Lectio divina de la
Pasión del Señor
PARTE PRIMERA
UN RETIRO ESPIRITUAL LEYENDO LA PASIÓN DEL SEÑOR
Experiencia espiritual de la lectura de la Pasión
del Señor
según un evangelista san Mateo.
Pauta para un retiro espiritual
Invitación
La lectura de la pasión de Jesús es una experiencia
suavísima de amor. Al fin es la más bella historia de amor que se escribió en
el mundo. La simple lectura del texto sagrado será un banquete espiritual (no
alterada mi mente por cuestiones críticas, por problema sobre problema). Si mi
corazón está herido por el amor del esposo, la lectura de la pasión será la
intimidad de un esposo.
Una lectura “discurriendo” me aleja del texto; una
amorosa lectura amando me lleva al texto, que en sintonía vibra en mi corazón.
Será una lectura unitiva, y voy a necesitar tiempo para paladearla. Será como
una suave sinfonía, si estoy sentado, desembarazado mi escritorio de libros y
papeles y con una simple imagen de Jesús allí delante.
Yo invito a lector a dejarse conducir, no por mí,
sino por una mano celestial que me va guiando en el camino.
Mi objetivo es comulgar con la Pasión del Señor en
el modo y medida que me dé el Espíritu, con una lectura mía, en la Iglesia,
lectura intransferible escuchando el texto, y simultáneamente contemplando, dejando que la palabra
obre por ella misma. De pronto me veré
en una montaña de luz… De pronto puedo sentirme teólogo; de pronto orante
ungido de amor.
He aquí el sendero para caminar.
El camino
1. Punto de
partida es uno: el texto, tal como lo tengo ante mis ojos. ¿Conozco el
griego? Al honor del Señor lo leeré en griego. ¿Conozco el latín? Tomaré la Nova Vulgata; el latín, sin ser ningún
fanático, tiene el sabor de toda la tradición de la Iglesia. Quisiera hacer una
lectura, por así decir, “virginal”. Soy yo, enamorado discípulo – discípula –
el que voy a leer, con exquisita piedad, un texto que el Espíritu ha preparado
para mí. Lo escribió un día Mateo, al eco de las comunidades cristianas y para
celebrar la fe de esas comunidades.
2. El texto es agua de un manantial que brota; el
texto tiene en sí mismo un valor sacramental. Sin fanatismo, sin una mística
huera, sin pretender ser un masoquista espiritual, que se enreda en su propia
fantasía, dejo que el texto fluya. No renuncio a mis estudios precedentes que
están operando en sordina. Estoy informado, no desconozco los problemas
históricos y teológicos que levanta el mismo texto. Estoy informado, pero ahora
todo eso, si no ignorado, queda aparcado, para que misteriosamente el texto me traspase
como “palabra de Dios”.
Observo, por simple sensibilidad literaria, que el
relato es, ante todo, sencillo. Esa una narración
de una historia sobrenatural donde una cosa viene detrás de otra. Sé dónde está
el fin, en el último versículo del Evangelio: “Y sabed que yo estoy con
vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (28,21). Pero no sé dónde
está el comienzo: ¿En el Huerto”, ¿Antes del Huerto, en la Cena? ¿Antes de la
Cena, en la unción de Betania [el Domingo de Ramos se toma de 26,14, después de
la unción de Betania]? Todo se desliza una cosa detrás de otra, como historia
de Dios, como historia de los hombres.
3. Tomo el texto de una forma continua para leerlo
todo seguido. El texto no tiene ningún título; los títulos se los pondré yo
mismo, en una segunda lectura. En este ejercicio no trataré de completar, en
modo alguno, un relato con otro. Dejaré que el relato escogido hable por sí
mismo, como un todo. Para leer a San Mateo no he de “imaginarme” que la madre
de Jesús está junto a la cruz (San Juan); eso será otra lectura. La Pasión,
muerte y resurrección de Jesús según san Juan es maravillosa; será otra
experiencia diferente de la misma historia de amor.
No necesito referencias al margen, ni tampoco notas
a pie de página. No me quiero distraer del texto limpio y puro, que lo estoy
ingiriendo como la sagrada Hostia.
4. Observaré aquello que el evangelista quiere
observar, sin introducir mis propias observaciones.
