Al cobijo del Corazón de Jesús
Retiro espiritual
25 junio 2022
Fr. Rufino María Grández
Este retiro espiritual gira en torno a dos polos de oración contemplativa:
I. El amor de Dios hacia mí, manifestado en su Hijo Jesucristo.
II. Mi amor a Jesús, como respuesta al amor
I. Corazón de Jesús: amor de Dios al hombre, a mí
El año 1956 el Papa Pío XII publicaba la encíclica “Haurietis acquas” SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, que comienza con estas palabras:
«Beberéis aguas con gozo en las fuentes del Salvador» [1]. Estas palabras con las que el profeta Isaías prefiguraba simbólicamente los múltiples y abundantes bienes que la era mesiánica había de traer consigo, vienen espontáneas a Nuestra mente, si damos una mirada retrospectiva a los cien años pasados desde que Nuestro Predecesor, de i. m., Pío IX, correspondiendo a los deseos del orbe católico, mandó celebrar la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús en la Iglesia universal.
Esta encíclica de alguna manera se ofrecía como un tratado de la devoción al Corazón de Jesús, presentada como una devoción particular dentro de la piedad cristiana, sino como una presentación integral de la fe cristiana, asumiendo a través de la realidad de su Corazón la totalidad plena de Jesús, Verbo Encarnado, en la unión indisoluble de du Divina y Humanidad, “compendio de toda la Religión cristiana”, como ya había dicho el Papa Pío XI.
Destaquemos algunos puntos para centrar teológicamente los fundamento del culto.
1. El Corazón de Jesús es el punto de confluencia del amor descendente de Dios al hombre y del amor ascendente del amor del hombre a Dios. En este sentido es síntesis de toda nuestra fe.
2. Es cierto que ningún texto de las santas Escrituras nos habla del corazón de Jesús como culto en el significado que nosotros le damos. Pero el corazón es el símbolo natural del amor, y partiendo de esta concepción y experiencia nosotros podemos hablar del amor de Dios, centrado en el Corazón del Hijo amado.
3. En este sentido toda al Sagrada Escritura, ya desde el Antiguo Testamento, está penetrada del amor de Dios. Merecen especial atención los profetas, y de modo particular Oseas. Para habla del amor la Sagrada Escritura acude a las compasiones de la vida humana: del padre, de la madre, del esposo y esposa. A través de estas comparaciones se nos está revelando el amor de Dios, que excede, en absoluto, toda revelación.
4. Para la fundamentación teológica el Papa habla de “el tri`ple amor de Cristo”:
- Amor divino, común al Padre y al Espíritu
- Amor creado infuso (que es doble: ciencia beatífica, ciencia infusa).
- Amor sensible
Símbolo del triple amor de Cristo
15. Luego, con toda razón, es considerado el corazón del Verbo Encarnado como signo y principal símbolo del triple amor con que el Divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres. Es, ante todo, símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en El, como Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco y frágil velo del cuerpo humano, ya que en «El habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente» [52].
Además, el Corazón de Cristo es símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa [53].
Finalmente, y esto en modo más natural y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos [54].
5. Nota espiritual. Es muy delicado querer “psicologizar” la divinidad de Cristo en su humanidad. Y realmente topamos ante un misterio que nos desborda. Esta teología transcendental, ontológica, esencialista…, basada en citas de la Summa Theologica de Santo Tomás nos pone ante un misterio que no podemos descifrar. Jesús, por la Unión Hipostática, no pierde su ser divino en ningún instante de su existencia; de modo que en el seno gestante de la Virgen María, en el suplicio de la Cruz, a Jesús, Hijo de Dios, le pertenece la visión beatífica, que es constitutivo de su identidad esencial. Sin embargo, en el lenguaje evangélico, Jesús “crecía” en sabiduría ante Dios y ante los hombres; y la experiencia de la cruz no es la misma que la experiencia de la resurrección. Hay, pues, un conocimiento vedado a nuestra inteligencia limitada.
6. El Evangelio nos da la posibilidad de contemplar el amor de Dios en el corazón humano de Jesús. A modo de ejemplo, la encíclica alude a diversos momentos y frases de Jesús
CONTEMPLACIÓN DEL AMOR
DEL CORAZÓN DE JESÚS
17. Ahora, venerables hermanos, para que de estas nuestras piadosas consideraciones podamos sacar abundantes y saludables frutos, parémonos a meditar y contemplar brevemente la íntima participación que el Corazón de nuestro Salvador Jesucristo tuvo en su vida afectiva divina y humana, durante el curso de su vida mortal. En las páginas del Evangelio, principalmente, encontraremos la luz, con la cual, iluminados y fortalecidos, podremos penetrar en el templo de este divino Corazón y admirar con el Apóstol de las Gentes «las abundantes riquezas de la gracia [de Dios] en la bondad usada con nosotros por amor de Jesucristo» [57].
18. El adorable Corazón de Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano, desde que la Virgen María pronunció su Fiat, y el Verbo de Dios, como nota el Apóstol, «al entrar en el mundo dijo: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Heme aquí presente. En el principio del libro se habla de mí. Quiero hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad..." Por esta "voluntad" hemos sido santificados mediante la "oblación del cuerpo" de Jesucristo, que él ha hecho de una vez para siempre» [58].
