Proclamad el
Evangelio a toda la creación
En
este Sábado de Pascua el Evangelio del día nos muestra tres cuadros de
apariciones en San Marcos (Mc 16,9-15): a María Magdalena, emblema de amor para
la Iglesia; a dos de ellos, caminantes, “en figura de otro”; y a los Once a la
mesa.
La palabra final de Jesús es la
proclamación del Evangelio a todos los hombres, sí, e incluso a “toda la
Creación”. El Universo, creado por Dios, es evangelizado por el anuncio de
Cristo, que llevamos los cristianos. La Iglesia ha afinado su sensibilidad
cuando, de modo reciente, tanto nos ha insistido en que, por ser bautizados, al
ser discípulos somos misioneros: discípulos y misioneros.
Somos cooperadores de la misión que Jesús
ejerce en el cielo. La última palabra de la Oración de la Cena, epíclesis de la
Pasión del Hijo, es esta: “Les he dado a conocer y les daré a conocer tu
nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos” (Jn
17,26).
Y la última palabra del Evangelio de
Marcos, la firma de toda la obra, palabra que llega hasta nosotros, es esta: “Ellos
se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la
palabra con las señales que los acompañaban” (Mc 16,20).
“Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
a toda la creación” (Mc
16,15)
Proclamad el Evangelio
a toda la creación:
Jesús ha resucitado:
Él es paz y salvación.
Discípulo y misionero
es esa mi vocación:
ser mensajero del Reino,
ser testigo de su amor.
Una familia es el mundo,
uno solo el Creador,
y hermanos todos nacidos
para crear comunión.
Desde que Dios ha pensado
ser nuestro en la
Encarnación,
por nuestras venas
circula
sangre de su corazón.
Y al mundo entero
queremos
abrazarlo con pasión:
cielo, tierra y universo,
ungidos de redención.
¡Salve, Jesús victorioso,
que eres ternura y
perdón,
y en el Espíritu Santo
gozo infinito de Dios!
Amén.
Madrid,
Viernes de Pascua, 17 abril 2020.
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