Bien pronto he caído en la cuenta que no puedo leer
la Pasión sin leer como remate la Resurrección; son un solo relato, aunque, al
parecer, sean tan distintos uno y otro. En el primero (Pasión) es la historia
sin milagros; en el segundo (Resurrección) el brillo de lo de lo milagroso,
teofánico, comenzando por la teofanía de la resurrección resplandece sobre el
texto. Pero el soborno de los guardas de la tumba y la aparición del ángel se
escriben en el mismo rango de historia.
Descubro, pues, que el relato es el mismo y uno, y
el protagonista es el mismo; todo resulta sencillo y humano; todo es de “aquel
tiempo” (in illo tempore) y de hoy. ¿Qué me pasa? Siento que el Evangelio es un
libro diferente de todos. En el fondo de mi corazón siento que se está operando
algo nunca sentido: que el Evangelio es armonía y paz, que tiene el mismo sabor
que Cristo Jesús.
5. Yo soy lector, pero siento que toda la comunidad
cristiana, toda la Iglesia es quien me acompaña. Jesús está hablando a toda la
Iglesia, la de ayer y la de hoy, cuando tres veces se levanta de la oración
para advertirnos que debemos estar vigilantes.
6. Sucede que he entrado en la Pasión de Jesús.
Observo que las personas que actúan son personas totalmente reales de una
historia que acontece. En concreto: Pedro, Judas, Simón de Cirene, “María
Magdalena y la otra María”, Pilato, la mujer de Pilato, Barrabás.
El escenario es totalmente real: el predio del
Huerto de los Olivos, el palacio del Sumo sacerdote, la residencia del
Procurador. A medida que entro en el relato, este se va poblando de historia.
Hay lugares, hay tiempos y horas, hay personas. De pronto, un lugar es (como lo
hemos anotado) una montaña de luz.
7. Este relato se destacan de entre los discípulos
dos: uno que es Pedro; otro, que no sé como llamarle (Mateo dirá “uno de los
doce”), fatídico, al que le llamaré secamente Judas.
La figura de Pedro; es modelo de
discípulo y modelo de la comunidad, una vez que la comunidad lo ha perdonado,
perdonándole Jesús. San Mateo quiere que me fije muy en particular en Pedro: es
el discípulo, y quiere que vea – que veamos todos, en comunidad – sus pasos,
marcados por estos lances: su generosidad al prometerle a Jesús nunca negarle
aunque todos le negaran, su ímpetu en el huerto, su valor para entrar en el pretorio,
sus negaciones en las que está el ser humano en la plena debilidad, su pronto y
total arrepentimiento. Esa es la Pasión de Pedro que tanto enseña y me enseña.
Judas, increíblemente “uno de los Doce, figura
fatídica que no puede ser comprendido sino en el misterio de la Escritura. Un
arrepentido desesperado que no se ha convertido, que termina con el desprecio
de aquellos mismos que lo habían contratado para el crimen.
Quedan unificados en una persona, Jesús, lo humano
y lo divino. La comunidad cristiana es consciente de que Jesús es todo hombre y
al mismo tiempo todo Dios.
Comprende, con una luz nueva, que la pasión de
Jesús tiene un solo protagonista. JESÚS.
8. Mi primer asombro acontece en el momento en que
concluye la escena del huerto. Leo en el santo Evangelio: “Todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los
profetas” (26,56). Todo está en la perfecta armonía de Dios. Es la armonía
que yo quiero para mi corazón y mi vida: el sentir de Dios.
También el misterio de Judas está en relación con
el misterio intrínseco de las Escrituras.
9. Hay una primera Pasión de Jesús, que es el
huerto; la pasión sufrida en lo más hondo del corazón. Pero la pasión
definitiva comienza ahora: “Todos los discípulos lo abandonaron y huyeron”
(26,56).
10. La Pasión del juicio tiene su punto culminante
en el conjuro del sumo sacerdote: “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas
si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”
(26,63). Jesús responde ante la faz del Sanedrín y del mundo entero: “Tú lo
has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a
la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo” (26,64).
Jesús muere pro esto y solo por esto. Aquí está el centro espiritual de la
vivencia de Jesús en la Pasión.
11. Hay tres escenas de escarnio: en el palacio de
Caifás (26,67-68); en la residencia de Pilato, “después de azotarlo” (27,26),
Jesús escarnio del mundo; en la Cruz (27,39-44): “los que pasaban”, “los sumos
sacerdotes con los escribas y los ancianos”, “los bandidos que estaban
crucificados con él”. Observaré esto
- Que el escarnio y la burla no
es tanto lo físicamente aflictivo cuanto el desprecio a la persona del Señor.