De manera semejante palpitaba de amor su Corazón, en perfecta armonía con los afectos de su voluntad humana y con su amor divino, cuando en la casita de Nazaret mantenía celestiales coloquios con su dulcísima Madre y con su padre putativo, san José, al que obedecía y con quien colaboraba en el fatigoso oficio de carpintero. Este mismo triple amor movía a su Corazón en su continuo peregrinar apostólico, cuando realizaba innumerables milagros, cuando resucitaba a los muertos o devolvía la salud a toda clase de enfermos, cuando sufría trabajos, soportaba el sudor, hambre y sed; en las prolongadas vigilias nocturnas pasadas en oración ante su Padre amantísimo; en fin, cuando daba enseñanzas o proponía y explicaba parábolas, especialmente las que más nos hablan de la misericordia, como la parábola de la dracma perdida, la de la oveja descarriada y la del hijo pródigo. En estas palabras y en estas obras, como dice san Gregorio Magno, se manifiesta el Corazón mismo de Dios: «Mira el Corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor suspires por los bienes eternos» [59].
Con amor aun mayor latía el Corazón de Jesucristo cuando de su boca salían palabras inspiradas en amor ardentísimo. Así, para poner algún ejemplo, cuando viendo a las turbas cansadas y hambrientas, dijo: «Me da compasión esta multitud de gentes» [60]; y cuando, a la vista de Jerusalén, su predilecta ciudad, destinada a una fatal ruina por su obstinación en el pecado, exclamó: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados; ¡cuántas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las alas, y tú no lo has querido!» [61]. Su Corazón palpitó también de amor hacia su Padre y de santa indignación cuando vio el comercio sacrílego que en el templo se hacía, e increpó a los violadores con estas palabras: «Escrito está: "Mi casa será llamada casa de oración"; mas vosotros hacéis de ella una cueva de ladrones» [62].
19. Pero particularmente se conmovió de amor y de temor su Corazón, cuando ante la hora ya tan inminente de los crudelísimos padecimientos y ante la natural repugnancia a los dolores y a la muerte, exclamó: «Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz» [63]; vibró luego con invicto amor y con amargura suma, cuando, aceptando el beso del traidor, le dirigió aquellas palabras que suenan a última invitación de su Corazón misericordiosísimo al amigo que, con ánimo impío, infiel y obstinado, se disponía a entregarlo en manos de sus verdugos: «Amigo, ¿a qué has venido aquí? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?» [64]; en cambio, se desbordó con regalado amor y profunda compasión, cuando a las piadosas mujeres, que compasivas lloraban su inmerecida condena al tremendo suplicio de la cruz, las dijo así: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos..., pues si así tratan al árbol verde, ¿en el seco qué se hará?»[65].
Finalmente, colgado ya en la cruz el Divino Redentor, es cuando siente cómo su Corazón se trueca en impetuoso torrente, desbordado en los más variados y vehementes sentimientos, esto es, de amor ardentísimo, de angustia, de misericordia, de encendido deseo, de serena tranquilidad, como se nos manifiestan claramente en aquellas palabras tan inolvidables como significativas: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» [66]; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» [67]; «En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso» [68]; «Tengo sed» [69]; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» [70].
[57] Ef 2, 7.
[58] Heb 10, 5-7, 10.
[59] Registr. epist. 4, ep. 31 ad Theodorum medicum PL 77, 706.
[60] Mc 8, 2.
[61] Mt 23, 37.
[62] Ibíd. 21, 13.
[63] Ibíd. 26, 39.
[64] Ibíd. 26, 50; Lc 22, 48.
[65] Lc 23, 28. 31.
[66] Ibíd. 23, 34.
[67] Mt 27, 46.
[68] Lc 23, 43.
[69] Jn 19, 28.
[70] Lc 23, 46.
7. La revelación bíblica nos lleva a este cuadro de convicciones que marcan el sustento de nuestra fe:
o Dios crea al hombre – a mí – por amor, destinado a la comunión con él.
o Dios en la historia humana real hace un pacto de amor con el hombre.
o Reiteradamente el hombre quebranta este pacto de amor, y Dios le ha perdonado siempre.
o Dios envía a su Hijo, para que ese pacto divino-humano, en el Hijo, que pertenezca a nuestra naturaleza, sea irrompible y eterno.
o Desde este pacto se establece la Iglesia, y yo soy, por gracia, parte de ella.
o El amor de Dios incondicional es mi futuro y el clima en que debe respirar mi vida.
II. El amor, suprema realización del ser humano,
y única respuesta al Dios del amor
8. El amor, que en su expresión expansiva mayor, es amor de amistad – es decir, comunión recíproca, entre dos seres capaces de amarse, es la suprema realización del ser humano.
Cada uno de nosotros torna a su propia interioridad y quiere hacer un balance de vida desde el amor como última realización de lo que yo anhelo:
- Qué ha pasado en mi vida como historia de amor.
- Cómo he valorado.
- Cómo he buscado.
- Cómo he vivido.
- Cómo he anhelado, y anhelo…
9, Viene bien asomarse a la historia de los humanos y otear cómo ha sido la historia de la humanidad, vista desde el amor. Grandes escritores y pensadores han hablado sobre el amor.
