jueves, 13 de julio de 2017

972. Domingo XV A – Jesús nos abre con las parábolas los misterios del Reino



Jesús nos abre con las parábolas los misterios del Reino
Mateo 13,1-23

Texto del Evangelio
Mt13 1 Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. 2 Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. 3 Les habló muchas cosas en parábolas:
 «Salió el sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; 6 pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. 7 Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. 8 Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. 9 El que tenga oídos, que oiga».

10 Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11 Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. 12 Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 13 Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 14 Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; 15 porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. 16 Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. 17 En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18 Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: 19 si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. 20 Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21 pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. 22 Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. 23 Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Hermanos:
1. Avanzando en el Evangelio según san Mateo, hoy hemos llegado al capítulo de las parábolas, el capitulo 13, que recoge una colección de ellas, si bien las parábolas se desparraman también por otros pasajes.
No hay duda de que las parábolas pertenecen a la pedagogía de Jesús. Son inventos de su arte y poesía, y son parte de este estilo personal de estar en la vida, ver en la vida el misterio de Dios y anunciarlo y explicarlo desde la vida. Las parábolas son revelación. Pero ocurre que lo que para unos puede ser revelación para otros resulta ocultación y enigma.
Tantas veces hemos explicado las parábolas, y ésta en concreto de hoy sobre los cuatro terrenos en que puede caer la semilla de la palabra divina. ¿Cuál de esos soy yo? Porque es cierto que la Palabra de Dios, ayer, hoy y siempre…, siempre ha de encontrar la tierra buena, siempre. Esto, sin duda, ha consolado y fortificado a Jesús: sus sudores no han sido en vano.

2. Con esto por delante, hoy vamos a detenernos en esos versículos que encontramos entre la parábola y su explicación.
A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
A nosotros se nos ha dado el conocer los secretos del Reino. Es gracia, no es conquista. El que nos ha dado esta gracia tampoco es Jesús; es el Padre. El Padre, a través de su Hijo, que es el que nos está hablando.
Dios nos ha dado el Reino y el conocimiento de los secretos del Reino, de ese mundo de Dios, cuyas llaves están en manos de Dios.

3. Esto ha llenado de alegría a Jesús. Y nos ha dado una bienaventuranza sorprendente, que no existe en otro lugar del Evangelio, cuando se expresa con esa frase tan original: bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.
Esos ojos, esos oídos… ¡dichosos esos ojos que están viendo a Dios!, ¡dichosos esos oídos que están escuchando a Dios!
Ya sabemos que ni los ojos ni los oídos son dichosos, sino las personas que tienen esos ojos y oídos; pero Jesús se deleita fijándose en esos ojos, en esos oídos, que están en comunicación con el mismo Dios revelador…
Es divino que Jesús hable con este lenguaje tan humano para expresar las cosas de Dios.

4. Entonces Jesús nos compara con los profetas y con los santos del Antiguo Testamento para decirnos que somos más felices que ellos: En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Los profetas ya sabemos quiénes son; los “justos”, como siguen llamando hoy los judíos, son los santos, los hombres y mujeres más celebrados en la Biblia. Nosotros, yo por ejemplo, somos más afortunados que todos ellos. No podemos envidiar a nadie, porque lo que nos ha tocado en suerte es más hermoso que lo que ellos recibieron.
Ellos recibieron las promesas; nosotros, la realidad de aquellas promesas. Nosotros hemos recibido el Evangelio, y el Evangelio vale más que todas las profecías.

5. En el Evangelio están los secretos de Dios, y eso es un don que se nos ha regalado para disfrutarlo. El Evangelio es la comunión con Dios.
El tiempo ha corrido, nos hemos hecho mayores, y a la otra parte de los mares y aquí en Europa, cuando regresamos a nuestras raíces para compartir familia, amistades, recuerdos… vemos que todo ha cambiado vertiginosamente aquí (también allí), como jamás en la juventud lo hubiésemos imaginado.
¿Quién entiende esto? ¿Cuál va a ser el rumbo de la Iglesia, de la familia, de la cultura que hoy quiere imponerse? ¿Cómo es esta nueva era de la humanidad, que ya ha comenzado?
Y he aquí que, repentinamente, como un milagro viene la palabra de Jesús: A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
No es la palabra fanática de un líder religioso. Es la palabra del Hijo de Dios que la quiere traspasar a nuestros corazones, para darnos confianza y esperanza. Podemos entenderle a Dios, y si a Dios se le entiende…, hay esperanza, porque él es el único dueño de la Historia, y el que de verdad está obrando en lo oculto.

6. Señor Jesús, tú nos has explicado el Reino de Dios tu Padre por las parábolas, y ahora nos dices que tenemos unos ojos dichosos y unos oídos dichosos, porque vemos a Dios y escuchamos a Dios. Aceptamos tus palabras. Con humildad, sin fanatismos, queremos entender la vida desde Dios, tu Padre y nuestro Padre, y confiar en que tú eres nuestra victoria. Amén.

Pamplona, 14 julio 2017

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