El sueño no soñado
Dijo Jesús que si el grano de trigo no
muere, queda él solo; si muere, se hace lo que es: se hace espiga. Ese paso de
lo que era a lo que es se llama muerte; la muerte de Jesús en brazos del Padre;
ese paso se llama resurrección.
Si Dios me lleva a la Pasión de su Hijo,
me lleva a mi propia muerte, que uno jamás podrá operar por sí. ¡Oh Dios, ten
piedad! Y si el mismo Padre me lleva a la Resurrección, hace en mí un paso
creador de eterna novedad. Toda la realidad del bello universo era solo
paradigma de lo que viene.
Con Jesús resucita el mundo. Con Jesús Resucitado
empieza la verdadera creación, nace la teología, que no es otra cosa que
mística. La realidad es la que existía, y al mismo tiempo es otra y definitiva.
El pasado (acaso lleno de mi pecado) se hace el hoy de Dios, el hoy eterno,
misterioso, que va a ser la eterna novedad de su pura esencia. La resurrección
de Jesús es el último misterio de Dios mismo.
Esta es la mística de la Pasión, Muerte
y Resurrección de Jesús, en la cual, por gracia, queremos perdernos.
El sueño no soñado
del curso caminero
de mi vida
se ha abierto como
nunca
viviendo en fe que Cristo
resucita.
Su Pascua es mi Verdad,
el fin sin fin de toda
maravilla,
la luz del pensamiento
que excede del pensar
toda medida.
Es Pascua novedad
del Padre que en su
Hijo plenifica,
el río del amor
que roto ya, ya nunca
más termina.
Mi Pascua es el Espíritu,
futuro de mi Dios en
sus delicias,
fulgor de Dios que
anuncia
que lo que fue era solo
paradigma.
Lo nuevo hoy acontece
y al mundo entero hoy lo
deifica;
el grano muerto en
tierra
es hoy la universal,
dorada espiga.
¡Oh, gloria, mi Jesús,
quietud del corazón,
que todo limpia,
a ti la eternidad,
mi alma en Trinidad y
en ti fundida! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 20 de marzo de 2018
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