6 - Una alegría muy pura
Una alegría muy pura
que viene de la
fontana;
es muy bella y luminosa
limpia como el agua
clara.
Es humilde y muy
sencilla
y como el mar dilatada,
grande cosas muy
pequeñas,
grande como un galaxia.
En la pupila se esconde
y enciende toda la
cara;
habita en el
pensamiento
y en los labios se
derrama.
Alegría profecía
que el Evangelio
proclama,
y va diciendo en las
calles:
Soy la Alegría de
Pascua.
Esa Alegria eres tú,
Jesús que, al morir,
nos salvas,
y cautivos de tu cuerpo
nos llevas a nuestra
patria.
Oh Jesús, belleza y
gozo,
de la mesa preparada:
recibe nuestra Alegría
como celeste alabanza.
Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 2 de abril de 2019,
59°
aniversario de la Ordenación Sacerdotal.
7 - Fue Pascua al corazón
María es la Madre… no es apóstol; no es
testigo; No es anunciadora del Evangelio. Su misión transciende todos estos
sevicio. Es la Madre.
Desde esta perspectiva teológica “no
cuadra” (es nuestro humilde sentir de pesador de la fe) la aparición a la
Virgen. La aparición es para los testigos. María queda en otro rango sin
comparación superior. Es la creyente que ha engendrado la Vida, la creyente
fiel hasta el Calvario.
Y siendo así, los espirituales intuyen
una intimidad no teologizable del Resucitado, Hijo, con su Madre.
San Ignacio de Loyola, al pasar a la
cuarta semana comienza: “La primera contemplación como Christo nuestro señor
aparesció a nuestra Señora…”. La gracia de esta “contemplación” (no meditación)
será: “demandar lo que quiero, y será aquí pedir gracia para me alegrar y gozar
intensamente de tanta gloria y gozo de Christo nuestro Señor”. ¿Cómo entrar en
estos misterios: “considerar cómo la Divinidad, que parescía esconderse en la
passión, paresce y se muestra agora tan miraculosamente en la sanctíssima
resurrección, por los verdaderos y sanctíssimos effectos della”. Incluso el
santo maestro espiritual se atreve a añadir un punto final: “El quinto: mirar
el officio de consolar, que Christo nuestro Señor trae, y comparando cómo unos
amigos suelen consolar a otros”. (Véase Ejercicios
Espirituales 218-225).
En este poema de oración queremos
contemplar lo que no se puede ver: cómo Jesús, en fe, llena del corazón de su
Madre. Remarquemos que es en fe y solo en fe; en esta vida las apariciones son
objeto de fe, y también la aparición de Jesús a su Madre. Decimos: “Fue pascua
al corazón”
(Nota. Los versos son heptasílabos).
1. Fue Pascua al
corazón
la Pascua de la Madre:
nunca nadie la supo,
que nadie la profane.
2. Una fe sin palabras,
misma fe sin imágenes,
fe por siempre
escondida
hoy la fe del remate.
3. La que estaba en la
cruz
hoy lo siente
triunfante,
es mi hijo y mi amado,
hoy más mío que antes.
4. Del coloquio dulcísimo
que ella sola lo sabe,
la saciada de amor
es creyente más grande.
5. Ya la ruta comienza
de la Asunta del valle;
cielo y tierra se
elevan
con la Virgen orante.
6. Mi Jesús invisible,
haz brilla mi
semblante,
tuya soy y eres mío
por edades de edades.
7. ¡Gloria a Cristo
surgente,
gloria a Dios, nuestro
Padre;
y María interceda
con amor suplicante!
Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 3 de abril de 2019.
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