En el pensamiento de Occidente, Platón (427-347), discípulo de Sócrates, ha escrito “El Banquete o del Amor”. En este banquete imaginario se reúnen seis coemnsales y cada uno da su discurso y expone el mito del amor. Uno de los coemnsales es Sócrates, y al exponer su discurso advierte que nada de ellos es suyo, sino que un día se los enseñó una mujer, Dioteme [Diotema], que le habló en estos términos:
“Préstame ahora, Sócrates, toda la atención de que eres capaz. El que en los misterios del amor se haya elevado hasta el punto en que estamos, después de haber recorrido en orden conveniente todos los grados de lo bello y llegado, por último, al término de la iniciación, percibirá como un relámpago una belleza maravillosa, aquella [oh Sócrates] que era objeto de todos sus trabajos anteriores; belleza eterna, increada é imperecible, exenta de aumento y de diminución; belleza que no es bella en tal parte y fea en cual otra, bella sólo en tal tiempo y no en tal otro, bella bajo una relación y fea bajo otra, bella en tal lugar y fea en cual otro, bella para éstos y fea para aquellos; belleza que no tiene nada de sensible como el semblante ó las manos, ni nada de corporal; que tampoco es este discurso ó esta ciencia; que no reside en ningún ser diferente de ella misma, en un animal, por ejemplo, ó en la tierra, ó en el cielo, ó en otra cosa, sino que existe eterna y absolutamente por sí misma y en sí misma; de ella participan todas las demás bellezas , sin que el nacimiento ni la
destrucción de éstas causen ni la menor diminución ni el menor aumento en aquellas ni la modifiquen en nada.
Cuando de las bellezas inferiores se ha elevado, mediante un amor bien entendido de los jóvenes, hasta la belleza perfecta, y se comienza á entreverla, se llega casi al término; porque el camino recto del amor, ya se guie por sí mismo, ya sea guiado por otro, es comenzar por las bellezas inferiores y elevarse hasta la belleza suprema, pasando, por decirlo así, por todos los grados de la escala de un solo cuerpo bello á dos, de dos á todos los demás, de los bellos cuerpos á las bellas ocupaciones, de las bellas ocupaciones á las bellas ciencias, hasta que de ciencia en ciencia se llega á la ciencia por excelencia, que no es otra que la ciencia de lo bello mismo, y se concluye por conocerla tal como es en sí. ¡Oh, mi querido Sócrates! prosiguió la extranjera de Mantinea, si por algo tiene mérito esta vida, es por la contemplación de la belleza absoluta, y si tú llegas algún día á conseguirlo, ¿qué te parecerán, cotejado con ella, el oro y los adornos, los niños hermosos y los jóvenes bellos, cuya vista al presente te turba y te encanta hasta el punto de que tú y muchos otros, por ver sin cesar á los que amáis, por estar sin cesar con ellos, si esto fuese posible, os privaríais con gusto de comer y de beber, y pasaríais la vida tratándolos y contemplándolos de continuo? ¿Qué pensaremos de un mortal á quien fuese dado contemplar la belleza pura, simple, sin mezcla, no revestida de carne ni de colores humanos y de las demás vanidades perecibles, sino siendo la belleza divina misma?
¿Crees que sería una suerte desgraciada tener sus miradas fijas en ella y gozar de la contemplación y amistad de semejante objeto? ¿No crees, por el contrario, que este hombre, siendo el único que en este mundo percibe lo bello, mediante el órgano propio para percibirlo, podrá crear, no imágenes de virtud, puesto que no se une á imágenes, sino virtudes verdaderas, pues que es la verdad á la que se consagra? Ahora bien, sólo al que produce y alimenta la verdadera virtud corresponde el ser amado por Dios; y si algún hombre debe ser inmortal, es seguramente éste.
— Tales fueron, mi querido Fedro, y vosotros que me escucháis, los razonamientos de Díotima. Ellos me han convencido, y á mi vez trato yo dé convencer á los demás, de que, para conseguir un bien tan grande, la naturaleza humana difícilmente encontraría un auxiliar más poderoso que el Amor. Y así digo, que todo hombre debe honrar al Amor. En cuanto á mi, honro todo lo que á él se refiere, le hago objeto de un culto muy particular, le recomiendo á los demás, y en este mismo momento acabo de celebrar, lo mejor que he podido, como constantemente lo estoy haciendo, el poder y la fuerza del Amor. Y ahora, Fedro, mira si puede llamarse este discurso un elogio del Amor; y si no. dale el nombre que te acomode!”
Aristóteles (384-322), discípulo de Platón, y con él los padres de la Filosofía occidental, escribió “Ética a Nicómano” (XIIlibros). El Libro VIII, dedicado a la amistad, comienza así: “Después de esto podríamos continuar tratando e la amistad: es, en efecto una virtud o va acompañada de virtud, y, además, es lo más necesario para la vida. Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener necesidad sobre todo de amigos…”
Cicerón (siglo I antes de Cristo) escribió un tratado clásico sobre la amistad: Lelio o sobre la amistad. He aquí una cita al azar:
“Así pues, es verdadero aquello que, acostumbrado a decir, según creo, por Arquitas de Tarento, oí a nuestros ancianos recordarlo como oído de otros ancianos: "si alguien hubiese subido al cielo y hubiese contemplado la naturaleza del mundo y la hermosura de los astros, aquella admiración sería para él desagradable; esta habría sido para él agradabilísima, si hubiera tenido a alguien al que contarlo." Así la naturaleza nada ama al solitario y siempre se apoya como en algún adminículo; éste es, incluso, dulcísimo en alguien muy amigo” (n. 88).
En la Edad Media cristiana hay un tratado clásico sobre la amistad, debido al monje cisterciense Elredo de Rieval, De amicitia spirituali. Este libro, que tiene tres partes, en forma de diálogo, comienza así: “He aquí que estamos tú y yo y espero que el tercero entre nosotros (tertium inter nos) sea Cristo” (La tradición cisterciense venera como santo a San Elredo, 1110-1167).
El lector español tiene una excelente obra de carácter filosófico y psicológico en Pedro LAÍN ENTRALGO (1908- ), Sobre la amistad (1923) [Primera parte: Historia de la amistad – Segunda parte: Teoría de la amistad].