Jesús muere como deshecho de la tierra.
- En la mente del que escribe
está la figura del Siervo de Yahveh lo mismo que la del justo sufriente.
- De esta manera Jesús como
ejemplar del discípulo, que por ser discípulo ha de sufrir como el maestro.
- Igualmente de este modo la
actitud manifestada por Jesús es la verificación de la verdad de su Evangelio.
Al final, mi lectura de la Pasión queda polarizada
en una sola persona, en Jesús. Se trata de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Jesús. Lo demás está descrito en función de Jesús.
12. La pasión del Calvario nos ofrece en el
Evangelio una imagen de Jesús:
- ante mortem (Simón de Cirene, la bebida de vino mezclado con hiel,
reparto de las vestiduras, se sentaron a custodiarlo, el título de la Cruz,
crucifixión de los dos bandidos).
- in morte (las tinieblas proféticas, el grito del abandono y la
reacción de los circunstantes: bebiba y evocación de Elías, la muerte con un
grito potente)
- post mortem (el velo del templo, temblores, apertura de las tumbas
y apariciones, la presencia de las mujeres.
Las escenas del Calvario tienen una
importancia suma. Jesús va a morir en calidad de “Hijo de Dios”.
13. “Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz” (27,40). “Confió en Dios, que lo
libre si es que lo ama, pues dijo: Soy
Hijo de Dios” (27,43). “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (27,54). He aquí el meollo del relato. Jesús es
condenado como hijo de Dios (Caifás), Jesús muere como Hijo de Dios, Jesús el
crucificado resucitará como lo había dicho (28,6). Esta es la historia del Hijo
de Dios, la Pasión del Hijo de Dios, crucificado, muerto y resucitado.
14. Continúa de una manera lineal
la misma historia, todo es divinamente sencillo. No hay nada inverosímil. Ponen
guardia a la tumba, porque había dicho “A los tres días resucitaré” (27,63), y
luego emplearán el soborno (28,11-15), no sea que lo roben de noche y se lo
lleven, “Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy”
(v.15). Pero, “pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fuero María
la Magdalena y al otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente
la tierra pues un ángel del Señor, bajando del cielo, corrió la piedra y se
sentó sobre ella” (28,1-2).
Es sencillamente al misma
historia…, la misma. Las mujeres, mientras corren a anunciarlo a los discípulos…,
reciben la primera visita del Señor: “Ida a comunicar a mis hermanos que vayan
a Galilea; allí me verán” (v.10).
En Galilea comenzó el anuncio y
en Galilea, en un monte, culmina, de Galilea a todos los pueblos, hasta a mí,
aquel en este momento, bautizado “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo… yo estoy con vosotros todos los días hasta el find el mundo” (vv. 19-20)
¡Verdaderamente el relato
sencillo es un sacramento del vida, porque es el relato de la Pasión y
Resurrección del Hijo de Dios para mí!
Gracias, Jesús. Amén.
PARTE SEGUNDA
SAN BUENAVENTURA CONTEMPLA LA PASIÓN DEL CRUCIFICADO
Jesús,
árbol de la vida
ARBOR VITAE DE
SAN BUENAVENTURA
O crux, frutex salvificus
Vivo fonte rigatus,
Cuius flos aromaticus
Fructus desideratus.
DEL MISTERIO DEL ORIGEN
Iesus, ex Deo genitus
Iesus, praefiguratus,
Iesus, emissus caelitus
Iesus, Maria natus.
Jesús, engendrado de Dios.
Jesús, prefigurado.
Jesús, enviado del cielo.
Jesús, nacido de María.
Iesus, conformis Patribus
Iesus, magis monstratus,
Iesus, submissus legibus,
Iesus, regno fugatus.
|
Jesús, conforme a los Padres
Jesús, ostrado a los Magos.
Jesús, obediente a las leyes.
Jesús, expulsado del reino
Iesus, baptista caelicus,
Iesus, hoste tentatus,
Iesus, signis mirificus
Iesus, transfiguratus.
Jesús, bautista celestial.
Jesús, tentado del enemigo.
Jesús, admirable en prodigios.
Jesús, transfigurado.
Iesus, pastor sollicitus,
Iesus, fletu rigatus,
Iesus, rex orbis agnitus
Iesus, panis sacratus.
|
Jesús, Pastor solícito.
Jesús, bañado en llanto.
Jesús, aclamado Rey del mundo.
