lunes, 5 de marzo de 2018

1053. Pláticas cuaresmales 2018 - I. Ante Jesús, mi Salvador: Yo necesito ser salvado





Primera plática
Ante Jesús, mi Salvador: Yo necesito ser salvado




Subimos a Internet estas “Pláticas cuaresmales”, pensando en las personas que nos escuchan en la iglesia, para que, si lo desean, ´puedan volver en su reflexión sobre el mensaje anunciado. Y si otras personas lo quieren leer y les sirve, ¡sean beinvenidas!


Bajo la dulce mirada de Jesús
Iniciamos nuestra predicación cuaresmal, escuchando un texto de san Marcos: El episodio del hombre rico que generosamente quiere más y hace un planteamiento de vida a Jesús, según la narración de san Marcos 10,17-30.
Leemos este pasaje, no para hacer la exégesis del texto, para que estar reflexión esté apoyada, fortificada por la fuerza que emana de la palabra de Dios.
He aquí el caso de un hombre “bueno” y leal, que busca algo superior en la vida. Una escena bella…, que nos introduce, por otra parte, en lo que puede ser el drama de la vida. Jesús “lo amó”, lleno de complacencia, y aquella mirada primera fue una mirada de agrado, de amor reposado, de felicitación. Pero el encuentro resultó frustrante. El hombre no fue feliz.
Y prosigue el relato con palabras de Jesús y dos miradas, y esas miradas son tan importantes como sus palabras. Miradas penetrantes que revelan los sentimientos de Jesús.
Quisiéramos, al final de estar reflexión, obtener una mirada de Jesús: dejarnos mirar por él, con una mirada de acogida, de benevolencia, que nos dé plena seguridad.


I. De entrada:
El plan que se nos propone desde la Vicaría de pastoral de la arquidiócesis
y algunas aclaraciones

Hermanos:
Una vez más este año se me invita a compartir con ustedes la fe en esta oportunidad propicia, que es la santa Cuaresma. El P. Carlos (Rector del Templo de Santa María de los Ángeles) me sugiere que desarrolle la materia que crea conveniente, conociendo por los años que llevo aquí (que ya son cinco y medio) a las personas que aquí vivimos. Y al mismo tiempo me proporciona el material que llega desde la Vicaría pastoral de la arquidiócesis de Guadalajara. Comenzaremos, pues, con esta sencilla información de lo que ha pensado la diócesis.

El tema que se propone es el siguiente: “De la Iglesia que Cristo quiere a nuestra conversión y renovación de estructuras
Para ello se han tomado cinco puntos nucleares, que son:
1.     La Palabra de Dios
2.     La Comunión fraterna y la Caridad
3.     La Eucaristía
4.     La Oración
5.     La Misión

El Método, como el año pasado, se describe así
1)    Ver con los ojos del Padre.
2)    Juzgar con los criterios del Hijo.
3)    Actuar bajo el impulso del Espíritu Santo

Todo ello con una determinada finalidad, la cual es doble
1)    Primero convertirnos nosotros
2)    Segundo, convertirnos todos, renovarnos todos y cambiar las estructuras de acuerdo a la verdadera imagen que vamos asimilando de los ideales de Jesús para su Iglesia.

Al principio de este cuaderno se alude a un discurso que hace cuatro años (3 marzo 2014) el Papa dirigió a los promotores de los Ejercicios espirituales en Italia, un breve discurso que he rescatado y leído. Podemos prestar atención a algunas frases

El tema que habéis escogido para vuestra Asamblea: «Enamorados de la belleza espiritual para difundir la fragancia de Cristo» (cf. 2 Cor 2, 14), expresa la convicción de que proponer los ejercicios espirituales, significa invitar a una experiencia de Dios, de su amor, de su belleza. Quien vive los ejercicios de modo auténtico experimenta la atracción, la fascinación de Dios, y vuelve renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, llevando consigo el perfume de Cristo.
Los hombres y las mujeres de hoy tienen necesidad de encontrar a Dios, de conocerlo «no sólo de oídas» (cf. Job 42, 5). Vuestro servicio está totalmente orientado a esto, y lo hacéis al ofrecer los espacios y tiempos de escucha intensa de su Palabra en el silencio y en la oración. Lugares privilegiados para tal experiencia espiritual son las casas de espiritualidad, que se orientan a esta finalidad, sostenidas y provistas de personal adecuado. Aliento a los pastores de las diversas comunidades a preocuparse para que no falten casas de ejercicios, donde agentes bien formados y predicadores preparados, dotados de cualidades doctrinales y espirituales, sean auténticos maestros de espíritu. Sin embargo, jamás olvidemos que el protagonista de la vida espiritual es el Espíritu Santo. Él sostiene cada iniciativa nuestra de bien y de oración.
Queridos amigos, una buena tanda de ejercicios espirituales contribuye a renovar en quien participa de ella la adhesión incondicional a Cristo, y ayuda a comprender que la oración es el medio insustituible de unión con Él crucificado: pone me iuxta te! (Asamblea de la Federación Italiana de Ejercicios Espirituales (FIES))