En la vida religiosa la amistad tradicionalmente ha sido tema ignorado, evitado, y reprobado en la acepción de “amistades particulares”. En la Constituciones capuchinas postconciliares (no en las primeras de 1968), la amistad ha adquirido su rango propio: “La amistad es un gran don y favorece el desarrollo humano y espiritual. En virtud de nuestra consagración y por el respeto debido a la vocación de aquellos con quienes nos relacionamos, evitemos ligarlos a nosotros; más bien seamos nosotros quienes nos entreguemos a ellos. Así se crea una amistad liberadora, no destructiva de la fraternidad” (n.173,5).
EL AMOR COMO VOCACIÓN TOTAL PARA MÍ
L'amor che move il sole e l'altre stelle (Paradiso, XXXIII, v. 145), el amor que mueve el sol y las otras estrellas, es el último verso de la Divina Comedia, y compendia el sentido de la obra.
Ahora bien, más allá de lo que hayan dicho y puedan decir autores eminentes, estoy yo ante mí mismo y ante Dios, para interrogarme sobre lo que es la sustancia íntima de mi ser y el sentido de mi logro y mi destino.
1. He nacido del amor. Soy fruto del amor de Dios, hijo de Dios, que me quiso como Padre. Mi valor soy yo mismo. Cualquier comparación, aparte de insensata, puede ser ofensiva.
2. He nacido para el amor. El amor en sí es la suprema realización del ser. Las apetencias naturales de grandeza, de poder, de influencia… proceden de una pantalla falsa de lo que es el sentido del mundo ante Dios, de lo que es la Historia en su devenir accidentado. Todo pasa, solo el amor permanece.
3. He nacido para el amor compartido: amor dado y correspondido. La verdadera amistad es un deseo íntimo y último de mi existencia. “Si vis amari, ama” (Si quieres ser amado, ama), dice san Agustín; pero, más bien, hay que considerar el logro de la amistad como un don superior de la gracia. Intuyo que el Señor lo quiere para mí; acaso me lo ha dado ya.
4. El amor emerge como un secreto de maravillas siempre por descubrir. La teología ayuda, pero la teología no es la solución. Solo la acción del Espíritu Santo puede conducir en los caminos del amor.
5. Amor divino y humano se funden en un solo proyecto personal, presidido por Cristo. Jesús es el último secreto del amor. Y entonces el amor es pura gracia.
6. Mi referencia del amor-amistad es Jesús, pero en unión indisoluble con él es la Iglesia, y junto con la Iglesia es el mundo.
7. Desde esta unidad, la oración no es otra cosa sino la respiración del amor, y la oración continua está reflejando sencillamente la vida del amor.
8. “A la tarde (no a la tarde de la vida) te examinarán del amor”, escribió fray Juan de la Cruz. Y san Agustín, comentando la primera carta de Juan: “Dilige, et quod vis fac” Ama, y lo que el amor te inspire (lo que nazca entonces de tu voluntad), hazlo (desde el amor).
9. El que ama vive el sufrimiento “amorosamente”.
10. Al final, solo puede triunfar el amor.
Y de esta manera cada quien puede recordar, gozar y proyectar. Cada historia es diferente, cada amistad es distinta, cada futuro es sorpresa bajo la mirada de Dios.
SÚPLICA AL CORAZÓN DE JESÚS
DE UN CORAZÓN ENAMORADO
Corazón de Jesús, mírame
Corazón de Jesús, perdóname.
Corazón de Jesús, ámame.
Corazón de Jesús, pacifícame
Corazón de Jesús, divinízame.
Corazón de Jesús, guárdame.
Corazón de Jesús, ilumíname.
Corazón de Jesús, fortifícame.
Corazón de Jesús, lánzame.
Corazón de Jesús, sálvame.
Corazón de Jesús, ábreme.
Corazón de Jesús, adéntrame.
Corazón de Jesús, mírame
Corazón de Jesús, perdóname.
Corazón de Jesús, ámame.
Corazón de Jesús, pacifícame
Corazón de Jesús, instrúyeme.
Corazón de Jesús, evangelízame.
Corazón de Jesús, enternéceme.
Corazón de Jesús, dulcifícame.
Corazón de Jesús, protégeme.
Corazón de Jesús, guíame.
Corazón de Jesús, llévame.
Corazón de Jesús, elévame.
Corazón de Jesús, desaparéceme.
Corazón de Jesús, amén.
(Guadalajara, 25 junio 2022).
Rufino María Grández,
capuchino

Corazón de Jesús
Himnos espirituales
Pórtico
SEGUNDA LECTURA DEL OFICIO DE LECTURA
De las Obras de san Buenaventura, obispo
(El Árbol de la Vida, 29-30)
Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuan grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!
Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna.
Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.
Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:
«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!
¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!
De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz.»
1
Tu amable Corazón
Este himno es una meditación sobre el corazón humano, donde se ha aposentado el corazón de Cristo, Más aún: Dios ha hecho del corazón humano, es decir, de mi corazón, su propio corazón. Sobre este doble gozne gira el himno.
El primero es, pues, lo que expresa el comienzo de la estrofa cuarta:
Lugar de lo posible, corazón, de todo amor vivido y toda guerra.
¿Hemos meditado hondamente en nuestro corazón, en mi corazón? Es el lugar de lo posible, de todo lo posible. En mi corazón hay escondido un criminal y un santo.
Pero la misma estrofa, nos da entrada a la revelación: a ti, pobre y sublime, en gracia pura del cielo en carne y sangre el Verbo llega. Justamente en este corazón mío, en lo más mío de mi mismo, se ha encarnado el Hijo de Dios, y éste es Jesús.