Jesús, Pan consagrado
DEL MISTERIO DE LA PASIÓN
Iesus, dolo venundatus,
Iesus, orans prostratus,
Iesus, turba circumdatus,
Iesus, vinculis ligatus.
Jesús, traidoramente vendido.
Jesús, orante postrado.
Jesús, cercado de la turba.
Jesús, maniatado.
Iesus, notis incognitus
Iesus, vultu velatus
Iesus, Pilato traditus
Iesus, morte damnatus.
Jesús, desconocido de los suyos.
Jesús, velado el rostro.
Jesús, entregado a Pilatos.
Jesús, condenado a muerte.
Iesus, spretus ab omnibus
Iesus, cruci clavatus,
Iesus, iunctus latronibus,
Iesus, felle potatus.
Jesús, despreciado de todos.
Jesús, clavado en la cruz.
Jesús, puesto entre ladrones.
Jesús, aheleado.
Iesus, sol morte pallidus
Iesus, translanceatus,
Iesus, cruore madidus
Iesus, intumulatus.
Jesús, Sol pálido en la muerte.
Jesús, traspasado por la lanza.
Jesús, bañado en su sangre.
Jesús, sepultado.
|
DEL MISTERIO
DE LA GLORIFICACIÓN
Iesus, triumphans mortuus,
Iesus, resurgens beatus,
Iesus, decor praecipuus
Iesus, orbi praelatus.
Jesús, muerto triunfante.
Jesús, resucitado glorioso.
Jesús, singular hermosura.
Jesús, emperador del mundo.
Iesus, ductor exercitus
Iesus, coelo levatus,
Iesus, largitor Spiritus,
Iesus, laxans reatus.
Jesús, general del ejército.
Jesús, ensalzado en el cielo.
Jesús, dador del Espíritu.
Jesús, absolución de los
pecados.
Iesus, testis veridicus
Iesus, iudex iratus,
Iesus, victor magnificus
Iesus, sponsus ornatus.
Jesús, testigo verídico.
Jesús, juez airado.
Jesús, vencedor magnífico.
Jesús, esposo engalanado.
Iesus, rex regis filius,
Iesus, liber signatus,
Iesus, fontalis radius,
Iesus, finis optatus.
Jesús, Rey Hijo de Rey.
Jesús, libro sellado.
Jesús, rayo Fontal.
Jesús, fin de todos los deseos.
|
* * *
His nos ciba fructibus,
Illustra cogitatus,
Rectis duc itineribus,
Hostis frange conatus.
|
Sacris reple fulgoribus,
Spira pios afflatus,
Sisque Christum timentibus
Tranquillus vitae status.
|
Nota de lectura. Este texto es un “rythmus”, propio de la
poesía del Medievo. Las estrofas, al
estilo de las lenguas que van naciendo tienen concordancia consonántica, el
primero con el tercero, el segundo con el cuarto. Los veros tienen además la
misma cantidad de sílabas.
El texto
está tomado de. Obras de San buenaventura. Edición bilingüe, Tomo II. (BAC 9).
Edición dirigida, anotada y con introducciones por León Amorós OFM, Bernardo
Aperribay OFM, Miguel Oromí OFM. Madrid BAC 1946.
Véase en
este volumen la introducción específica
a este opúsculo bonaventuriano: “Cristo, árbol de la Vida” pp. 279-289.
En la síntesis espiritual de san Buenaventura la
clave para interpretar a san Francisco es la cruz. Al escribir la vida del
Pobrecillo de Asís da un resumen hablando los siete encuentros de Francisco con
la cruz: “He aquí las siete maravillosas apariciones de la cruz de Cristo
verificadas en ti y en torno a tu persona y mostradas según el orden
cronológico. A través de las seis primeras, como por otras tantas gradas,
llegaste a la séptima, donde hallarías finalmente reposo” (Legenda maior 13,10). La séptima aparición acontece en el monte de
La Verna, cuando fráncico queda llagado con las cinco heridas de Cristo.
Y la última configuración con el Crucificado
ocurrirá en la muerte y después de la muerte: desnudo con el desnudo
Crucificado.
“Ciertamente,
quiso conformarse en todo con Cristo crucificado, que estuvo colgado en la
cruz: pobre, doliente y desnudo. Por esto, al principio de su conversión
permaneció desnudo ante el obispo, y, asimismo, al término de su vida quiso
salir desnudo de este mundo. Y a los hermanos que le asistían les mandó por
obediencia de caridad (13) que, cuando le viesen ya muerto, le dejasen yacer
desnudo sobre la tierra tanto espacio de tiempo cuanto necesita una persona
para recorrer pausadamente una milla de camino.