Los Ejercicios espirituales, hablando con cierto rigor, son una experiencia espiritual muy fuerte, que ha de tener unos componentes muy serios:
1)     La oración, que ha tener tiempos prolongados (en unos ejercicios de mes la oración son cuatro o cinco horas diarias). La oración tiene formas múltiples. Y con la oración va unida el examen de conciencia, para bajar hasta el fondo de sí mismo, y llegar a entender con sabiduría espiritual la propia historia que uno ha vivido y en la que está.
2)     El silencio que ha de envolver la oración. Los Ejercicios no son para reuniones de grupos y compartir temas.
3)     La mortificación o austeridad – en la comida y el sueño – según Dios le pida a cada uno, mortificación que va unida a la oración de petición y de intercesión pro el fruto de estos días.
4)     Y, sobre todo, un clima íntimo de humildad, de docilidad, de escucha de lo que Dios va diciendo al corazón. Los Ejercicios son esencialmente experiencia de Dios, que se va decantando mediante el “discernimiento” espiritual. La clave última de los Ejercicios es esto: llegar a penetrar, con la mayor objetividad posible, qué quiere Dios para mí como proyecto de vida, como configuración de mi propia misión en el mundo.
5)     Y para ello san Ignacio cuenta con la ayuda de un guía que expone, que da criterios y que conversa con mucha sencillez con el ejercitante, sin pretender avasallar la conciencia individual. Un guía que tampoco es precisamente un confesor. Una mujer podría dar perfectamente unos Ejercicios espirituales.

Así, pues, a lo mejor nosotros en nuestra propaganda o anuncios hablamos de “Ejercicios espirituales”, pero con estas palabras podemos desvirtuar el contenido tan denso que tiene este tiempo singular en la vida de un cristiano.


2. Al tiempo que tenemos ante los ojos esta propuesta, nos llega un documento hecho público el jueves pasado (1 de marzo), firmado previamente el 11 de febrero, previa aprobación del Papa.
Un hecho eclesial importante de estos días: Una carta de la Congregación para la fe, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica, sobre Algunos aspectos de la salvación cristiana, un mensaje que está muy enlazado con unas constantes que reaparecen de continuo en el magisterio del Papa Francisco.

- Un documento para personas de cultura; no es una catequesis sencilla.
- Que quiere analizar la situación presente, y en ella analizar dos fenómenos permanentes que desvirtuan la salvación. Estos dos peligros son:
- El Neo-Pelagianismo: la salvación del hombre por el hombre.
- El Neo-Gnosticismo: la salvación interior.




II. El plan que nosotros nos proponemos

Hermanos,
Ahí están los grandes temas con esos títulos hermosos. Ahora bien, toda persona que trate de vivir la fe y quiera mantener en la constante fidelidad, ante un gran título que se le da puede hacer desarrollos muy diversos: desde la Biblia, desde la teología, desde la cultura y la sociología, desde la propia originalidad personal.

Tengamos muy clara la finalidad. En unas pláticas de Cuaresma
- No nos interesa tanto la información y formación religiosa, que siempre nos ha de venir muy bien, porque a pesar de nuestros medios informativos, la ignorancia de las cosas esenciales muy grande,
- sino que nos interesa la iluminación y la consolación de Dios para que en nosotros se produzca un cambio guiado por Dios. Esto es nuestra conversión permanente.
- Nos interesa la revelación de Dios, que acontece en el corazón como un encuentro de amor,
- a fin de alcanzar, por gracia – siempre y en todo por gracia – la verdadera conversión y entrega al Padre.

En suma, tomemos el tema concreto que se haya de desarrollar como anuncio del Evangelio de Dios, nos interesan tres cosas:
1)     Pacificar un pasado, entendiendo nuestra historia de salvación, y haciendo que sea purificada mediante la misericordia de Dios.
2)     Situarnos con realismo en un presente, que es el hoy de Dios en nuestra historia.
3)     Y proyectar un futuro con unas líneas que nos infundan ánimo y esperanza.