Tomamos, pues, la palabra “corazón” en ese sentido totalitario y simple que tiene el corazón en la Sagrada Escritura. El corazón es lo más acendrado del yo.
He aquí la admirable revelación de nuestra fe. Dios tiene corazón. Jesús es corazón de Dios; y Jesús es mi corazón. Adoremos y amemos.
Tu amable corazón, Jesús humano,
belleza de los cielos y la tierra,
se da en mi corazón, secreto tuyo,
más hondo que el saber de mi conciencia.
Es bello el corazón, por ti creado,
por ti habitado, vida verdadera;
al ritmo del latido cotidiano
mi vida fue contada por tus venas.
Penetro en lo más hondo de mí mismo
y busco en mis dominios mi riqueza;
mi humano corazón que en ti confina
me anuncia que eres tú quien me sustenta.
Lugar de lo posible, corazón,
de todo amor vivido y toda guerra,
a ti, pobre y sublime, en gracia pura
del cielo en carne y sangre el Verbo llega.
Ya puede el corazón, libre y ardiente,
alzar el vuelo en pos de su querencia;
¡oh Cristo, que conoces nuestros pasos,
la historia universal en ti se cierra!
A ti, Padre celeste, Padre santo,
cantamos el amor con voz perfecta;
recibe todo agrado por el Hijo
que ha puesto sus latidos en la Iglesia. Amén
Gea de Albarracín, monasterio de capuchinas, 2/VIII/1983
Nota. El himno tiene música de Fidel Aizpurúa, no publicada.
2
Tu Corazón despide fuego
Cada una de las seis estrofas de este himno – cada una de ellas con seis versos – tiene dos partes: los dos primeros versos y los cuatro siguientes.
En cada estrofa se comienza con una exclamación admirativa, que tiene su resumen en dos palabras: ¡tu corazón!
¿Qué será, pues, el Corazón de Jesús? Fuego, sacramento, paraíso, refugio, Espíritu.
Contemplemos, porque ya la contemplación no tiene límites: contemplación es lo que el Señor pone en nuestro corazón para ver las maravillas de su amor.
Tu Corazón despide fuego,
tu corazón.
Y un río humano de ternura
desde tu pecho roto llega,
que al hombre dulcemente inunda,
oh Cristo amor, Dios de mis venas.
Tu corazón es sacramento,
tu corazón.
Y son las siete fuentes vivas,
de ti salidas, las que riegan
la seca tierra de los hijos
y el santo huerto de tu Iglesia.
Tu corazón es paraíso,
tu corazón.
Al alba pura y a la tarde
en ti la voz del Padre suena;
no busque el hombre otra palabra,
que en ti la tiene, en ti, tan cerca.
Tu corazón es el refugio,
tu corazón.
El mundo pasa, gira y pasa,
tu corazón tan solo queda,
y a la hora suma del encuentro
tu corazón será mi puerta.
Tu corazón es del Espíritu,
tu corazón.
¡Oh sangre ardiente de Jesús,
oh Trinidad en nuestra Tierra,
oh Corazón del Padre, oh Cristo,
a ti el amor por siempre sea! Amén.
Jerusalén, 4 de junio de 1985.
3
Sagrado Corazón, Dios palpitante
La palabra nuclear de este himno es la que corona las estrofas: Sagrado Corazón. Es, pues, un himno a Cristo, el Señor, adorado como “Sagrado Corazón”. El Sagrado Corazón es para el cristiano síntesis plenaria de la fe desde la óptica verdadera: el amor. El amor encarnado hace la fe creíble. Esta es la palabra terminativa de Dios, la palabra que explica toda la historia de salvación. Los papas han hablado del Sagrado Corazón como la síntesis de toda la religión cristiana.
Si el amor mueve el sol y las estrellas (Dante), este amor de Dios palpitante es el amor que hace girar el universo, Sagrado Corazón.
En el pecho de Cristo ese amor es dádiva del Padre y es abismo del Espíritu de fuego. En este amor está todo Dios: La santa Trinidad aquí se vierte, que no hay nada divino ajeno al Verbo. Al mismo tiempo todo lo humano desemboca ahí: ni pena de los hijos de los hombres que de este corazón se encuentre lejos, Sagrado Corazón.
En el corazón de Cristo queda depositada toda la realidad divina y toda la vivencia humana. Verdaderamente el Corazón de Jesús es el encuentro, el abrazo, el anillo…; es el secreto de la fe. Aquí nos quedamos.
1. Sagrado Corazón, Dios palpitante,
Jesús, primer y eterno pensamiento,
y vida derramada sobre el hombre,
amor que hace girar el universo,
Sagrado Corazón.
2. En ese pecho, dádiva el Padre,
abismo del Espíritu de fuego,
perdón que nos anega dulcemente,
amor, beatitud y dulce cielo,
Sagrado Corazón.
3. El hombre y Dios, eternamente juntos
se estrechan al latir al mismo tiempo;
un mismo corazón cual Dios nos ama,
cual hombre ofrece nuestro ser sufriendo,
Sagrado Corazón.
4. La santa Trinidad aquí se vierte,
que no hay nada divino ajeno al Verbo,
ni pena de los hijos de los hombres
que de este corazón se encuentre lejos,
Sagrado Corazón.
5. Sagrado Corazón, amor invicto,
dulcísimo descanso siempre abierto,
rescate y redención de toda culpa,
herencia de la Iglesia, eterno precio,
Sagrado Corazón.
6. ¡Oh Cristo, que mereces todo amor,
a ti la gratitud y nuestro afecto!,
¡oh Cristo, por tu honor, que es nuestra gloria,
alienta con tu aliento en nuestro pecho!,
Sagrado Corazón. Amén.
