hasta la muerte de Cruz..., encontramos la salvación.
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