Celebración pascual
de la fiesta de San Marcos, evangelista
25 abril 2020
La
celebración de los santos no nos puede apartar del Santo de los Santos, que es
Jesús.
Téngase
presente, por ejemplo, que en la Celebración eucarística, en las numerosas
fiesta que tiene el Misal sobre la Santísima Virgen, no hay ninguna oración
dirigida a ella. Oramos a Dios que hizo maravillas en la que fue destinada a
ser la Madre del Hijo de Dios.
Los
santos que celebramos en el tiempo pascual, que obligatoriamente son bastantes,
no pueden distraernos de ese gozo singular que impregna la Pascua. Al
contrario, todos ellos deben ser ecos del Resucitado, de la hermosura de Jesús.
En
san Marcos ocurre algo especial. Su figura nos introduce de lleno en los primeros
tiempos de la Iglesia, como puede verse en los datos que damos al evocar su
figura. Diríamos que esta celebración, desde sí misma, es profundamente
pascual.
En
la presente ocasión no la podemos desligar de la pandemia que aflige a la
Familia humana; ero siempre mirando a Jesús, Vencedor de la muerte.
(22
abril 2020)
¿Quién era san Marcos?
A decir verdad, Marcos se llamaba Juan. “Juan se separó de ellos (de
Pablo y Bernabé en el primer viaje) y se volvió a Jerusalén” (Hech 13,13). Pero,
al lado de este nombre, que delataba su ascendencia judía, tenía un nombre
helénico, Marcos. Podemos llamarle Juan Marcos, o más exactamente Juan,
por sobrenombre Marcos, como se dice en Hechos (12,12.25; 15,37.39). Hubiera
sido una confusión el que dos evangelistas se llamaran de la misma manera,
Juan. Por eso, bien presto, en la primitiva Iglesia el evangelista fue
denominado simplemente Marcos: “Toma a Marcos, y tráelo contigo” (2Tim 4,11).
Procedía de Jerusalén y allí vemos la casa de su madre. “Consciente de
su situación (Pedro), marchó a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre
Marcos, donde se hallaban muchos reunidos en oración” (Hech 12,12). Este dato es
de sumo interés. La casa de Marcos, más bien de su madre, es un centro
espiritual e la naciente Iglesia de Jerusalén. Es una “domus Ecclesiae”.
Su madre María tienen un nombre en al comunidad - ¿quién no dijera que esta
María ha estado muy cerca de Jesús? - era rimo de Bernabé (Col 4,10), que fue
quien presentó Saulo a los Apóstoles en Jerusalén (Hech 9,27), y luego una de
las figuras carismáticas de la Iglesia de Antioquía (Hech 13,1 y el compañero,
incluso iniciador, de Saulo en la primera misión apostólica (Hech 13,2).
Marcos está muy en lo íntimo de la naciente Iglesia de Jerusalén pro
este tejido familiar y misionero que descubrimos, y por su proximidad con Pedro
que de la cárcel acude a la casa de Marcos. Acaso Marcos era aquel joven que,
dejando la sábana, hubo la noche del prendimiento en el huerto de los Olivos
(Mc 14,51-52).
Marcos para la Iglesia es, ante todo, un “evangelizador” en activo; con
Bernabé y Saulo forma el trío de la primera expedición (Hech 13,5). Se volvió a
Jerusalén por razones que ignoramos (Hech 13,13). Pablo consideró negativamente
este hecho y no quiso incorporarlo a la segunda misión, a pesar de que Bernabé
pensaba de distinta manera. Se dividieron, pues, Pablo y Bernabé, y Bernabé
llevó consigo a Marcos (Hech 15,37-39).
No obstante, Marcos está junto a Pablo prisionero ((Col 4,10; Flm 24) en
Roma; y en la pluma de Pablo está puesta esta frase: “Toma a Marcos y tráele
contigo, pues me es muy útil para el ministerio” (2Tim 4,11).
Pero la tradición cristiana ha unido a este ministro del Evangelio,
residente en Roma, con Pedro. Y desde Babilonia (Roma) Pedro, según 1 P 5,13,
escribe: “Os saluda la que está en Babilonia elegida por vosotros, así como mi
hijo Marcos”. Por eso, al principio del siglo II, Papías de Hierápolis podía
llamar a Marcos “el intérprete”, el portavoz, de Pedro.
Esta es la preciosa vida de Marcos al servicio del Evangelio, con su
palabra y con su pluma. La antigua tradición cristiana lo venera como fundador
de la Iglesia de Antioquía, y para la Iglesia copta Marcos es “el contemplativo
de Dios”.
Los textos para celebrar a san Marcos
San Marcos es una fiesta paralela a san Lucas- Exactamente los mismos y
textos – antífonas, lecturas, versículos – excluida naturalmente la oración del
día para Laudes, Hora intermedia en sus tres modalidades y Vísperas. En este sentido
una celebración privilegiada con respecto a San Mateo, que se remite la común
de Apóstoles.
(…)
Los comentaristas de San Marcos dan extraordinaria importancia al
sentido que para el segundo evangelista ha tenido la palabra EVANGELIO. Marcos
escribe un Evangelio, el Evangelio, y comienza categóricamente: “Comienzo del
Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (1,1). En la celebración de este día la
palabra EVANGELIO es la auténtica aureola en que queda envuelto el evangelista.
San Marcos – se diría – no tiene un mensaje “personal”; su mensaje es ni más ni
menos que “el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”.
(Ver: Rufino Grández, El sabor de las fiestas. Centre de Pastoral
Litúrgica. Barcelona 1984 (2ª ed. 1990), pp. 39-42.)
Con alto pensamiento y llana pluma
ha escrito de Jesús un misionero;
su nombre es Marcos, santa la memoria
de aquel que ha sido intérprete de Pedro.
Jesús, Hijo de Dios, así comienza
las páginas que él llama el Evangelio;
Jesús, Hijo de Dios, así confiesa
al ver morir a Cristo en el madero.
Jesús, el fuerte, el Santo, el que perdona,
Mesías que retiene su secreto;
¡oh Cristo, en tus umbrales nos paramos,
tan sólo tú nos abres paso adentro!
Jesús, el Nazareno no encontrado
al ir a verlo a tierra de los muertos;
aquel sacro temblor de las mujeres
es gozo nuestro y éxtasis de encuentro.
Oriente Occidente se han juntado
en una sola Iglesia y ministerio,
y Marcos sirve a la única Palabra,
testigo fiel del Nuevo Testamento.
¡Oh Cristo, Hijo de Dios, siempre viviente,
poder, sabiduría, sacramento,
recibe nuestro culto, tú que inspiras
tu voz y corazón a fieles siervos. Amén.
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