sábado, 25 de junio de 2022

1778. Dom XIII, C – Seguir a Jesús como Dios de mi vida

 


Seguir a Jesús como Dios de mi vida

Lc 9,51-62

 

Texto:

51 Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. 53 Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. 54 Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». 55 Él se volvió y los regañó. 56 Y se encaminaron hacia otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». 57 Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». 59 A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». 60 Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». 61 Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». 62 Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

 

Hermanos:

1. El Evangelio de Lucas, o el tercero de los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), es el Evangelio que vamos leyendo este año, siguiendo paso a paso la vida de Jesús.

Cada Evangelio tiene sus características propias. San Lucas, en determinado momento, da un giro a su narración, y nos presenta a Jesús con una decisión y un camino. Es el primer versículo de la sección que hemos proclamado. Dice ele escritor sagrado: 51 Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Un lenguaje que ciertamente nos sorprende. “Los días en que iba a ser llevado al cielo”. La vida de Jesús es un viaje – como la de todo ser humano – pero el viaje de Jesús es del todo especial, porque ha sido el viaje de la Encarnación. Jesús, como Hijo de Dios encarnado, ha venido del cielo y ahora vuelve al cielo. Un modo de hablar muy plástico que, con palabras muy expresivas alude al misterio pascual de Jesús, el Señor. Jesús, cuando termine su viaje, va a ser levantado al cielo; de hecho, lo último que describe este Evangelio, después de la muerte y resurrección, es justamente esto. “Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo” (Lc 24. 50-51).

En el Evangelio de san Juan también se nos habla, en la Cena, de este viaje de la Encarnación: “Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Jn 16,28).

Jesús, pues, en un momento decisivo de su vida se encamina hacia Jerusalén. Jesús arrostró este viaje, dice el texto sagrado; Jesús sabía perfectamente que era el viaje de su martirio. Ya toda la secuencia del Evangelio va a llevar la impronta de esta decisión y de este viaje, todo lo que ocurre hasta la muerte, está bajo el signo y el significado de esta decisión tomada en firme.

 

2. La primera escena es el rechazo de los habitantes de una aldea de Samaría. Aquellos samaritanos no quisieron recibirle, darle el hospedaje que se da a todo peregrino, porque iba camino de Jerusalén, y hay una vieja hostilidad entre samaritanos y judíos.

El celo de los apóstoles quiso explotar, pero Jesús los detuvo. Dejamos la consideración que podríamos hacer para centrar en lo que sigue, que es un cuadro de tres escenas de seguimiento, y que nos abren los ojos para que comprendamos exactamente qué es seguir a Jesús.

Seguir a Jesús no es seguir a un líder, como se puede seguir al fundador de un partido. Yo, como ciudadano puedo afiliarme a un partido, consagrar mi vida y economía a esta causa, pero no hay nadie en el mundo que pueda pedirme lo que Jesús me pide como discípulos suyos.

Es que, en realidad él está hablando como Hijo de Dios, al que se debe todo, exactamente igual que a Dios. Veámoslo cómo lo dice Jesús  plásticamente.

 

3. El primer caso: «Está dispuesto a compartir la carencia de todo seguiré adondequiera que vayas». 57 Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

El sentido es este: El Hijo del hombre, con ser el Hijo del Hombre, es decir el que viene sobre las nubes del cielo, como lo vio el profeta Daniel, para inaugurar su señorío, el Hijo del Hombre, este Hijo del hombre, que es Jesús, no tiene en la tierra lo que tiene un animal del campo: no tiene un sitio donde dormir, no tiene donde reclinar la cabeza. No tiene otro tesoro que Dios mismo.

Un auténtico seguidor de Jesús, un cristiano de verdad, está dispuesto  a compartir la carencia de todo, y a no tener en esta vida más tesoro que a Dios.

No queramos  rebajar la sublime calidad de las palabras de Jesús, diciendo que en otra ocasión dijo lo contrario: que el que haya dejado todo por seguirle a él tendrá, incluso, en esta vida ciencia veces más.

Jesús afirma de manera taxativa, como criterio de vida, que su seguidor tiene que estar dispuesto a dar el todo por el todo. Eso solo lo puede pedir Dios mismo. Este, y no otro, es el baremo del verdadero seguimiento.

 

4. El segundo caso de seguimiento es el siguiente: A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

De modo igual, la respuesta de Jesús resulta tremendamente dura, y se diría que desagradable: Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¿Es que la vida familiar no comporta también sus debidas obligaciones? También aquí podríamos invocar otras frases del Señor que parecen decir lo contrario. Recordemos aquella sentencia contra los escribas y fariseos: “10 Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. 11 Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: Los bienes con que podría ayudarte son corbán, es decir, ofrenda sagrada”, 12 ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; 13 invalidando la Eliseo de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes». Dios es el absoluto de la vida, no la familia.

 

5. Y hay un tercer caso, que suena también estridente: despedir a la familia y luego seguir a Jesús, como había hecho Eliseo para seguir al profeta Elías, como refiere la primera lectura de hoy. Jesús sentencia: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios.

 

De todo esto, hermanos, ¿qué se desprende?

Que Jesús, a quien recordamos y a quien celebramos, se sitúa en la categoría de Hijo de Dios y que a él debemos la consagración plena de nuestra vida. Reconocemos que de él nos ha venido todo bien, y muy a gusto le entregamos todo cuando él nos lo pida. No hablamos de categorías o clases de discípulos. Hablamos del discípulo sin más, del que ha quedado fascinado por Cristo y a él entrega, como discípulo, su vida entera.

 

Le miramos a él, fijos los ojos en quien inicia y concluye nuestra fe.

Señor Jesús, gracias por tus palabras, que son liberación, plenitud y futuro. Concédeme la gracia de ser gozosamente discípulo tuyo con todlas las consecuencias. Amén.

 

Guadalajara, Jalisco, sábado 25 junio 2022.

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