Primera
plática
Ante Jesús, mi Salvador: Yo necesito ser salvado
Subimos a Internet estas “Pláticas cuaresmales”, pensando en las
personas que nos escuchan en la iglesia, para que, si lo desean, ´puedan volver
en su reflexión sobre el mensaje anunciado. Y si otras personas lo quieren leer
y les sirve, ¡sean beinvenidas!
Bajo la dulce mirada de
Jesús
Iniciamos
nuestra predicación cuaresmal, escuchando un texto de san Marcos: El
episodio del hombre rico que generosamente quiere más y hace un planteamiento
de vida a Jesús, según la narración de san Marcos 10,17-30.
Leemos este pasaje, no
para hacer la exégesis del texto, para que estar reflexión esté apoyada,
fortificada por la fuerza que emana de la palabra de Dios.
He aquí el caso de un
hombre “bueno” y leal, que busca algo superior en la vida. Una escena bella…,
que nos introduce, por otra parte, en lo que puede ser el drama de la vida.
Jesús “lo amó”, lleno de complacencia, y aquella mirada primera fue una mirada
de agrado, de amor reposado, de felicitación. Pero el encuentro resultó frustrante.
El hombre no fue feliz.
Y prosigue el relato
con palabras de Jesús y dos miradas, y esas miradas son tan importantes como
sus palabras. Miradas penetrantes que revelan los sentimientos de Jesús.
Quisiéramos, al final
de estar reflexión, obtener una mirada de Jesús: dejarnos mirar por él, con una
mirada de acogida, de benevolencia, que nos dé plena seguridad.
I. De
entrada:
El plan que
se nos propone desde la Vicaría de pastoral de la arquidiócesis
y algunas
aclaraciones
Hermanos:
Una vez más este año se me invita a
compartir con ustedes la fe en esta oportunidad propicia, que es la santa
Cuaresma. El P. Carlos (Rector del Templo de Santa María de los Ángeles) me
sugiere que desarrolle la materia que crea conveniente, conociendo por los años
que llevo aquí (que ya son cinco y medio) a las personas que aquí vivimos. Y al
mismo tiempo me proporciona el material que llega desde la Vicaría pastoral de la
arquidiócesis de Guadalajara. Comenzaremos, pues, con esta sencilla información
de lo que ha pensado la diócesis.
El tema que se propone es el siguiente:
“De
la Iglesia que Cristo quiere a nuestra conversión y renovación de estructuras”
Para ello se han tomado cinco puntos
nucleares, que son:
1.
La
Palabra de Dios
2.
La
Comunión fraterna y la Caridad
3.
La
Eucaristía
4.
La
Oración
5.
La
Misión
El Método, como el año pasado, se
describe así
1)
Ver
con los ojos del Padre.
2)
Juzgar
con los criterios del Hijo.
3)
Actuar
bajo el impulso del Espíritu Santo
Todo ello con
una determinada finalidad, la cual es doble
1)
Primero
convertirnos nosotros
2)
Segundo,
convertirnos todos, renovarnos todos y cambiar las estructuras de acuerdo a la
verdadera imagen que vamos asimilando de los ideales de Jesús para su Iglesia.
Al principio de
este cuaderno se alude a un discurso que hace cuatro años (3 marzo 2014) el
Papa dirigió a los promotores de los Ejercicios espirituales en Italia, un
breve discurso que he rescatado y leído. Podemos prestar atención a algunas
frases
El tema que habéis escogido para vuestra Asamblea: «Enamorados de la belleza espiritual para
difundir la fragancia de Cristo» (cf. 2 Cor 2, 14), expresa la
convicción de que proponer los ejercicios espirituales, significa invitar a una
experiencia de Dios, de su amor, de su belleza. Quien vive los ejercicios de
modo auténtico experimenta la atracción, la fascinación de Dios, y vuelve
renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones
cotidianas, llevando consigo el perfume de Cristo.
Los hombres y las mujeres de hoy tienen necesidad de
encontrar a Dios, de conocerlo «no sólo de oídas» (cf. Job 42, 5).
Vuestro servicio está totalmente orientado a esto, y lo hacéis al ofrecer los
espacios y tiempos de escucha intensa de su Palabra en el silencio y en la
oración. Lugares privilegiados para tal experiencia espiritual son las casas de
espiritualidad, que se orientan a esta finalidad, sostenidas y provistas de
personal adecuado. Aliento a los pastores de las diversas comunidades a
preocuparse para que no falten casas de ejercicios, donde agentes bien formados
y predicadores preparados, dotados de cualidades doctrinales y espirituales,
sean auténticos maestros de espíritu. Sin embargo, jamás olvidemos que el protagonista
de la vida espiritual es el Espíritu Santo. Él sostiene cada iniciativa nuestra
de bien y de oración.
