miércoles, 27 de diciembre de 2017

1035. Retiro íntimo de Navidad

Retiro íntimo de Navidad

Dedicado a cualquier fiel cristiano, hombre o mujer,
que anhele sintonizar con los misterios de Dios,
y muy particularmente
a mis hermanas que consagraron su virginidad al Señor,
a mis hermanos religiosos y sacerdotes.


I
Al encuentro de Jesús, mi Dios,
mi Esposo como Verbo Encarnado

Este retiro
Hoy es día de san Juan Evangelista (27 de diciembre). La liturgia dice de él. “R. Éste es Juan, el que posó su frente en el pecho del Señor durante la cena, * es el apóstol afortunado, a quien le fueron revelados secretos celestiales. / V. Bebió el agua viva del Evangelio en su misma fuente, en el pecho sagrado del Señor” (Primer responsorio del oficio de lectura).
Hoy comenzamos la lectura de la primera carta del apóstol san Juan. No tiene destinatarios. Es que los destinatarios somos nosotros; soy yo en este momento preciso de la historia de la humanidad, en este punto de mi vida en que me puso el amor de Dios. Todo lo que Juan, el discípulo amado nos dice es para sorberlo en sorbos de la más pura intimidad, sin olvidar un instante en que somos comunidad de Jesús, sus íntimos, Yo no me puedo apropiar de la carta de juan como si fuera mía, porque es de los discípulos, pero no la puedo leer si “ex corde ad cor”.
Comienza, pues, esta carta diciendo:

1 1 Lo que existía desde el principio, | lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, | lo que contemplamos y palparon nuestras manos | acerca del Verbo de la vida;
 2 pues la Vida se hizo visible,
 y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. 3 Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 4 Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo”.

Cosa curiosa: ¿una carta en verso? No, una carta en ritmo; ritmo de palabras al ritmo del corazón, porque es una carta amorosa de armonía, carta de deletrear, degustando su sabor y su aroma, carta para contemplar. Sí, carta contemplativa que embelesa el alma.
Cosa curiosa, y más que curiosa: Porque es una carta contemplativo-sensitiva, porque es una teología altísima de ver con los propios ojos, o mejor, mirar, que es un determinado modo de ver, intensivamente: de tocar y palpar… Pero ¿qué vamos a tocar y palpar? Nada menos que la Vida eterna, la que estaba junto al Padre y se ha manifestado.
Carta de aspirar con el aire del Espíritu Santo.
Esta carta tiene una palabra esencial, y se llama: “Comunión”, que en griego se dice “Koinonía”. Y así, con soberana sencillez, se habla, al mismo nivel
- de la comunión apostólica de la comunidad selecta a la que Juan se dirige (“Las Comunidades del discípulo amado”)
- de la comunión con el Padre y con el Hijo, que es la misma que al comunión con el Espíritu Santo. Ayer, día de san Esteban, primer testigo de Jesús junto a la cuna, en la sección evangélica tomada para el día (Mt 10,17-22) se hablaba del Espíritu en estos términos: “el Espíritu de vuestro Padre” (expresión única en el Nuevo Testamento, advierten los exegetas): “porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros” (v. 20).
Para san Juan, Dios es “familiar”, y el cristiano solo pueda hablar de Dios como se habla de los miembros íntimos de la familia, entre los que se ha llegado al pleno conocimiento. Y tal actitud de cercanía y toda confianza no obsta a la plena reverencia y adoración del misterio recóndito. Bien al contrario. Cuando se trata de Dios, lo más recóndito es lo más cercano; lo más divino, lo más humano; lo más sublime, lo más mío. Porque yo he pasado de la muerte a la vida, de la tiniebla a la luz, del pecado a la gracia. Yo he sido divinizado en Jesús, mi redentor y mi Señor.

Más allá de los “tópicos” de Navidad.
Por las honduras del amor
“Topos” en griego es, ni más ni menos, que “lugar”, y del sentido físico-material espontáneamente pasado al sentido figurado. Un tema mil veces repetido se convierte en un tópico, que de por sí no tiene un sentido negativo, sino más bien necesario. Pero como el lenguaje es lo que es…, fácilmente “tópico” es una designación negativa.
Los pobres – tristemente – son un tópico de Navidad. Y parece que no se puede hablar cristianamente de Navidad si no hablamos, emocionados, de los pobres que pasan hambre en Navidad. Es cruelmente verdad que Navidad sin “pobres” no es Navidad, porque Navidad explota de pobreza por todas partes, si nos atenemos al Evangelio: pobre la mujer que da a luz (“pobrecilla” decía con ternura san Francisco), pobrísimo el lugar, pobres, ignorantes… los pastores.
Pero, por encima de todo, la Navidad, la Natividad es
- el misterio recóndito del Dios todopoderoso que se hace hombre por nosotros, para vivir, padecer y morir como hombre
- por amor, por amor, solo por amor.
Si nos olvidamos de esto por salvar a los pobres, destrozamos de plano la Navidad.  Claro que no hay que olvidar nada, porque una cosa sin la otra no existe…, pero en nuestra fragilidad y miopía sí puede acontecer.
Para que no acontezca, tenemos que perdernos, tenemos que centrarnos en el puro centro del misterio. El amor infinito gratuitamente derramado para el hombre, para mí…

