Vivir en trance de amor
Este poema espiritual quiere continuar los anhelos expresados en la rima anterior, que era una “Rima de la fe”, en torno a la escena del Evangelio dominical: Y se admiraba de su falta de fe.
Los versos que me atrevo a pronunciar requieren una contextualización. Jesús es alguien que fue y que existe, que actúa, que da sentido a mi vida, al grado que sin él yo no soy yo. Él es consustancial a mi vida, a mi existencia pasada, presente y futura. Hablando de esta manera absoluta y mística, sin remedio ya me estoy definiendo. Alguien me dirá: Ya estamos fuera de pista; ya no podemos dialogar, porque yo no creo en ese planteamiento que condiciona toda tu capacidad de reflexión. Quizás no podemos dialogar para caminar en paralelo, pero s´çi podemos escucharnos.
Yo no puedo pedir que se me acepte lo que voy a decir; solo pido que se me escuche, del modo como yo estoy dispuesto a escuchar a quien piense lo contrario.
Entiendo que para acceder a Jesús hay tres puertas, porque hay tres planos diferentes de conocimiento, y, por lo tanto, hay tres posibilidades de encuentro.
Primer nivel: Encuentro con el Jesús de la historia
- Quién fue Jesús de Nazaret.
- Qué pensó de sí mismo
- Qué hizo en los días de su vida
- Qué enseñó
- Qué dejó en herencia.
En suma, conocimiento histórico de Jesús, parcial, y condicionado por los documentos que lo han transmitido.
Segundo nivel: Encuentro en el plano de la fe por medio de la teología
Y aquí nos enfrentamos a dos modos, dos vías que no deben bifurcarse, pero que, a lo mejor, de hecho, se bifurcan:
La primera: Jesús y Dios. Es decir, Dios de Dios, Dios verdadero, de Dios verdadero.
La segunda: Jesús y el hombre. Es decir, Jesús respuesta al hombre, liberador del hombre, clave del hombre actual, clave de la historia y del proyecto humano.
Tercer nivel: Sin negar nada de lo anterior: Jesús y yo, MI JESÚS,
Jesús, centro de toda la Realidad existente, que en alguna parte existe y, si existe se relaciona y actúa, llega hasta a mí y cabe un encuentro con él. Es decir, Jesús, real y existente, presente y viviente, actuante, explicación y clave de mi existencia, de mi presencia, de mi futuro. Jesús de mi intimidad y de mi relación. Jesús, MI JESÚS, mi Amor.
Y aquí caben dos vías: la vía de la intimidad, con todo el subjetivismo que configura mi ser; y la vía de la celebración, esto es: Jesús de la Iglesia, Jesús del bautismo, Jesús de la Eucaristía, Jesús del perdón, Jesús de mi muerte.
Pero estas dos vías, con sus vivencias específicas, las puedo concentrar en algo único e indemostrable: JESÚS, MI AMOR, que es igual a MI JESÚS.
Desde ahí está compuesto este poema, como una aspiración.
Vivir en trance de amor
es el sentirlo presente,
que no se puede quitar
amor que te envuelve y hiere.
No es razón de razonar,
si la carne se enternece;
no es un vuelo por galaxias
adonde intenta la mente.
Es presencia de tocar
con el alma dulce y tenue,
es dejarse acariciar
los anhelos que florecen.
Tiempo, materia y espacio
juntados no lo contienen,
que es más real por ser él
para llamarle y que entre.
Es palabra sin palabras
que en su silencio se entiende,
es paz sin guerra y victoria
que ella sola se establece.
Es broche de la Escritura
en un silencio elocuente,
el sí que derriba dudas
y me dice: Solo cree.
Es mi hoy y eternidad
cuando mis ojos se cierren.
Yo te amo, mi Jesús,
y dame lo que tú eres. Amén.
Madrid, 5 julio 2021
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