Queridos amigos, una buena tanda de ejercicios
espirituales contribuye a renovar en quien participa de ella la adhesión
incondicional a Cristo, y ayuda a comprender que la oración es el medio
insustituible de unión con Él crucificado: pone me iuxta te! (Asamblea
de la Federación Italiana de Ejercicios Espirituales (FIES))
Los Ejercicios
espirituales, hablando con cierto rigor, son una experiencia espiritual muy
fuerte, que ha de tener unos componentes muy serios:
1)
La oración, que
ha tener tiempos prolongados (en unos ejercicios de mes la oración
son cuatro o cinco horas diarias). La oración tiene formas múltiples. Y con la
oración va unida el examen de conciencia, para bajar hasta el fondo de sí
mismo, y llegar a entender con sabiduría espiritual la propia historia que uno
ha vivido y en la que está.
2)
El silencio que
ha de envolver la oración. Los Ejercicios no son para reuniones de grupos y
compartir temas.
3)
La mortificación
o austeridad
– en la comida y el sueño – según Dios le pida a cada uno, mortificación que va
unida a la oración de petición y de intercesión pro el fruto de estos días.
4)
Y, sobre todo,
un clima íntimo de humildad, de docilidad, de escucha de lo que Dios va
diciendo al corazón.
Los Ejercicios son esencialmente experiencia de Dios, que se va decantando
mediante el “discernimiento” espiritual. La clave última de los Ejercicios es
esto: llegar a penetrar, con la mayor objetividad posible, qué quiere Dios para
mí como proyecto de vida, como configuración de mi propia misión en el mundo.
5)
Y para ello san
Ignacio cuenta con la ayuda de un guía que expone, que da
criterios y que conversa con mucha sencillez con el ejercitante, sin pretender
avasallar la conciencia individual. Un guía que tampoco es precisamente un
confesor. Una mujer podría dar perfectamente unos Ejercicios espirituales.
Así, pues, a lo
mejor nosotros en nuestra propaganda o anuncios hablamos de “Ejercicios
espirituales”, pero con estas palabras podemos desvirtuar el contenido tan
denso que tiene este tiempo singular en la vida de un cristiano.
2. Al tiempo que
tenemos ante los ojos esta propuesta, nos llega un documento hecho público el
jueves pasado (1 de marzo), firmado previamente el 11 de febrero, previa
aprobación del Papa.
Un hecho
eclesial importante de estos días: Una carta de la Congregación para la fe,
dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica, sobre Algunos aspectos de la salvación cristiana, un mensaje que está muy
enlazado con unas constantes que reaparecen de continuo en el magisterio del
Papa Francisco.
- Un documento
para personas de cultura; no es una catequesis sencilla.
- Que quiere
analizar la situación presente, y en ella analizar dos fenómenos permanentes
que desvirtuan la salvación. Estos dos peligros son:
- El Neo-Pelagianismo: la salvación del
hombre por el hombre.
- El Neo-Gnosticismo: la salvación interior.
II. El plan
que nosotros nos proponemos
Hermanos,
Ahí están los
grandes temas con esos títulos hermosos. Ahora bien, toda persona que trate de
vivir la fe y quiera mantener en la constante fidelidad, ante un gran título
que se le da puede hacer desarrollos muy diversos: desde la Biblia, desde la
teología, desde la cultura y la sociología, desde la propia originalidad
personal.
Tengamos muy
clara la finalidad. En unas pláticas de Cuaresma
- No nos
interesa tanto la información y formación religiosa, que siempre nos ha de
venir muy bien, porque a pesar de nuestros medios informativos, la ignorancia
de las cosas esenciales muy grande,
- sino que nos
interesa la iluminación y la consolación de Dios para que en nosotros se
produzca un cambio guiado por Dios. Esto es nuestra conversión permanente.
- Nos interesa
la revelación de Dios, que acontece en el corazón como un encuentro de amor,
- a fin de
alcanzar, por gracia – siempre y en todo por gracia – la verdadera conversión y
entrega al Padre.
En suma, tomemos
el tema concreto que se haya de desarrollar como anuncio del Evangelio de Dios,
nos interesan tres cosas:
1)
Pacificar
un pasado, entendiendo nuestra historia de salvación, y haciendo que sea
purificada mediante la misericordia de Dios.
2)
Situarnos
con realismo en un presente, que es el hoy de Dios en nuestra historia.
3)
Y
proyectar un futuro con unas líneas que nos infundan ánimo y esperanza.