La Navidad sale al encuentro de mi insaciable, infinito, anhelo de amor: de ser amado y amar
Comenzando a reflexionar armónicamente en los tiempos vacacionales de la Navidad, más allá de panderetas, de colorines, de lucecitas de mercado, y en el encuentro de mí mismo conmigo – muy especialmente si, hombre o mujer, he abrazo el celibato como llamada de Dios y opción libre – entonces siento surgir en mí un anhelo indecible de llegar a la Navidad por el amor, vía amoris, para encontrarme en Dios no como estéril y frustrado en la danza de la vida, sino con una increíble vocación humano-celestial.
La Navidad me descubre estremecedoramente que yo nací para el amor – me lo gritan todas las células del cuerpo – y que Dios se ha hecho mi esposo. Mis verdades últimas “mías”, en las fuentes manantes del ser, son de este género:
- De dónde vine y adónde voy.
- Cuál es mi vocación que nadie puede arrebatar y la que nadie me la puede suplir.
- El deseo de la divinidad hacia mí (el “éros” divino) ¿es absoluto y concreto?
- Y mi “éros” hacia Dios – mi amor erótico – ese amor por el cual merece la pena darlo todo, darme a mí mismo, ¿se corresponde en el mismo impulso de amor, de manera que “ser amado y amar” sea la esencia de mi existir en el cosmos y el significado insustituible de mi vida?
He aquí un retiro silencioso de Navidad, que muy específicamente a los célibes nos puede recentrar en el sentido más puro y pleno de nuestra vida, cuando el amor escogido (aceptado, más bien) es la plenitud y el vacío, es la mayor riqueza y la suma pobreza, por ser la privación de lo más anhelado, es el gozo de la existencia por ser el gozo que viene de Dios.
Hablo de célibes (religiosas, religiosos), pero el desposorio divino de la Encarnación transciende todo estado particular de vida


II
El misterio de la Navidad entendido como el desposorio
de Dios con su criatura

El lenguaje de la liturgia


Ant. 1 El Señor me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»
Ant. 2 El Señor sale como el esposo de su alcoba.
Ant. 3 En tus labios se derrama la gracia y el Señor te bendice eternamente.
Esta antífona nos introduce en el bello salmo nupcial, salmo 45, que canta la belleza y galanura del esposo y la hermosura esplendente de la esposa. El espíritu es Cristo que llega ene esta noche santa; la esposa es la Iglesia, que lo recibe, soy yo mismo

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
                       
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.

Los responsorios que siguen a las lectura, la primera una lectura bíblica de Is 9,1-11; la segunda una célebre homilía del Papa San león Magno, se expresan de esta manera:

R. Hoy se dignó nacer de una Virgen el Rey de los cielos, para llevar al reino celestial al hombre que estaba perdido. * Se alegra el ejército de los ángeles, porque ha llegado la salvación eterna al género humano.
V. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

R. Hoy descendió del cielo sobre nosotros la paz verdadera: * hoy los cielos destilaron miel por todo el mundo.
V. Hoy amaneció el día de redención de los tiempos nuevos, que fue preparado por los tiempos antiguos, que nos trae para siempre la felicidad.

Este es el lenguaje “espiritual” de la liturgia.
Este leguaje educa los sentimientos del corazón.
- Es el lenguaje “sacramental” que nos invita a entrar en unas realidades, que las hemos de vivir como realidades sacramentales, operativas, cuya eficacia divina llega hoy hasta nosotros. Los misterios que acontecieron, están aconteciendo ahora y nos proyectan hacia el cumplimiento definitivo.
- Es un lenguaje que nos está invitando a pensar que jamás la teología podrá capturar la magnitud del misterio; que, no obstante, hay que habrá que hacer una armonía entre psicología y teología desde la base del hombre nuevo que el Espíritu crea en nosotros.
- Un lenguaje que decididamente nos abre un camino de mística, que significa experiencia personal del misterio recóndito.


