lunes, 25 de octubre de 2021

1679. Una mujer encorvada – El Juglar del Evangelio Lc 13,10-17

 

Una mujer encorvada


El Evangelio de este lunes de la semana XXX del tiempo ordinario nos habla de la mujer enferma curada en sábado. “…12 Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». 13 Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado». 15 Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar? 16 Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?»”.

Una mujer encorvada,

anónima y pobrecilla,

un día en la sinagoga,

a Jesús, Maestro oía.

 

Y cuánta consolación

aquella mujer sentía,

que, enferma en dieciocho años,

no conocía tal dicha.

 

Era aquel día sagrado,

Sábado por más noticia,

y el pueblo había acudido

a orar con las Profecías.

 

A Jesús le emocionó

ver aquello que veía,

que corazón y ternura

todo su ser revolvían.

 

Sin pedir permiso a nadie,

sabiendo bien lo que hacía,

“Dios te ha curado, mujer”

dijo con una sonrisa.

 

Y puso su mano suave,

suave como una caricia,

sobre el velo y la cabeza

de aquella mujer bendita.

 

Pero aquello fue un pecado

por ser sábado aquel día,

y al punto intervino el jefe

 a atajar tal tropelía.

 

Seis días a la semana

hay trabajo y medicina,

pero el Sábado es de Dios,

y aquí se lo santifica.

 

Ya el Señor no pudo más

y pronunció una diatriba:

con divina indignación

“Hipócritas” les decía.

 

¿No soltáis el buey y el asno

y los lleváis de la brida

a beber también en sábado,

porque así lo necesitan?

 

¿Y no puedo yo soltar

las cadenas que esclavizan

a esta hija de Abrahán

amada por Dios y mía?

 

Mi Jesús Liberador,

tus palabras se deslizan,

como bálsamo y perfume

por mi alma compungida.

 

Nos has revelado amor,

que eso solo fue tu vida;

eres tú el Señor del Sábado,

eres salud y alegría.

 

Eres mi hoy y futuro,

eres luz en mis pupilas,

eres palabra en mi boca

y sabor en mi saliva.

 

Eres mi contemplación,

la faz que me mira y mima,

eres Tú solo quien eres

y yo soy tu maravilla. Amén.

 

Madrid, lunes 25 octubre 2021

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