Esta tarea triple, especialmente lo que
se refiere al presente y al futuro, yo y nosotros, la podemos hacer mirando
cada uno a sí mismo – y no nos ha de faltar tarea – y mirando a la propia
comunidad. Pero, conscientes de que la historia la lleva Jesús, el Señor, el
verdadero protagonista de la obra que él ha puesto en marcha en el mundo, es
más importante y perentorio saber responder a la pregunta “Señor, ¿qué quiere
que haga”, que a la misma pregunta formulada colectivamente: “Señor, ¿qué
quieres que hagamos?
Tomaremos, pues, básicamente los temas
que se nos proponen desde el plan diocesano, pero acentuando más el carácter
personal que el carácter comunitario.
En el discurso de inicio de su
pontificado el Papa Benedicto XVI nos propuso unas reflexiones llena de luz y
sabiduría.
“Sólo cuando encontramos en Cristo al
Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin
sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de
Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es
necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el
Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la
amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a
veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a
la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo” (Homilía de inicio del pontificado, 24 de
abril de 2005).
Esta plática primera, punto de arranque
de las demás quiere estar inspirada por esa carta o mensaje que acaba de
aparecer estos días la salvación
cristiana, qué es, qué aspectos me atañen de modo personal e irrenunciable a mí
y en este momento de mi vida.
III. La salvación del
hombre:
Dos conceptos dominantes
Dos visiones
dominantes
La carta que he citado, al
principio (n. 2), nos da esta visión resumida de la realidad en que vivimos:
“El mundo contemporáneo percibe
no sin dificultad la confesión de la fe cristiana, que proclama a Jesús como el
único Salvador de todo el hombre y de toda la humanidad (cf. Hch 4, 12; Rm
3, 23-24; 1 Tm 2, 4-5; Tt 2, 11-15)[2].
ü Por un lado, el individualismo
centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya
realización depende únicamente de su fuerza[3].
En esta visión, la figura de Cristo corresponde más a un modelo que inspira
acciones generosas, con sus palabras y gestos, que a Aquel que transforma la
condición humana, incorporándonos en una nueva existencia reconciliada con el
Padre y entre nosotros a través del Espíritu (cf. 2 Co 5, 19; Ef
2, 18).
ü Por otro lado, se extiende la
visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte
convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no
llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el
mundo creado. Desde esta perspectiva, se hace difícil comprender el significado
de la Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia
humana, asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y
por nuestra salvación”.
Con una reflexión a nuestro alcance
tratemos de detallar el contenido y la trascendencia de estos dos puntos, que
según este documento son como la tónica dominante del mundo de hoy.
Qué entendemos
por salvación y cuáles son los bienes y valores que la conforman
Podemos entender como salvación la
posesión y el disfrute de ese conjunto de bienes que van de acuerdo con las
legítimas aspiraciones del hombre y que le dan acceso a una vida suficientemente
feliz.
Imaginemos un diálogo de familia.
- ¿Qué quiere usted para su hijo o para
su hija ahora que va creciendo y tiene que escoger y decidir?
- Que encuentre un buen marido, una
buena mujer.
- ¿Qué vaya a misa o no vaya a misa?
¿Qué rece o no rece? ¿Qué sea un creyente o no…?
- Mejor que vaya a misa, y que sea un
creyente…; pero tampoco eso es lo más importante.
- ¿Un matrimonio eclesiástico o civil?
- Mejor que sea por la Iglesia, pero, de
todos modos, que se casen; no quisiera verlos como una pareja que hoy se ha
juntado y, según les vaya se pueden separar.
Una conversación de este tipo nos abre
los ojos a una realidad que es cotidiana y que nos lanza una pregunta: ¿Cuáles son realmente los valores que mandan
en la vida?
Todo esto queda muy reflejado en los
avatares que va teniendo el matrimonio en México.
He aquí una sencilla, elemental
estadística de matrimonio y divorcio en México.
“En 1980 por cada 100 matrimonios había
4 divorcios; en 1990 y 2000 esta cifra se elevó a poco más de 7 divorcios, para
2010 el número de divorcios por cada 100 matrimonios fue de 15 y al 2013 se
registraron casi 19 divorcios por cada 100 matrimonios”.
El logro de nuestra vida, la realización
personal, en suma, la felicidad a la que aspiramos parece que se sustenta en
estos puntales. Podemos enumerar cinco de esos puntales que sostiene el
edificio del proyecto humano:
Primero,
en la salud.
Parece que para ser felices necesitamos tener buena salud. Un enfermo, un
disminuido… no puede ser feliz; está privado de satisfacciones legítimas que
apetece todo ser humano. La salud es la primera fuente del disfrute “sano” de
la vida.