RUFINO MARÍA GRÁNDEZ (letra) – FIDEL AIZPURÚA (música), capuchinos, Himnario de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990. pp. 171-174.
4
Amor de Dios de siempre y para siempre
Este himno (escrito ocasionalmente para un grupo de matrimonios), está hablando del amor, palabra sustituida en la doxología por su equivalente: “corazón”.
El amor es la palabra más bella del diccionario de los humanos y el único futuro de la humanidad. Pues… ¡cuando se considera que ese amor no es mero amor humano., sino el amor descendido y depositado en un corazón humano que simultáneamente es divino y es humano…!
¡Con qué razón decimos que el Corazón de Jesús es la síntesis de toda nuestra fe!
Amor de Dios de siempre y para siempre,
amor de Creador a creatura,
amor depositado en carne humana,
amor de Padre, pródigo en ternura.
Amor del Hijo amado que nos ama,
escrito paso a paso en su andadura,
sudado en las aldeas y caminos,
al lado del gimiente y de la viuda.
Amor hecho Evangelio en unos labios
y suave medicina que nos cura,
clemente compañía, firme báculo,
perdón que al perdonar jamás acusa.
Amor de amigo fiel, de amigo bueno,
de hermano y de maestro que asegura,
y férvido profeta que se encrespa
si el hombre fariseo a Dios se oculta.
Amor en donde el mundo nace nuevo
porque es amor que todo amor fecunda,
la fuente de la sangre y del Espíritu,
la copa deliciosa de la uva.
¡Oh corazón de Dios y de los hombres,
fundidos en tu pecho sin ruptura,
de ti, Jesús, por quien nos vino el cielo
de ti hasta el Padre nuestra tierra suba! Amén.
Logroño, Sagrado Corazón 1993.
5
Corazón palpitante del Verbo
La teología del Sagrado Corazón de Jesús, como síntesis de toda la religión cristiana, la expuso el Papa Pío XII en la encíclica Haurietis acquas (1956). El Corazón de Jesús es el encuentro del amor divino descendente, que en él reside, y del amor del Hombre, que en Jesús se recoge y asciende. Desde una cristología clásica expuso cómo en el Corazón de Cristo se concentra el amor.
“... con toda razón, es considerado el corazón del Verbo Encarnado como signo y principal símbolo del triple amor con que el divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres.
Es, ante todo, símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo, y que sólo en El, como Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco Y frágil velo del cuerpo humano, ya que en El habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente.
Además, el Corazón de Cristo es símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa.
Finalmente, y esto en modo más natural y directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos”.
Corazón palpitante del Verbo,
de Jesús en el seno del Padre,
sienta yo tus latidos divinos
y mi amor en tu amor se consagre.
Puro amor que de Dios descendía,
todo amor, que no había más grande.
Dios es nuestro, que es Dios en Jesús:
a Dios trino en Jesús adoradle.
Bello amor que hasta Dios ascendía,
holocausto de aroma fragante;
cuanto humano en el hombre es posible
en tu pecho era ofrenda agradable.
Corazón esperanza del mundo,
manantial siempre abierto y manante,
en la Cruz, el perdón derramado
y en el cielo el amor suplicante.
El amor desplegado en amores
todos juntos son vida en su sangre:
¡Amadores sedientos amad,
y volcad la pasión en amarle!
¡Corazón de Jesús, Dios y Hombre,
el encuentro y la paz celestiales,
gloria a ti, nuestra frente inclinada,
te adoramos con todos los ángeles! Amén.
Puebla, Sagrado Corazón 2009.
6
Tu Corazón rasgado es puerta abierta
El significado más profundo de este culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no sólo al conocimiento sino también, y sobre todo, a la experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio (cf. ib., 62). Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: están íntimamente relacionados. Por lo demás, conviene destacar que un auténtico conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de generosa disponibilidad. Partiendo de esta actitud interior, la mirada puesta en el costado traspasado por la lanza se transforma en silenciosa adoración. La mirada puesta en el costado traspasado del Señor, del que brotan "sangre y agua" (cf. Jn 19, 34), nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de allí proceden (cf. Haurietis aquas, 34 41) y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús.
La fe, entendida como fruto de la experiencia del amor de Dios, es una gracia, un don de Dios. Pero el hombre sólo podrá experimentar la fe como una gracia en la medida en la que la acepta dentro de sí como un don, del que trata de vivir. El culto del amor de Dios, al que la encíclica Haurietis aquas (cf. n. 72) invitaba a los fieles, debe ayudarnos a recordar incesantemente que él cargó con este sufrimiento voluntariamente por nosotros, por mí
(Carta de Benedicto XVI al prepósito general de la Compañía de Jesús en el 50 aniversario de la encíclica “Haurietis acquas”, Vaticano 15 de mayo de 2006) .
Tu corazón rasgado es puerta abierta
del infinito amor que allí palpita,
adéntrame, Señor, en la experiencia
que abrió la lanza cuando abrió la herida.
La roja y blanca brecha al corazón
amor sobre la muerte nos decía:
ya muerto estabas, pero aún sangrabas
los ríos del amor que no moría.
Nosotros adoramos tu costado,
la patria del amor que allí vivía;
costado de mi Dios, dulzura toda,
de un pobre buscador pura delicia.
Corazón de Jesús, conocimiento,
la casa de mi fe y teología,
hogar del mundo, llave de la historia,
el nuevo Edén de eterna paz y dicha.