“¡Oh
varón cristianísimo, que en su vida trató de configurarse en todo con Cristo
viviente, que en su muerte quiso asemejarse a Cristo moribundo y que después de
su muerte se pareció a Cristo muerto! ¡Bien mereció ser honrado con una tal
explícita semejanza!” (LM 14,4)
El “Arbor vitae” de San Buenaventura
San
Buenaventura nos puede enseñar
1. Leer la Pasión de Jesús en
perfecta unidad y armonía con la “vita Christi” y con el “mysterium Christi”. El sentido de la unidad del
misterio lo traslada el santo doctor hasta en la arquitectura de su
pensamiento. En este caso toma el sistema cuaternario, para dividir siempre por
cuatro, que es número de perfección, el curso de sus pensameintos y de su comprensión.
2. Leer la Pasión en la sinfonía
de las Escrituras. Todo
converge en este punto cenital. Las Escritura con su cuádruple sentido
3. Leer la Pasión
contemplativamente, más
bien que desde otros legítimos intereses: la Pasión no como teología y como historia.
4. Leer la Pasión afectivamente, hasta el punto convertir la
Pasión de Jesús en Pasión mía sobre la base de una intuición mística fundiendo
el tiempo de Jesús, que ya pasó, y el tiempo mío, en el que yo estoy. La Pasión
de Jesús es la Pasión de mi esposo.
5. Leer
la Pasión amorosamente. La “ratio amoris” es la suprema razón de la teología para san
Buenaventura, dado que el tránsito de amor es la última posibilidad de
conocimiento de Dios (Itinerarium mentis
in Deum). El conocimiento de Dios nace del amor y torna al amor.
6. Leer
la Pasión en la intimidad invulnerable de mi persona. Quien padece la Pasión es
Jesús, mi Jesús (el nombre de Jesús fluye constantemente en el lenguaje de san
Buenaventura) y lo que padece es por mí; al final, él y yo.
7. Sobre todo, san Buenaventura nos enseña una
verdad esencial y radical: que la Pasión no es una secuencia de historias en
torno a un personaje, sino que la Pasión es Jesús Crucificado, y que ese Jesús
Crucificado es Jesús Verbo encarnado, Jesús Resucitado. Los títulos del Arbor vitae empiezan así: JESÚS.
FRUTO VIII
VICTORIA EN EL COMBATE DE LA
MUERTE
JESÚS, SOL PÁLIDO EN LA MUERTE
29. Por último, habiendo permanecido el inocente
Cordero, verdadero Sol de justicia, pendiente en la cruz por espacio de tres
horas, y habiendo al mismo tiempo el sol visible eclipsado los rayos de su luz
por piedad de su Hacedor, cumplidas ya todas las cosas, la Fuente misma de la
vida, a la hora de nona, se extinguió, cuando Jesús, Dios y Hombre, con grande clamor y lágrimas, para
manifestar su amor misericordioso y declarar el poder de la Divinidad,
encomendando su espíritu en manos del Padre, expiró. Entonces se rasgó el velo del templo en dos partes de alto abajo, y la
tierra tembló, y las piedras se partieron y abriéronse los sepulcros.
Entonces el mismo Centurión conoció que Jesús era Dios. Entonces los que habían
acudido como a un espectáculo de fiesta, se
volvían dándose golpes de pecho. Entonces el más hermoso de los hijos de los hombres, nublados
los ojos, y las mejillas cárdenas, pareció el más deforme de los hombres, hecho
holocausto de suavísimo olor en el acatamiento de la gloria del Padre, para alejar de nosotros su cólera.
Vuelve,
pues, los ojos, ¡oh
Señor, Padre Santo!, desde tu santuario,
de la morada altísima de los cielos; mira en la faz de tu Cristo, mira esta
sacratísima víctima, que te ofrece nuestro Pontífice por nuestros pecados, y aplácate sombre la maldad de tu pueblo.