Segundo,
la economía.
Si uno no puede vivir de su propia economía, siquiera sea modesta, si está a
merced del “Si tendré o tendré…”, del “Si me llegará o no…”, es presa de una
angustia, que no le da respiración y libertad en la vida.
Tercero,
el matrimonio.
Un matrimonio que sea sólido y estable, que dé seguridad de vida…, constatando,
al mismo tiempo, como veíamos, qué incierto se ha vuelto lo que parecía de sí
que era algo estable, en plena consonancia con las necesidades del ser humano.
Cuarto,
una realización profesional, un trabajo que no sea solamente la fuente de unos
ingresos necesarios, sino, al mismo tiempo, la realización de mi valía. Un
trabajo que sea la verificación de mi vocación y misión en la comunidad humana.
El trabajo me dignifica y me hace sentirme útil en la sociedad; es vínculo de
solidaridad con la familia humana. Por eso, la jubilación puede ser trauma,
vacío…
Quinto, de una manera
aparentemente difusa pero intuitiva y certera en la valoración de mí mismo, sentirme “Yo” en el mundo: considerado,
apreciado, por la vía del amor y de la amistad. La amistad – escribió
Aristóteles en la Ética a Nicómaco – es el bien más necesario en la vida,
porque ni la riqueza, ni el poder ni el placer, llenas las apetencias últimas a
las que tiende el ser humano.
Al hacer esa enumeración podemos hacer
un análisis:
- En ninguno de estos bienes hemos
mencionado a Dios.
- Sin darnos cuenta hemos puesto al
hombre como autor de su propia realización y destino. Y hemos establecido este
principio: el hombre es la medida de sí
mismo.
- De hecho, la vida humana funciona
desde ahí. Ahí están nuestros bienes, nuestras alegrías y disfrutes, nuestras
esperanzas. Trabajo y ocio es una máquina repetitiva que, día a día, produce en
casa los mismos resultados: televisión, internet, celular… impresiones e
impresiones que se repiten día a día, mes tras mes, años tras año…
- Y detrás de esto ¿qué…? Cuando termine
se acabó y punto… No negamos nada, pero lo que viene, que venga en su momento.
- La vida es una rueda que gira y gira…
pero tampoco esto tiene sentido.
- Por aquí no puede ir la respuesta a
esas llamadas últimas que, al menos en ráfagas radiantes, uno percibe en sí
mismo. Mi vida no puede ser la salud, la economía, el matrimonio, el trabajo,
la profesión… Yo me creo más grande que todo eso. Tiene que haber un “algo”
superior… Y seguramente que ese “algo” no es “algo”, sino “alguien”.
Se ha
abierto al ventana a lo infinito. Por ahí hay que buscar la solución.
Está visto, de todas formas, que el
hombre pragmático no es la solución sin más del hombre.
Si analizamos el hombre “meditativo”,
que busca la solución en la interioridad o en vías esotéricas, nos vamos a
encontrar con el mismo resultado. Las íntimas aspiraciones no quedan
satisfechas con esos “ejercicios”, con esos viajes, que me dan una paz
ficticia, no compartida con mis hermanos, los hombres.
IV. EL HORIZONTE DIVINO
COMO RESPUESTA SALVADORA A MI PASADO,
A MI PRESENTE Y A MI FUTURO
En el camino de la vida el hombre llega
a sí mismo cuando entra en unidad y armonía con su pasado, con su presente y su
futuro. Esta es la salvación a al que nosotros aspiramos.
Cuando uno ha tenido un “encuentro con
Dios”, uno ha descubierto:
- un parentesco con la divinidad – con
el Padre, con el Hijo, con el Espíritu – que diviniza toda mi existencia,
- y que da sentido y valor a mi pasado,
a mi presente, a mi futuro.
Mi pasado
salvado bajo la mirada divina
Tengamos fijos estos principios:
1)
Mi
pasado es propiedad de Dios y mío, de nadie más. Mi pasado “ha pasado” ya a la
eternidad de Dios, si en él ha habido ofensas a Dios que purificar.
2)
Pero
mi presente puede ser fruto directo de mi pasado, y entonces puede haber
heridas que cerrar…, pendientes que terminar…, que fueron antes y siguen siendo
hoy mientras no les dé una solución.
