jueves, 9 de abril de 2020

1338. Jueves Santo 2020 - Homilía para la Misa en la Cena del Señor



Jueves Santo 2020


Hermanos:
1. La liturgia vespertina de Jueves Santo, la Misa en la Cena del Señor, está centrada en tres pasajes de las santas Escrituras.
El primero (Ex 13,1-8. 11-14) se refiere a la consagración de todos los primogénitos y la celebración anual de la Pascua: “durante siete días comerás ácimos y el día séptimo será fiesta en honor del Señor” (Ex 13,6).
El segundo es el primer texto histórico que se nos ha transmitido sobre la Eucaristía, recogido de la primera carta de san Pablo a los Corintios, y que dice así:

“Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».  Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
 Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Cor 11,23-26).

El tercer texto (Jn 13,1-25): Jesús en el Cenáculo, que comienza con una visión celestial:
“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. …
 y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía…” (Jn 13,1-3).

Y la Iglesia en los libros litúrgicos nos dice que en la Eucaristía de esta tarde conmemoramos tres misterios: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el mandamiento del amor.

2. Hermanos: este es el panorama espiritual que tenemos delante, y en este año preciso, año de gracia 2020, año del Coronavirus, que ha invadido al mundo entero, con una dolorosa peculiaridad en nuestra patria: que si comparamos el número de muertos por la pandemia con el número de habitantes, somos proporcionalmente el país que más ha sufrido en vidas humanas hasta el momento.
Todo ser humano queda cuestionado ante este inmenso padecimiento que compartimos: ¿Es que es tan frágil el ser humano, ante el universo maravillosamente configurado? ¿Tanto puede un virus microscópico contra nosotros?
¿Qué hacer? Hoy mismo en el Congreso se mencionan y repiten estas tres palabras, guía del Gobierno desde el principio: “sacrificio, resistencia, moral de victoria”. Se evita pronunciar el nombre de Dios, como si Dios fuera “algo” diferente a nuestro problema humano.
Entonces, hermanos, lo que estamos celebrando en esta tarde sacratísima del Jueves Santo, ¿tendrá algo que ver con la aflicción que padece toda la familia humana? Vengamos a la revelación del mensaje que nos llega de la Palabra de Dios.

3. El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.
Muchas veces había celebrado Jesús la Pascua de Israel, su pueblo. En realidad, todos los años: al principio, en su casa con María y José. Y luego con sus apóstoles. No era la primera Cena Pascual; había habido antes tantas cenas cuantos años de vida. Pero solo de esta cena ha quedado recuerdo.
Además, Jesús completó sus palabras con un mandato: Haced esto en memoria mía.
Con estas palabras quedaba abrogada la Cena judía, la Cena pascual del Éxodo, y Jesús establecía su propia Cena, que era Cena, que era Muerte, que era Resurrección. Es el misterio que nosotros quisiéramos asimilar ahora con la gracia del Espíritu.

4. Junto a Jesús, la primera persona de esta Cena, allí presente, es el Padre. Jesús lo hizo presente cuando, tomando el pan, pronunció la Acción de Gracias, la Bendición. Esa Bendición iba dirigida a Dios. En esa Bendición estaba toda la historia de Dios, desde la creación del mundo hasta este momento. Toda la Sagrada Escritura la tenemos que leer desde esta Bendición, desde esta Eucaristía. Toda la Biblia es eucarística, porque ese río de la vida – de la vida de Dios y de la vida de los hombres – viene a desembocar aquí, por la fuerza del Espíritu Creador. Y Jesùs, al final, se metía dentro: Esta era su muerte, y con la muerte, lo que venía después, su santa Resurrección. Sencillamente se entregaba todo entero en el pan partido para comerlo, y a continuación en el vino para beberlo.
Tomad, comed todos…, bebed todos…, dirá el Sacerdote en las palabras de la consagración.
Este es Jesús. Este es Jesús de la Encarnación, el Jesús que anduvo por nuestros caminos, el único Jesús que existe, este es el Dios con nosotros.
San Pablo, que no ha creado ni él ni ningún otro la memoria del Señor, nos está diciendo, lo que él tantas veces ha meditado y vivido:
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

5. Hermanos, cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos viviendo el Calvario y la Resurrección. Y todo ello…, mirando a Jesús glorificado que ha de volver. La Eucaristía es historia de salvación, historia al vivo, historia de lo que fue y de lo que es, historia de Jesús y del Virus, todo junto e indisoluble.
De ninguna manera pensemos que la  Eucaristía es un acto de devoción… Es infinitamente más que el más sublime acto de devoción. La Eucaristía es la obra total del Señor Encarnado, muerto y resucitado.
La Eucaristía es lo que define la Iglesia, lo que define al cristiano, lo último que ha de recibir el cristiano antes de pasar a la eternidad. El último sacramento del cristiano no es la Santa Unción, la Extraunción; es sencillamente la Comunión, que entonces se llama Viático, Comunión para el Camino.

4. Ya para que se perpetúe la Eucaristía el Señor ha escogido a unos pobres pecadores que somos los sacerdotes, para que a través de nuestras manso llegue a toda la Comunidad el Cuerpo y la Sangre del Señor.

5. Pero Jesùs ha unido a la Eucaristía todo su Testamento, todo el Evangelio en una palabra, en el mandamientos del amor. Amaos unos a otros, como yo os he amado. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. Nadie tiene amor más grande que el que la vida por los que aman. Estas palabras arrancan de la Cena del Señor.
                                                                                        
Hermanos, día del amor infinito. Este es jueves santo. No divaguemos con altos discursos. Dejémonos inundar por este oleaje de amor que desde la Trinidad viene a nosotros por la muerte y resurrección de Jesús, y amemos en consecuencia, hasta dar la vida realmente por amor a Cristo y a nuestros hermanos.
Señor Jesús, gracias por el infinito don de la Eucaristía, en la que está todo el bien de la Iglesia. Haz que mi corazón viva de ese amor, sin tiempos y sin fronteras, que tú ahí depositado en la Eucaristía, hasta el encuentro definitivo contigo.

Madrid, Jesús de Medinaceli, Jueves Santo, 9 abril 2020.

Nota. Advierta el lector que en esta homilía ha habido un "lapsus", pues la lectura del Éxodo no era 13,1-8. 11-14, sino 12,1-8. 11-14.

1 comentario:

  1. Jesús, Verbo Encarnado: Gracias por el gran regalo que nos has dado quedándote con nosotros en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Continúa llamando a muchos jóvenes para que consagren su vida al servicio de Dios y de la Iglesia en el ministerio sacerdotal...Te lo pedimos por intercesión de tu Madre Inmaculada...

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