Entrar en el misterio de la Natividad humana del Verbo al estilo de los santos: del Poemario de San Juan de la Cruz

Para fray Juan de la Cruz el misterio de la encarnación, de la humanización de Dios hecho uno de nosotros en toda su existencia es el misterio esponsal de Dios.
¿Quién es el esposo? Dios, el hijo de Dios, hecho carne.
¿Quién es la esposa? La criatura, comenzando por la misma Madre que lo trae a este mundo. María es la esposa del Verbo Encarnado, Madre y Esposa. La esposa es la criatura como tal, la iglesia, cada alma, yo mismo.
Este desposorio tiene dos momentos:
- El momento en que se deciden estas nupcias en la Trinidad.
- El momento en que se cumple en el tiempo, en el nacimiento de Jesús.
Y fray Juan de la Cruz, con su sensibilidad humana de amante y de poeta, se atreve a entrar en al Trinidad y escuchar el diálogo de Padre e Hijo que “ab aeterno” planean estas nupcias, que nosotros en el tiempo, en este año concreto, concretamente celebramos.
Hace falta poeta de verdad para que la monotonía de una misma rima, proseguida a lo largo de 310 verso octosílabos no nos derrumbe ni empalague. Hace falta mucha elevación del corazón, bañado en pureza y amor, para orar en poesías y dejarse lleva dulcemente al son de este “Romance”.

Romance sobre el Evangelio "In principio erat Verbum",
acerca de la Santísima Trinidad.

De la comunicación de las tres Personas.

De la creación.

¬Una esposa que te ame.
mi Hijo, darte quería,
que por tu valor merezca

80. tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa,
del mismo que yo comía,
porque conozca los bienes
que en tal Hijo yo tenía,

85. y se congracie conmigo
de tu gracia y lozanía.
¬Mucho lo agradezco, Padre,
el Hijo le respondía¬;
a la esposa que me dieres

90. yo mi claridad daría,
para que por ella vea
cuánto mi Padre valía,
y cómo el ser que poseo
de su ser le recibía.

95. Reclinarla he yo en mi brazo,
y en tu ardor se abrasaría,
y con eterno deleite
tu bondad sublimaría.


Prosigue

¬Hágase, pues ¬dijo el Padre¬,

100. que tu amor lo merecía;
y en este dicho que dijo,
el mundo criado había
palacio para la esposa
hecho en gran sabiduría;

105. el cual en dos aposentos,
alto y bajo. dividía.
El bajo de diferencias
infinitas componía;
mas el alto hermoseaba

110. de admirable pedrería,
porque conozca la esposa
el Esposo que tenía.

Prosigue

Con esta buena esperanza
que de arriba les venía,
el tedio de sus trabajos

170. más leve se les hacía;
pero la esperanza larga
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les afligía;

175. por lo cual con oraciones,
con suspiros y agonía,
con lágrimas y gemidos
le rogaban noche y día
que ya se determinase

180. a les dar su compañía.
Unos decían: ¬¡Oh si fuese
en mi tiempo el alegría!
Otros: ¬¡Acaba, Señor;
al que has de enviar, envía!

185. Otros: ¬¡Oh si ya rompieses
esos cielos, y vería
con mis ojos que bajases,
y mi llanto cesaría!
¡Regad, nubes, de lo alto,

190. que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra,
que espinas nos producía,
y produzca aquella flor
con que ella florecería!

195. Otros decían: ¬¡Oh dichoso
el que en tal tiempo sería,
que merezca ver a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos,

200. y andar en su compañía,
y gozar de los misterios
que entonces ordenaría!

Prosigue

En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado había;

205. pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
cuando el viejo Simeón
en deseo se encendía,
rogando a Dios que quisiese

210. dejalle ver este día.
Y así, el Espíritu Santo
al buen viejo respondía;
¬Que le daba su palabra
que la muerte no vería

215. hasta que la vida viese
que de arriba descendía.
y que él en sus mismas manos
al mismo Dios tomaría,
y le tendría en sus brazos

220. y consigo abrazaría.

Prosigue la Encarnación.

Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía

225. debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:
¬Ya ves, Hijo, que a tu esposa

230. a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había

235. En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza

240. más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.

245. ¬Mi voluntad es la tuya
¬el Hijo le respondía¬,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,

250. lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
veráse tu gran potencia,
justicia y sabiduría;

255. irélo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza v dulzura
y de tu soberanía.
Iré a buscar a mi esposa,

260. y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,

265. y sacándola del lago
a ti te la volvería.

