Una mujer encorvada
El Evangelio de este lunes de la semana XXX del tiempo ordinario nos habla de la mujer enferma curada en sábado. “…12 Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». 13 Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado». 15 Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar? 16 Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?»”.
Una mujer encorvada,
anónima y pobrecilla,
un día en la sinagoga,
a Jesús, Maestro oía.
Y cuánta consolación
aquella mujer sentía,
que, enferma en dieciocho años,
no conocía tal dicha.
Era aquel día sagrado,
Sábado por más noticia,
y el pueblo había acudido
a orar con las Profecías.
A Jesús le emocionó
ver aquello que veía,
que corazón y ternura
todo su ser revolvían.
Sin pedir permiso a nadie,
sabiendo bien lo que hacía,
“Dios te ha curado, mujer”
dijo con una sonrisa.
Y puso su mano suave,
suave como una caricia,
sobre el velo y la cabeza
de aquella mujer bendita.
Pero aquello fue un pecado
por ser sábado aquel día,
y al punto intervino el jefe
a atajar tal tropelía.
Seis días a la semana
hay trabajo y medicina,
pero el Sábado es de Dios,
y aquí se lo santifica.
Ya el Señor no pudo más
y pronunció una diatriba:
con divina indignación
“Hipócritas” les decía.
¿No soltáis el buey y el asno
y los lleváis de la brida
a beber también en sábado,
porque así lo necesitan?
¿Y no puedo yo soltar
las cadenas que esclavizan
a esta hija de Abrahán
amada por Dios y mía?
Mi Jesús Liberador,
tus palabras se deslizan,
como bálsamo y perfume
por mi alma compungida.
Nos has revelado amor,
que eso solo fue tu vida;
eres tú el Señor del Sábado,
eres salud y alegría.
Eres mi hoy y futuro,
eres luz en mis pupilas,
eres palabra en mi boca
y sabor en mi saliva.
Eres mi contemplación,
la faz que me mira y mima,
eres Tú solo quien eres
y yo soy tu maravilla. Amén.
Madrid, lunes 25 octubre 2021
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