Está en medio de vosotros
Muchas veces hemos dicho: No hay una forma de celebrar la Misa – ni ha habido, ni hay, ni puede haber – que recoja la inmensidad del misterio de la Eucaristía.
Jesús nos dice en el Evangelio de hoy (Lc 17,20-25), al preguntarle ¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?: Mirad, el Reino de Dios está en medio de vosotros.
Jesús, que anuncia el Reino de Dios, él mismoe s el Reino de Dios: su vida, sus obras, sus palabras. La Comunidad que Jesús deja en la tierra, que es la Iglesia, es Reino de Dios. La Iglesia ha sido, es y será Reino de Dios. Pero el Reino de Dios, siendo Iglesia, transciende de la Iglesia. La Iglesia Católica del Imperio, del Medievo, del Renacimiento, de la era moderna ¿era Reino de Dios? Era Reino de Dios igual que la Iglesia Católica de hoy, con todos sus defectos y miserias, de las que yo soy parte. Llegará un día en que la Iglesia dejará de ser Iglesia, y no habrá otra realidad que el Reino de Dios. Mientras tanto en “esta Iglesia”, de la que yo, pecador santificado, soy parte, lucho y trabajo contemplando su belleza infinita que le viene de Jesús, que es quien la preside.
Esa Iglesia de Jesús está en medio de nosotros, y yo también soy esa Iglesia.
Está en medio de vosotros
el Reino que yo he traído;
está y siempre ha de estar,
siempre abierto y escondido.
No busquéis fuerzas ni imperio
para extenderlo y vivirlo,
que, al fin, poderes humanos
acaban por oprimirlo.
Dios es santo y es de todos,
que a todo nos llama hijos,
y por todos ha enviado
al que es Único y Bendito.
El reino de Dios está
donde están los dos unidos,
y el Espíritu con ellos,
Amor que une indiviso.
Dios reina y la tierra goza;
todo es suyo, que Él lo hizo,
y el remate de su obra
es sentirlo y proferirlo.
Dios es Rey omnipotente,
Dios es Padre amorosísimo;
y entrar en sus posesiones
es su regalo divino
Él ejerce su reinado,
si aceptamos su dominio,
y con alma y corazón
en sus planes le servimos.
Dios es Rey, y solo Él,
y amar es su poderío;
para entrarnos a su mesa
envió al Hijo querido.
Entre vosotros está,
porque vive y está en activo,
que si Dios no trabajara,
sería un inserte ídolo.
Vivo mi Dios en mis días,
lanzándome en mi camino,
su Reino vive en mi vida,
que de Él todo recibo.
Y voy tejiendo de amor
el Reino que yo predico:
sea fuente de parábolas,
de anuncios jamás oídos.
Soy esa Iglesia, Jesús,
santos y santas que admiro,
Iglesia donde tú reinas,
Reino de Dios prometido.
Y este Reino germinal
anuncia el definitivo,
cuando vengas en tu Día
para reinar por los siglos.
Mas primero has de sufrir
en el terrible suplicio,
y la Cruz será tu cetro
para nosotros, testigos.
Rey de amor y de dulzura,
mi Jesús, meta y camino,
reina ya en los corazones
de quienes Dios te decimos.
Rey vencedor del Calvario,
tú nos ves cuánto sufrimos,
reina al norte, reina al sur,
y haznos ver tus bellos signos. Amén.
Madrid, 11 nov. 2021 (San Martín de Tours).
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