Esta tarea triple, especialmente lo que se refiere al presente y al futuro, yo y nosotros, la podemos hacer mirando cada uno a sí mismo – y no nos ha de faltar tarea – y mirando a la propia comunidad. Pero, conscientes de que la historia la lleva Jesús, el Señor, el verdadero protagonista de la obra que él ha puesto en marcha en el mundo, es más importante y perentorio saber responder a la pregunta “Señor, ¿qué quiere que haga”, que a la misma pregunta formulada colectivamente: “Señor, ¿qué quieres que hagamos?
Tomaremos, pues, básicamente los temas que se nos proponen desde el plan diocesano, pero acentuando más el carácter personal que el carácter comunitario.
En el discurso de inicio de su pontificado el Papa Benedicto XVI nos propuso unas reflexiones llena de luz y sabiduría.
“Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo” (Homilía de inicio del pontificado, 24 de abril de 2005).

Esta plática primera, punto de arranque de las demás quiere estar inspirada por esa carta o mensaje que acaba de aparecer estos días la salvación cristiana, qué es, qué aspectos me atañen de modo personal e irrenunciable a mí y en este momento de mi vida.


III. La salvación del hombre:
Dos conceptos dominantes

Dos visiones dominantes
La carta que he citado, al principio (n. 2), nos da esta visión resumida de la realidad en que vivimos:
“El mundo contemporáneo percibe no sin dificultad la confesión de la fe cristiana, que proclama a Jesús como el único Salvador de todo el hombre y de toda la humanidad (cf. Hch 4, 12; Rm 3, 23-24; 1 Tm 2, 4-5; Tt 2, 11-15)[2].
ü  Por un lado, el individualismo centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya realización depende únicamente de su fuerza[3]. En esta visión, la figura de Cristo corresponde más a un modelo que inspira acciones generosas, con sus palabras y gestos, que a Aquel que transforma la condición humana, incorporándonos en una nueva existencia reconciliada con el Padre y entre nosotros a través del Espíritu (cf. 2 Co 5, 19; Ef 2, 18).
ü  Por otro lado, se extiende la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. Desde esta perspectiva, se hace difícil comprender el significado de la Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia humana, asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación”.
Con una reflexión a nuestro alcance tratemos de detallar el contenido y la trascendencia de estos dos puntos, que según este documento son como la tónica dominante del mundo de hoy.

Qué entendemos por salvación y cuáles son los bienes y valores que la conforman

Podemos entender como salvación la posesión y el disfrute de ese conjunto de bienes que van de acuerdo con las legítimas aspiraciones del hombre y que le dan acceso a una vida suficientemente feliz.
Imaginemos un diálogo de familia.
- ¿Qué quiere usted para su hijo o para su hija ahora que va creciendo y tiene que escoger y decidir?
- Que encuentre un buen marido, una buena mujer.
- ¿Qué vaya a misa o no vaya a misa? ¿Qué rece o no rece? ¿Qué sea un creyente o no…?
- Mejor que vaya a misa, y que sea un creyente…; pero tampoco eso es lo más importante.
- ¿Un matrimonio eclesiástico o civil?
- Mejor que sea por la Iglesia, pero, de todos modos, que se casen; no quisiera verlos como una pareja que hoy se ha juntado y, según les vaya se pueden separar.
Una conversación de este tipo nos abre los ojos a una realidad que es cotidiana y que nos lanza una pregunta: ¿Cuáles son realmente los valores que mandan en la vida?

Todo esto queda muy reflejado en los avatares que va teniendo el matrimonio en México.
He aquí una sencilla, elemental estadística de matrimonio y divorcio en México.
“En 1980 por cada 100 matrimonios había 4 divorcios; en 1990 y 2000 esta cifra se elevó a poco más de 7 divorcios, para 2010 el número de divorcios por cada 100 matrimonios fue de 15 y al 2013 se registraron casi 19 divorcios por cada 100 matrimonios”.