Y tú, hombre redimido, tú también considera quién, cuál y cuán grande es este
que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita los muertos, su
tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas
de compasión natural» se quebrantan. ¡Oh corazón humano!, más duro eres que
ellas, si con la memoria de tal víctima, ni el temor te espanta, ni la
compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda
JESÚS, TRASPASADO POR LA LANZA
30. Para que del costado de Cristo, dormido en la
cruz, se formase la Iglesia, y se cumpliese la Escritura, que dice: Pondrán sus ojos en aquel a quien
traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el
costado. Y fue permisión de la divina Providencia, a fin de que, brotando de la
herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando
de la fuente arcana del Corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia virtud
de conferir la vida de la gracia, y fuese, para los que viven en Cristo, la
copa aplicada a la fuente viva, que da
saltos para la vida eterna. Esta es aquella lanza del pérfido Saúl—del
reprobado pueblo judío—, que, errando el
golpe, se clavó por divina misericordia en la pared, y abrió un agujero en
la peña y una cavidad en el muro, mansión de las palomas.
Levántate, pares, ¡oh amiga de Cristo!, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros
de la peña; sé el pájaro que halla su techo y vela siempre; sé la
tortolilla y esconde los polluelos de tu casto amor en aquella abertura
sacratísima. Aplica a ella tus labios para
que bebas aguas de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana de en medio del paraíso,
y dividida en cuatro ríos, derramados en los corazones devotos, riega y
fecunda toda la tierra.
JESÚS, BAÑADO EN SU SANGRE
31. Cristo Señor nuestro, bañado en su propia
sangre profusamente vertida en el sudor de Getsemaní, en la flagelación, por
las espinas, los clavos y la lanza, a fin de que fuese copiosa la redención en
el acatamiento de Dios, tuvo de color de púrpura la veste de Pontífice. Roja su
ropa y sus vestiduras como de los que pisan la uva en el lagar. Su túnica, como
la de José, arrojado en la antigua cisterna, fue teñida en la sangre del
cabrito, por la semejanza de la carne del pecado, y presentada al Padre para
reconocerla.
“Reconoce, ¡oh clementísimo Padre!, la túnica de tu
predilecto Hijo José. La envidia de sus hermanos según la carne, pésima bestia, lo devoró, y pisoteó en su furor sus vestidos
y los tiñó en sangre, y abrió en su túnica cinco lastimosos jirones. Esta es,
Señor, la vestidura que dejó en las manos de la mala mujer egipcia el inocente
joven, queriendo más descender, desnudo del manto de la carne, a la cárcel de
la muerte, que ceder a las solicitaciones de la plebe adúltera, y hacerse
grande en el mundo”. Porque
proponiéndosele gozo, sufrió cruz, menospreciando la, deshonra. Y tú, ¡oh
misericordiosísima Señora mía!, mira también aquella sagrada ropa de tu amado
Hijo, tejida en tus castísimos miembros por divino arte del Espíritu Santo, y
junto con El intercede por nosotros, que recurrimos a ti, para que merezcamos
escapar de la ira venidera.
JESÚS SEPULTADO
32. Por último, vino el noble decurión José de Ari-
matea y, obtenida licencia de Pilatos, bajando con Nicodemus de la cruz el
cuerpo de Cristo, lo embalsamó con aromas, lo envolvió en una sábana y con
mucha reverencia lo sepultó en un monumento nuevo, que había abierto en la
piedra del jardín contiguo. Sepultado el Señor y confiada la guarda del sepulcro
a los soldados, aquellas devotas y santas mujeres que le habían seguido en
vida, queriendo servirle devotamente aun después de muerto, compraron ungüentos
para ungir su sacratísimo cuerpo. Entre las cuales, María Magdalena ardía con
tales incendios de amor, sentía tanta dulzura de piedad y era arrebatada con
tan fuertes cadenas de caridad, que, olvidada de la flaqueza de m sexo, sin
temor a la obscuridad de la noche, ni a la saña de los perseguidores, quiso
visitar el sepulcro; y estando afuera, bañando con sus lágrimas el monumento,
alejados los discípulos, ella se quedó, tan encendida en divinos ardores, tan
abrasada en vivos deseos, tan herida de las impaciencias del amor, que no sabía
sino llorar. Verdaderamente, habría podido desahogar su corazón diciendo con el
Profeta: Fuéronme mis lágrimas pan, noche
y día, mientras me preguntan: ¿dónde está tu Dios?
¡Oh Dios mío, mi buen Jesús!, aunque indigno y sin
ningún merecimiento, otórgame la gracia de que, ya que entonces no merecí
hallarme presente con el cuerpo, me halle ahora, por la devota consideración, y
experimente aquellos mismos afectos de compasión de Dios crucificado y muerto
por mí, que sintieron la inocente Madre y Magdalena penitente en la hora de tu
Pasión.

Gracias Hermano Rufino por tan hermoso retiro.
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