martes, 27 de julio de 2021

1630. Soliloquio de comunión. El juglar del Evangelio

 Solo una cosa te pido


En los textos de hoy (martes semana XVII) leemos: “El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo” (Ex 33,14). ¡Qué hermosa definición de la oración!

Y en el Evangelio (Mt 13,36-43): “Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: Explícanos la parábola de la cizaña en el campo… Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno…”

Hay cizaña, sin duda; una profunda crisis nos atraviesa, si bien es verdad que la Belleza que v sembrando Jesús, la Verdad, el Amor, en una palabra, supera el pecado y el desconcierto que nos aflige. He aquí los anhelos del corazón que busca en medio de la turbación.

 

Solo una cosa te pido

a Ti, la pura Presencia:

sentirte que eres Verdad

y arrebatas mi conciencia.

 

Ser transformado en amor

de los pies a la cabeza,

sentir que Alguien, que es todo,

me ha perdonado y me llena.

 

Me acojo al mero Evangelio

y no apetezco otra ciencia,

que tampoco ciencia quiero

sino ser de quien me quiera.

 

Mas quererme solo Uno

en el cielo y en la tierra,

y es Jesús a quien yo busco,

a morir en la faena.

 

No puede ser alboroto

la vida que me rodea,

no vivo a gusto, Dios mío,

oyendo solo peleas.

 

Busco dulzura y ternura,

no banquetes en la mesa,

no llamen fraternidad

a tele, bromas y escenas.

 

Que sí, que el amor festivo

pide, sonrisas y fiesta;

pero se nota…, se nota,

si es verdad o es apariencia.

 

Busco palabras de amigo,

que a los dos nos interesan,

¡ay del helado silencio

que enferma de indiferencia!

 

Pero a ti vengo, Jesús,

cual si otro no existiera,

y no es una fuga mía,

que es hallazgo del que encuentra.

 

En crisis nos encontramos,

que es dolorosa pandemia,

y yo soy parte contante…,

yo que digo darme cuenta.

 

He renunciado a la crítica,

y me atrevo a ser profeta,

profetizando a mí mismo:

¡Hipócrita, penitencia!

 

Sí, Jesús, mi intercesor,

dame ojos de poeta,

para ver como vidente

que tu obra es de bellezas.

 

Bellezas voy descubriendo

a cada paso en tu Iglesia,

que si mucha es la cizaña

mucho más es la cosecha.

 

Eres Belleza infinita

y quiero perderme en ella;

que cada vez que comulgo

yo me la coma y la beba.

 

Y ahíto del Bello Amor,

amor por Amor devuelva,

que solo el amor remueve

el Sol y demás estrellas.

 

Oh Paz de los corazones,

Soñador de Galilea,

hazte presente en mi alma,

y pon en orden esta Aldea. Amén.

 

Madrid, 27 julio 2021.

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