El logro de nuestra vida, la realización personal, en suma, la felicidad a la que aspiramos parece que se sustenta en estos puntales. Podemos enumerar cinco de esos puntales que sostiene el edificio del proyecto humano:

Primero, en la salud. Parece que para ser felices necesitamos tener buena salud. Un enfermo, un disminuido… no puede ser feliz; está privado de satisfacciones legítimas que apetece todo ser humano. La salud es la primera fuente del disfrute “sano” de la vida.
Segundo, la economía. Si uno no puede vivir de su propia economía, siquiera sea modesta, si está a merced del “Si tendré o tendré…”, del “Si me llegará o no…”, es presa de una angustia, que no le da respiración y libertad en la vida.
Tercero, el matrimonio. Un matrimonio que sea sólido y estable, que dé seguridad de vida…, constatando, al mismo tiempo, como veíamos, qué incierto se ha vuelto lo que parecía de sí que era algo estable, en plena consonancia con las necesidades del ser humano.
Cuarto, una realización profesional, un trabajo que no sea solamente la fuente de unos ingresos necesarios, sino, al mismo tiempo, la realización de mi valía. Un trabajo que sea la verificación de mi vocación y misión en la comunidad humana. El trabajo me dignifica y me hace sentirme útil en la sociedad; es vínculo de solidaridad con la familia humana. Por eso, la jubilación puede ser trauma, vacío…
Quinto, de una manera aparentemente difusa pero intuitiva y certera en la valoración de mí mismo, sentirme “Yo” en el mundo: considerado, apreciado, por la vía del amor y de la amistad. La amistad – escribió Aristóteles en la Ética a Nicómaco – es el bien más necesario en la vida, porque ni la riqueza, ni el poder ni el placer, llenas las apetencias últimas a las que tiende el ser humano.

Al hacer esa enumeración podemos hacer un análisis:
- En ninguno de estos bienes hemos mencionado a Dios.
- Sin darnos cuenta hemos puesto al hombre como autor de su propia realización y destino. Y hemos establecido este principio: el hombre es la medida de sí mismo.
- De hecho, la vida humana funciona desde ahí. Ahí están nuestros bienes, nuestras alegrías y disfrutes, nuestras esperanzas. Trabajo y ocio es una máquina repetitiva que, día a día, produce en casa los mismos resultados: televisión, internet, celular… impresiones e impresiones que se repiten día a día, mes tras mes, años tras año…
- Y detrás de esto ¿qué…? Cuando termine se acabó y punto… No negamos nada, pero lo que viene, que venga en su momento.
- La vida es una rueda que gira y gira… pero tampoco esto tiene sentido.
- Por aquí no puede ir la respuesta a esas llamadas últimas que, al menos en ráfagas radiantes, uno percibe en sí mismo. Mi vida no puede ser la salud, la economía, el matrimonio, el trabajo, la profesión… Yo me creo más grande que todo eso. Tiene que haber un “algo” superior… Y seguramente que ese “algo” no es “algo”, sino “alguien”.
Se ha abierto al ventana a lo infinito. Por ahí hay que buscar la solución.

Está visto, de todas formas, que el hombre pragmático no es la solución sin más del hombre.
Si analizamos el hombre “meditativo”, que busca la solución en la interioridad o en vías esotéricas, nos vamos a encontrar con el mismo resultado. Las íntimas aspiraciones no quedan satisfechas con esos “ejercicios”, con esos viajes, que me dan una paz ficticia, no compartida con mis hermanos, los hombres.


IV. EL HORIZONTE DIVINO
COMO RESPUESTA SALVADORA A MI PASADO,
A MI PRESENTE Y A MI FUTURO

En el camino de la vida el hombre llega a sí mismo cuando entra en unidad y armonía con su pasado, con su presente y su futuro. Esta es la salvación a al que nosotros aspiramos.
Cuando uno ha tenido un “encuentro con Dios”, uno ha descubierto:
- un parentesco con la divinidad – con el Padre, con el Hijo, con el Espíritu – que diviniza toda mi existencia,
- y que da sentido y valor a mi pasado, a mi presente, a mi futuro.


