sábado, 16 de marzo de 2024

1948. Más blancos que la blancura – Rima espiritual sobre la Transfiguración del Señor

1948. Más blancos que la blancura – 
Rima espiritual sobre la Transfiguración del Señor, 
domingo II de Cuaresma.

El sagrado icono de la Transfiguración del Señor (meta-morfosis, dicen los griegos), es una imagen completa de quién es Jesús, Hijo de Dios, Hijo del hombre. Ocurre además que esa “luz tabórica”. Que resplandece en su rostro y en sus vestidos, envuelve también a la Profecía (Elías) y a la Torá (Moisés), y me envuelve también a mí, que quedo en él transfigurado. Toda la historia de Dios queda glorificada por el resplandor de Cristo, a quien han mirado la Ley y los Profetas. Y la Iglesia entera – yo, que soy Iglesia – queda transfigurada por esa Gloria que se manifestó en el Monte santo. La Transfiguración de Jesús anuncia el logro de mi vida, y me lanza al futuro, en que ha de triunfar su santa Pascua.

Mas no lo contéis a nadie: vividlo, y Dios hará lo demás.

Como cristiano, a todos los transfigurados por la gracia de Jesús dedico en la fe esta sencilla rima espiritual en la fe de la Iglesia.

 


Más blancos que la blancura

eran aquellos vestidos,

porque era la luz divina

la que brillaba en el Hijo.

 

Mi Jesús en el Tabor,

el Sinaí de sus íntimos,

hablaba con Moisés

y con Elías, su amigo.

 

Hablaban los tres como hablan

los de antiguo conocidos,

y hablaban de la Pasión

como sagrado destino.

 

Pero una voz les cortó,

cuando Dios Padre intervino:

Este es mi Hijo, mi amado

escuchadle… con cariño.

 

Escucha, Israel, escucha,

abre perfecto el oído,

palabras de amor y vida

son esas que yo te dicto.

 

Escucha, Israel amado,

como mi pueblo elegido,

que una alianza de amor

con sangre hemos convenido.

 

Tendrás en mis mandamientos

mis secretos compartidos,

y su observancia será

mejor que los sacrificios.

 

Escucha, Israel, escucha,

que escucharás mis latidos,

por amor y solo amor

te digo lo que te digo.

 

Dios hablaba y escribía

la Torá desde el principio,

y aquella voz creadora

recreaba el Paraíso.

 

Mas hoy en el Monte santo

la voz del Padre amantísimo,

entregaba el Evangelio,

secreto definitivo.

 

Este es mi Hijo, escuchadle;

suene su voz por los siglos,

que más que mi Hijo amado

nada me guardo escondido.

 

Él es mi Sabiduría

y todo mi regocijo,

y el que lo escuche tendrá

la entrada en el Uno y Trino.

 

Este es mi Hijo, Jesús,

el compañero y vecino,

el que bajó de los cielos

para hacer cielo este sitio.

 

 Caminar voy caminando,

como puedo, pobrecillo,

pero conmigo camina

el que bien sabe el destino.

 

Por la fe que me traspasa

Transfigurado lo he visto:

Creo en Jesús, creo en él,

Viviente, Dios encendido.

 

Pero volvieron los ojos

y era otro, aunque era el mismo:

el cotidiano Jesús…,

y los demás eran idos.

 

Este Jesús Sacramento,

de mi oración y mis libros,

el cotidiano que adoro,

es mi todo y mi sentido.

 

Mi vida transfigurada

la arrojo en su pecho y nido,

no quiero ser otra cosa

que amor en él recibido.

Y no lo digáis a nadie,

que dirán que es un delirio:

demasiado extraordinario

para verse tan sencillo.

 

Bañado en la luz tabórica

yo soy yo y me identifico:

soy lo que soy, yo confieso

por lo que visto y oído.

 

Soy de Jesús resplandor,

suyo soy, por ser discípulo,

y no aspiro a nada más

que es el todo a lo que aspiro.

 

Sé, Jesús, milagro en mí,

sé el que eres, yo te pido,

y hazme tuyo, todo tuyo,

y lo vean tus adictos. Amén.


 

Cuautitlán Izcalli, sábado precedente al domingo II de Cuaresma,

24 febrero 2024

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