Si es el Padre de Jesús
El Evangelio de hoy – Témporas de acción de gracias y petición – dice así:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! (Mt 7,7-11).
Jesús nos ha revelado: Dios es mi Padre, Dios es nuestro Padre. Es la palabra central de su mensaje, que sintetiza todo el Evangelio. Jesús nos enseña algo nuevo, no escrito anteriormente, por nadie dicho anteriormente. Sobre ello va esta rima espiritual.
Si es el Padre de Jesús,
Él es mi Padre adorado:
y Padre lo he de llamar
en paz o en días turbados.
Sentir dulce suavidad,
que el alma está como un lago,
- cielo azul, cielo nublado –
es verlo Padre a mi lado.
Y sentir seguridad,
cuando todo es un quebranto
es sentirlo como Padre
que mi cuerpo ha penetrado.
Si Él es Padre, yo soy otro,
soy el hijo liberado,
con un gozo que antes más
nunca lo había gustado.
Si Él es Padre y yo soy hijo,
soy su hijo deseado,
yo soy uno para Él,
todo entero a su cuidado.
Soy para Él maravilla,
porque salí de sus manos,
pensado en la eternidad,
con Jesús predestinado.
A nadie puedo envidiar
y con nadie me comparo;
podría ser una injuria
para el Padre que ha creado.
Solo Padre y siempre Padre
de Belén hasta el Calvario
y otra lengua no sabía
Jesús sufriendo y orando.
Padre santo, en Pascua y Cena,
Abbá en el Huerto sudando;
“Padre, en tus manos mi espíritu”,
clavado en cruz y expirando.
Y tornando ya a su Padre,
el Espíritu ha enviado,
para que yo diga Abbá,
todo en él configurado.
Y es un modo de mirar,
de hablar de Dios cuando hablo,
de decir palabras ciertas
nunca dichas por un sabio.
Padre es todo el Evangelio
Por el Hijo proclamado,
la Iglesia, la Eucaristía
y el Encuentro que esperamos.
¡Oh santa Paternidad,
en vida y muerte regazo,
yo me entrego para siempre
y miedo y pena descargo!
¡Gloria a ti, hijo humanado,
Hijo eterno y encarnado,
eres de Dios y eres mío,
Sangre de hermano me has dado!
Palabras pido y amor
para decir con mis labios,
¡Padre mío, Padre mío!
y quedar divinizado. Amén.
Madrid, 5 octubre 2021.
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