Mi pasado salvado bajo la mirada divina

Tengamos fijos estos principios:
1)     Mi pasado es propiedad de Dios y mío, de nadie más. Mi pasado “ha pasado” ya a la eternidad de Dios, si en él ha habido ofensas a Dios que purificar.
2)     Pero mi presente puede ser fruto directo de mi pasado, y entonces puede haber heridas que cerrar…, pendientes que terminar…, que fueron antes y siguen siendo hoy mientras no les dé una solución.
3)     En este caso, se me está pidiendo un “reencuentro conmigo mismo”, trabajo sagrado que acaso requiera un “milagro” de gracia. La ayuda del psicólogo o de la psicóloga, según de qué se trate, no podrá dar ese toque último que requiere el misterio del yo. Una mujer puede llevar “dentro” un aborto que realizó en su juventud. Dios le ha perdonado, su hijo “que vive en Dios” le ha perdonado…, pero ella, muda ante los demás, muda ante sí misma…, no se ha perdonado, y nunca podrá ser feliz hasta que no venga el “milagro”: Yo te he perdonado, vete en paz…
4)     Para vivir nuestro presente, nuestro pasado tiene que estar resuelto. Pro esta obra no se hace por una “coherencia interna”, queriendo explicarnos y autojustificarnos a nosotros mismos, porque es vivir en el autoengaño. Lo que fue, fue; quede todo quieto bajo la mirada de Dios amor. La eternidad no ha de ser pasado, sino que será la novedad de un presente eterno. Y el misterio pascual de Cristo nos anuncia ese presente y iniciado. Mi pasado ya ha sido eternizado y glorificado en el Hijo.

Mi presente pertenece igualmente al misterio mismo de la vida

Mi presente puedo vivirlo con coherencia y humilde seguridad, y puedo tener estos principios:
1)     No soy dueño de mi presente, que está sujeto a confluencia de fuerzas distintas; así las decisiones sobre mí de personas que ejercen un poder de gobierno (espiritual o civil) sobre mi persona, puesto que somos esencialmente sociedad.
2)     Yo puedo vivir mi presente en unidad, libertad y soberanía, que son tres cualidades que radican en el fondo del ser. Mi vida presente no se computariza por resultados visibles y socialmente estimables, porque estimo que mi vocación humana no puede estar sujeta a estos baremos. Sería como decir que la hermosura de una flor depende de que sea vista y apreciada o no. En realidad, la flor está cumpliendo su evangelio de hermosura en el universo, sea vista o no, como una maravilla que existe en el fondo del mar. Dios la ha creado, Dios la ve, Dios se goza en ella, y contribuye al canto universal de todas las criaturas.
3)     Vivir mi presente es ser yo mismo en el concierto universal.

Mi futuro es un canto al amor de Dios providente
1)     Cuando Jesús nos dice: “No os reocupéis por el mañana…” nos dice algo muy real, muy concreto, muy cotidiano. Es el salto infinito de la hasta el corazón de Dios. No se puede alcanzar esta “despreocupación” sino en un corazón liberado y filial.
2)     El futuro de esta manera es un acto oblativo de amor puro y filial al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.


V. LA MIRADA DE CRTISTO COMO SACRAMENTO DE VIDA

Volvemos al texto inicial de esta plática, que lo hemos tomado por guía: la mirada de Jesús.
Jesús existe y se me puede aparecer en el camino, como a Saludo cuando iba fogoso y perseguidor rumbo a Damasco.
Espiritualmente hoy mismo, sin esperar a mañana, viene a mí. Entrando en el ámbito de la fe puedo dejarme mirar por Jesús, y en silencio hacer que esta mirada sea una emisión de paz.
Cuando el Papa Francisco vino a México, dijo al Presidente Peña Nieto que venía ser mirada por la Virgen.

“Y hoy vengo como misionero de misericordia y paz. Pero, también, como hijo, que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella” Así al principio de su discurso pronunciado en el palacio nacional el 13 de febrero de 2016, y al final de esta breve alocución: “Me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe. Le pido que me mire para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas, y el futur6o de esta tierra, sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz.
Muchas gracias”.
Y lo mismo dijo a los Obispos en el discurso que a ellos les dirigió en la Catedral metropolitana, el mismo 13 de febrero (hasta 17 veces aparece en su discurso la palabra “mirada”) “Como hizo San Juan Diego, y lo hicieron las sucesivas generaciones de los hijos de la Guadalupana, también el Papa cultivaba desde hace tiempo el deseo de mirarla. Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna. He reflexionado mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan cuanto brota de mi corazón de Pastor en este momento”. (Y explica: Una mirada de ternura – Una mirada capaz de tejer – Una mirada atenta y cercana – Una mirada de conjunto y de unidad)

La mirada de Cristo Jesús, el Viviente, es el sacramento que renueva mi vida entera. No hace falta discurrir, defender, pedir… Nada de nada. Dejarse mirar suavemente por Jesús, el que me miró, el que me amó y murió por mí. Y dejar que esa mirada sea el sacramento de mi vida.

Guadalajara, Jalisco, Lunes, 5 de marzo de 2018.

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