Prosigue

Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella

270. que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;

275. y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenia sólo Padre,

280. ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;

285. por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía.


Del Nacimiento.

Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado

290. de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía,

295. entre unos animales
que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio

300. que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.

305. Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro

310. tan ajeno ser solía. (FIN)

Se nos abren las santas Escritura leídas en base a este anhelado y dulce desposiro de Dios con su criatura.
La Palabra divina – oscura, agitada, revuelta… - al fin, es un relato de amor; es un divino noviazgo que precede al momento en que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
El Nacimiento en Belén es algo divino y ceslestial.


III
Navidad: Jesús, Verbo de Dios, esposo mío
1. Navidad es, ante todo, revelación y gracia. Se  nos revela el rostro de Dios en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu de su amor.
Dios es amor amando. Dios es lo que hacer. El “ser” y el “hacer” en Dios no son cosas distintas separables. Si Dios “es” y no ejerce lo que es, habría dejado de ser el ser. Dios es amor, porque nos está amando, con el mismo amor con que se ama a sí mismo.
Si la Teología y la Psicología, entendida esta como vivencia de mi propio psiquismo, han de ir en una conjunción y compenetración mutua, cabe que la psicología que se vaya creando en nuestra persona, sea la Psicología del Amor revelado en la Encarnación. Este amor se aposenta en mí; penetra todas mis fibras y me diviniza. No son imaginaciones imposible, a la deriva, a la desesperada. Es la concreción, la proyección de cuanto celebramos en la fe de estos misterios.
Partiendo, pues, de que al Encarnación es el desposorio de Dios con su criatura, conmigo, de ninguna manera es fomentar una ilusión, una falsa mística, unas vivencias irreales, fomentar de modo propio una conciencia de vivir un desposorio con Dios.
Viene en nuestro apoyo el primer texto profético (siglo VIII) en que se enuncia el desposorio de Dios con su criatura, la esposa infiel.

21 Me desposaré contigo para siempre,
me desposaré contigo
en justicia y en derecho,
en misericordia y en ternura,
 22 me desposaré contigo en fidelidad
y conocerás al Señor (Oseas 2,21-22)

Vivir en esta “Alianza esponsal” con Jesús, hijo de Dios transciende al especificidad de hombre o de mujer, porque no se trata de homologaciones sexuales en nuestras vivencias, sino de intimidad en el amor. Bien es cierto que esa vivencia específica de “esposa” en expresiones femeninas cuadra con la mujer y no con el varón; pero hablamos más bien de esa vinculación de intimidad en el amor que sería la esencia pura del matrimonio.
Si de lo que se trata es de una alianza de amor, anotemos:
1)    Hablamos del amor íntegro, el que vibra en todas nuestras células. El amor físico es el que enciende nuestro cuerpo; es amor personal. Y amor personal es el amor más elevado y desprendido. Uno y otro son uno. Y si uno da su vida por amor, no da el ápice del alma: da cuerpo y vida, porque el amor consiste en dar la vida.
2)    Obviamente estas intenciones y anhelos pensados y ordenados para trasladarlos a esquemas comprensible, requiere una purificación absoluta, que nadie por sus propias fuerzas puede alcanzar. El perdón de los pecados es la base insustituible para entrar en la dinámica. Yo que quiero vivir en esa corriente de “ser amado y amar”, no puedo convivir con el pecado, pues el pecado no es otra cosa sino el desamor, la ruptura consciente con el amor que me llama. Es pecado todo y solo lo que se opone a la voluntad de Dios.
3)    El amor, como se sabe, tiene tres cualidades intrínsecas, que mutuamente se reclaman, y si uno excluyera una de las tres, daría la espalda al amor. El amor es
- total
- gratuito
- para siempre.

Este es el amor de Jesús a mí; y, en consecuencia, de modo correlativo el mío hacia él, amor-respuesta, guiado por el Espíritu Santo.
Cuando la vida queda ordenada así, yo entro en el círculo trinitario de la voluntad de Dios. “Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero” (Jn 4,19), dice Juan después de haber dicho. Dios es amor.

Desde esta espiritualidad de amor podemos saltar a los diálogos de la Trinidad, como ha saltado Juan de la cruz.
Y todo ello con serenidad, con gozo, con paz, aguardando, cuando al Señor le plazca, el Encuentro con el Amor. El Amor venidero y el Amor de hoy es el mismo, porque Dios es Amor.

Guadalajara, Jalisco, 27 diciembre 2017

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