sábado, 10 de julio de 2021

1619. Iglesia de los Apóstoles. El juglar del Evangelio

 

La Iglesia de los apóstoles

 

Algo muy profundo está ocurriendo en la Iglesia, que en silencio hiere el corazón. El panorama estadístico de Europa, ámbito de nuestra tradición, donde surgió y creció nuestra fe, es desolador, lo mismo en el mundo católico que protestante. ¿Hacia dónde caminamos…? Cualquier pronóstico es una aventura.

El asunto es mucho más recio, si desde nuestra circunstancia, lo trasladamos a Jesús. Él, enviado a las ovejas de su pueblo Israel, ¿fracasó en su tiempo y sigue fracasando veinte siglos después? Para Pablo fue un problema de primera categoría. No fracasó, dice Pablo dando un salto a lo infinito (Rom 9). Estadísticamente, sí; pero no fracasó.

Y enviado al mundo entero, ¿qué representa el Evangelio en el panorama religioso de la Familia humana? Seguimos siendo una porción menor.

Proyectándonos hacia el final ¿hemos de pensar que la estadística final del mundo ha de ser una estadística cristiana? No parece que la Fe nos obligue a estos cálculos. Y entonces surge la pregunta: ¿Y Dios no ha fracaso en sus proyectos al dar al mundo hijos, que no saben en efecto cuál es su Padre?  Dios no ha fracasado en la creación; no puede fracasar, por lo tanto, el planteamiento hay que redimensionarlo con otra teología. Estamos en el misterio, y la Iglesia es portadora de este misterio. Este Juglar del Evangelio algo quisiera decir, sin saber exactamente cómo, al leer este Domingo en Evangelio de la misión de los Apóstoles por Jesús en los días de su vida.

 

La Iglesia de los Apóstoles

no necesita riquezas,

porque es la Iglesia que el Padre

ha criado y la alimenta.

 

La iglesia de los apóstoles

está en crisis y está enferma…,

y acaso se encuentre así

por mi anemia y mi tibieza.

 

La Iglesia de los Apóstoles

no necesita profetas,

si Jesús lo ha dicho todo

y ya no hay palabra nueva.

 

Sí necesita testigos –

- me crean o me no crean –

y  que mi vida demuestre

que la Iglesia es la belleza.

 

La Iglesia de los Apóstoles

no necesita grandezas,

monumentos, mausoleos

y Estados que la sostengan.

 

No necesita estadísticas,

números de pertenencia,

para mostrar que Jesús

ha vencido en su tarea.

 

Es un pequeño rebaño:

rebañito, ¡qué terneza,

cuando así hablaba el Señor,

quitando nuestra tristeza.

 

Si es Iglesia del Espíritu,

que está presente y que vela,

necesita sus carismas

fuertes por dentro y por fuera.

 

Necesita de esa unción

que suaviza toda pena,

y que da dulzura y paz

y que toda el alma llena.

 

Necesita la Palabra

que por sí sola convenza,

necesita solo Amor

que es la prueba verdadera.

 

Si es Iglesia del Espíritu,

necesita fortaleza,

que el camino de la cruz

es dura, empinada cuesta.

 

Y pide solo Evangelio,

que nunca agota su esencia,

Evangelio noche y día

en sueños, manos y lengua.

 

Con humildad infinita,

como Jesús nos enseña,

con valentía mortal,

si la ocasión se presenta.

 

Que es la Iglesia compasiva

de todo mal y dolencia,

aceite y misericordia

porque es divina Enfermera.

 

Iglesia samaritana,

que cura y heridas venda,

y que tiene corazón

y a hacer milagros se apresta…

 

En esta hora turbada,

Dios de mis gozo y penas,

enséñame lo que nadie

me puede enseñar de veras.

 

Oh Dios de la Historia santa,

Dios del tiempo y de la espera…,

tenme firme y confiado

en los brazos de tu Iglesia.

 

Soy yo Iglesia enviada

en los años que me quedan,

y mientras dure mi vida

guardaré esta encomienda.

 

Misionero de Jesús,

misionero con su entrega,

la mies ya grana y es tanta

que oramos Dios intervenga.

 

Que él envíe misioneros,

no se pierda la cosecha,

no somos conquistadores

solo cogemos la siega.

 

Doce fueron los primeros,

los siguientes en la brecha;

tú, Jesús, desde tu Pascua,

actúa como tú quieras. Amén.

 

Madrid, sábado 10 de julio de 2021.

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