Atráeme hacia ti y allá entraré
conságrame a tu carne sin mancilla,
y en esa comunión que tú deseas
permíteme morar ya sin salida.
¡Belleza de Dios trino y amor mío
la esposa amante alcance tu mejilla:
a ti la adoración y la oblación,
a ti el silencio, a ti la melodía! Amén.
Puebla, 18 de junio de 2009
7
El corazón descansa
(Soliloquio de meditación)
Este poema no es, como los anteriores, un Himno para la solemnidad del Corazón de Jesús. Es, más bien, una meditación en un retiro espiritual.
Ya sabemos aquello que escribió en el libro de sus Alabanzas, de sus Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1).
El corazón descansa
cuando descansa en Dios,
como flor que a los vientos da su aroma
como niño que al pecho se ha dormido;
Padre Dios, soberano Padre nuestro,
mar de mares y amor inconsumido.
El corazón es libre
cuando lo apresa Dios,
oh Jesús, mi Verdad alada y firme,
que te ciernes, paloma del olivo .
Por encima del mundo, victorioso,
con tu amor entregado a los amigos.
El corazón se lanza
cuando se quema en Dios,
Nazareno escondido y andariego
que predicas un reino amanecido,
defensor de indefensos, dios patente,
sentenciado y amante y dolorido.
El corazón es paz
cuando padece en Dios,
oh paciente Jesús, humilde siervo,
obediente mortal en tu camino,
que descubres mi anhelo y mi tormento,
tú, venido del cielo como Hijo.
Oh corazón creado
para vivir de amor,
rompe el nudo, desata la canción
y derrama tu grito enternecido:
¡Gloria a ti, la pasión de cielo y tierra,
oh Jesús, esperanza de los siglos! Amén.
Retiro en Estella, 26 septiembre 1997.
8
Del corazón de Jesús
(Año Sacerdotal)
La Congregación para el Clero, al darnos el logotipo de este Año Sacerdotal, nos ha dado en varias lenguas, la explicación y el mensaje:

“La iconografía corresponde a aquella del Sagrado Corazón, como hecho de que la Jornada anual de la santificación sacerdotal ha coincidido siempre, desde su institución, con la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es por eso que inmediatamente presenta el tema de la especfica santidad a la que es llamado el ministro sagrado.
La visibilidad del Corazón, que expande sus rayos, hace recordar la frase del Santo Cura de Ars, quien define el sacerdocio como “el amor del Corazón de Jesús”.
La estola, que reviste la figura de Jesús, lleva a considerar su Ser de Sumo y Eterno Sacerdote y el hecho de que todo presbítero debe constituir continuidad de aquel Único Sacerdote en la historia y entre las futuras generaciones.
Los brazos abiertos quieren manifestar la forma típica orante y de meditación, que son propias del sacerdote. Las llagas en las manos y en el costado, visibles en la figura del logo, recuerdan el único sacrificio redentor y quieren dar a conocer la satisfacción vicaria y la total entrega de sí, típicas en el sacerdocio. La actitud de acoger parece que quiere decir: “Venid a mi todos los que estáis cansados y oprimidos que yo os aliviaré”. Invitación consoladora para cada sacerdote, que sufre la fatiga del trabajo diario movido por la caridad pastoral, también en los campos más áridos y llenos de piedras y que, a su vez, muestra la misma actitud a favor de aquellos que le son cercanos, como de aquellos lejanos”.
(Fuente: www.annussacerdotalis.org).
* * *
La imagen del corazón de Jesús, nos lleva a la Cruz sobre el Calvario. Providencialmente allí estaban todos: María con los discípulos, los judíos y los gentiles, que eran los romanos. De aquel corazón manaba la gracia que se esparcía por todos.
Pues el Sacerdote está para llevar ese corazón al mundo.
1. Del corazón de Jesús
ha brotado el ministerio,
y de ahí el sacerdocio
es sangre, ternura y fuego:
del corazón de Jesús,
que quedó por siempre abierto.
2. Corazón, un sol de rayos,
que encienden el mundo entero,
nadie que humano se diga
a este amor es nunca ajeno:
del corazón de Jesús,
el horno del pan más tierno.
3. Esos brazos extendidos,
para el abrazo dispuestos,
son arco de bendición
que traen el don del cielo:
del corazón de Jesús
nacieron los sacramentos.
4. Manos abiertas llagadas,
que son su Alianza y sello,
para tocar y sanar,
y crear al hombre nuevo;
del corazón de Jesús
nació el Nuevo Testamento.
5. Sacerdote pobrecillo,
Sacerdote de su pecho,
el amor, solo el amor,
sea tu conocimiento:
del corazón de Jesús
aprende tu reglamento.
6. En la cruz estaban todos,
juntos en el mismo cerco,
los judíos y gentiles,
María con los primeros:
del corazón de Jesús
se vertía el Evangelio.
7. Sacerdote de su sangre,
de su perdón al extremo,
de su amor enloquecido,
de su infinito silencio:
del corazón de Jesús
nacía el latido eterno
8. Sacerdote con Jesús,
de su santísimo cuerpo,
sacerdote humildemente,
de todas las gracias riego:
del corazón de Jesús
sacerdote verdadero.
Puebla, 30 enero 2010.
9
Corazón a corazón
El amor descendente de Dios al hombre y el amor ascendente del hombre a Dios tienen un punto de encuentro. Es el Corazón de Jesús. Por eso, como dijeron los papas, es “el compendio de toda la religión cristiana”. Por eso es la llave de las santas Escrituras.
Queremos cantarlo en una exhalación de amor, hoy, Día del Corazón de Jesús; hoy y siempre.