3)
En
este caso, se me está pidiendo un “reencuentro conmigo mismo”, trabajo sagrado
que acaso requiera un “milagro” de gracia. La ayuda del psicólogo o de la
psicóloga, según de qué se trate, no podrá dar ese toque último que requiere el
misterio del yo. Una mujer puede llevar “dentro” un aborto que realizó en su
juventud. Dios le ha perdonado, su hijo “que vive en Dios” le ha perdonado…,
pero ella, muda ante los demás, muda ante sí misma…, no se ha perdonado, y
nunca podrá ser feliz hasta que no venga el “milagro”: Yo te he perdonado, vete
en paz…
4)
Para
vivir nuestro presente, nuestro pasado tiene que estar resuelto. Pro esta obra
no se hace por una “coherencia interna”, queriendo explicarnos y
autojustificarnos a nosotros mismos, porque es vivir en el autoengaño. Lo que
fue, fue; quede todo quieto bajo la mirada de Dios amor. La eternidad no ha de
ser pasado, sino que será la novedad de un presente eterno. Y el misterio
pascual de Cristo nos anuncia ese presente y iniciado. Mi pasado ya ha sido
eternizado y glorificado en el Hijo.
Mi presente
pertenece igualmente al misterio mismo de la vida
Mi presente puedo vivirlo con coherencia
y humilde seguridad, y puedo tener estos principios:
1)
No
soy dueño de mi presente, que está sujeto a confluencia de fuerzas distintas;
así las decisiones sobre mí de personas que ejercen un poder de gobierno
(espiritual o civil) sobre mi persona, puesto que somos esencialmente sociedad.
2)
Yo
puedo vivir mi presente en unidad, libertad y soberanía, que son tres
cualidades que radican en el fondo del ser. Mi vida presente no se computariza
por resultados visibles y socialmente estimables, porque estimo que mi vocación
humana no puede estar sujeta a estos baremos. Sería como decir que la hermosura
de una flor depende de que sea vista y apreciada o no. En realidad, la flor
está cumpliendo su evangelio de hermosura en el universo, sea vista o no, como
una maravilla que existe en el fondo del mar. Dios la ha creado, Dios la ve,
Dios se goza en ella, y contribuye al canto universal de todas las criaturas.
3)
Vivir
mi presente es ser yo mismo en el concierto universal.
Mi futuro es un
canto al amor de Dios providente
1)
Cuando
Jesús nos dice: “No os reocupéis por el mañana…” nos dice algo muy real, muy
concreto, muy cotidiano. Es el salto infinito de la hasta el corazón de Dios.
No se puede alcanzar esta “despreocupación” sino en un corazón liberado y
filial.
2)
El
futuro de esta manera es un acto oblativo de amor puro y filial al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.
V. LA MIRADA DE CRTISTO COMO SACRAMENTO DE VIDA
Volvemos al texto inicial de esta
plática, que lo hemos tomado por guía: la mirada de Jesús.
Jesús existe y se me puede aparecer en
el camino, como a Saludo cuando iba fogoso y perseguidor rumbo a Damasco.
Espiritualmente hoy mismo, sin esperar a
mañana, viene a mí. Entrando en el ámbito de la fe puedo dejarme mirar por
Jesús, y en silencio hacer que esta mirada sea una emisión de paz.
Cuando el Papa Francisco vino a México,
dijo al Presidente Peña Nieto que venía ser mirada por la Virgen.
“Y hoy vengo como misionero de
misericordia y paz. Pero, también, como hijo, que quiere rendir homenaje a su
madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella” Así al principio de su
discurso pronunciado en el palacio nacional el 13 de febrero de 2016, y al
final de esta breve alocución: “Me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de
Guadalupe. Le pido que me mire para que, por su intercesión, el Padre
misericordioso nos conceda que estas jornadas, y el futur6o de esta tierra,
sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz.
Muchas gracias”.
Y lo mismo dijo a los Obispos en el
discurso que a ellos les dirigió en la Catedral metropolitana, el mismo 13 de
febrero (hasta 17 veces aparece en su discurso la palabra “mirada”) “Como hizo
San Juan Diego, y lo hicieron las sucesivas generaciones de los hijos de la
Guadalupana, también el Papa cultivaba desde hace tiempo el deseo de mirarla.
Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna. He reflexionado
mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan cuanto brota de mi corazón
de Pastor en este momento”. (Y explica: Una mirada de ternura – Una mirada
capaz de tejer – Una mirada atenta y cercana – Una mirada de conjunto y de
unidad)
La mirada de Cristo Jesús, el Viviente,
es el sacramento que renueva mi vida entera. No hace falta discurrir, defender,
pedir… Nada de nada. Dejarse mirar suavemente por Jesús, el que me miró, el que
me amó y murió por mí. Y dejar que esa mirada sea el sacramento de mi vida.
Guadalajara, Jalisco, Lunes, 5 de marzo
de 2018.
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