Corazón a corazón
hablaba Dios a sus hijos;
Corazón es la palabra
que junta a los santos Libros.
Por su solo Corazón
el Sinaí fue encendido
y eran los Diez mandamientos
como diez dardos purísimos.
Las hojas de los Profetas
sangran del amor herido
y son de miel celestial
por el Esposo querido.
Y el Cantar de los cantares
es a morir un delirio;
es nuestro Dios verdadero,
que ya no cabe en sí mismo.
Es un misterio nupcial
cuanto fue dicho y escrito;
mas era como la sombra
anunciando a Jesucristo.
Y ya llegó el Corazón
por una virgen mecido,
Corazón que fue clavado
en el santo Crucifijo.
Corazón Eucaristía
para ser uno conmigo,
unidad que hace la Iglesia,
más que banquete de amigos
Corazón para decir:
¡oh Señor mío y Dios mío!
¡Bendita mi fe y tu amor,
Dios amante en quien confío! Amén.
Guadalajara, jueves, 27 de junio de 2019
10
Sagrado Corazón, amor de Dios
Lo que pretende la Iglesia al presentar la figura de Jesús como “Sagrado Corazón de Jesús” no es presentar “un aspecto” de la figura de Jesús, sino la totalidad de su persona y su mensaje, una síntesis que envuelve todo el Evangelio. Esto es la novedad y la grandeza de la revelación. Dios no es “amor” y otras cosas, sino “Dios es amor”. Ahí está todo Dios, el único Dios de la revelación cristiana.
Y este no es un Evangelio “light”, sino el Evangelio en toda su fuerza renovadora.
Soy libre, por la dignidad de Dios que me ha creado y puedo acoger que “Dios es amor”, o puedo rechazarlo. Si lo rechazara, tendría ante mí el “Anti-dios” (condenación).
Pero no es el caso, porque, por su misericordia, ni lo rechazo ni lo rechazaré.
Dios es Amor; Dios es mi Amor; Dios es el Sagrado Corazón. Es lo que queremos cantar.
Sagrado Corazón, amor de Dios
que todo se deshace y se derrama,
cubriendo como un velo nuestra tierra
que queda en este amor divinizada.
Sagrado Corazón, el Evangelio
de la verdad de Dios, que nos es dada;
el mundo exulta y canta agradecido
pues toda culpa en Cruz fue perdonada.
Sagrado Corazón, historia ardiente
que fuera, por ser nuestra, regalada;
Tú fuiste el Vencedor, y de tu mano
pasaste a nuestra mano esa tu palma.
Sagrado Corazón, nuestro futuro,
la brújula segura que nos marca;
la patria del amor es nuestro hogar,
la luz de la victoria es nuestra carta.
Sagrado Corazón, nuestra confianza,
que eres y serás nuestra alabanza,
¡el celo y tierra, unidos en tu pecho,
por Ti en la Trinidad su gozo cantan! Amén.
Alfaro (La Rioja), 27 junio 2019,
primeras Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón.
11
La hermosa Creación, de Dios espejo
“Esta verdad fundamental nos permite entender cómo el Corazón de Jesús es el corazón de una persona divina, es decir, del Verbo Encarnado, y que, por consiguiente, representa y pone ante los ojos todo el amor que El nos ha tenido y nos tiene aún. Y aquí está la razón de por qué el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana. Verdaderamente, la religión de Jesucristo se funda toda en el Hombre-Dios Mediador; de manera que no se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo que El mismo afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Jn 14,6).
(Pío XII, Haurietis acquas [1956] n. 29)
La hermosa Creación, de Dios espejo
se ha hecho toda entera Corazón,
Corazón de Jesús en una Madre,
Misterio virginal de Encarnación.
Y todo el pensamiento de Dios trino
en un latido humano se encerró:
el Evangelio hablaba en cruz muriendo,
diciendo la verdad: Dios es amor.
La historia que recorre la Escritura
y paso a paso es revelación,
una cosa por todas revelaba:
que amor de Dios es todo amor pasión.
Corazón de Jesús en mí volcado,
abrazo de ternura y de perdón,
adéntrame muy hondo en tu espesura
que quiero ser profeta de tu don.
Tú eres la alianza nueva, eterna,
la fe total, mi paz, consolación;
en ti mi eternidad descansa ya,
que en ti mi vida es consagración.
¡Corazón de Jesús, cantar de Dios,
a ti la gratitud, la adoración,
unidos cielos y tierra en alabanza,
bajo tu mano alzada y bendición! Amén
Madrid, Jesús de Medinaceli, Sagrado Corazón de Jesús, 19 junio 20
12
Corazón de Jesús, sagrario abierto
Corazón de Jesús, sagrario abierto,
que amor y solo amor está manando,
esas olas invaden ya mi vida
y son mi sanación y mi descanso.
La Iglesia dolorida, arrepentida,
está purgando, triste, su pecado;
cayado es la verdad que nos conduce,
no te apartes, Señor, de tu rebaño.
Corazón de Jesús, misericordia,
de todo pecador caricia y paño,
eres la puerta abierta para todos,
acogida cordial, jamás rechazo.
Corazón de Jesús, futuro cierto
de una Iglesia, amor de tu costado,
humildes, pobrecillos, con confianza,
en ese Corazón nos refugiamos.
La Iglesia eternamente te celebra
y acepta al mundo entero como hermano;
que seas tú el abrazo que nos une,
primicia ya del gozo que esperamos.
¡Ascienda nuestra ofrenda a tu mirada,
y llegue a ti, Señor, el solo Santo,
a ti la gloria, santo Redentor,
que por siempre nos has santificado! Amén.