¿Y a dónde puedo yo ir…?
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir?
Tú tienes palabras de vida eterna;
nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
(Jn 6, 68-69).
¿Y a dónde puedo yo ir,
si no voy todo contigo?
Definitivo eres tú
el confín de mi destino.
Dime tú tu humanidad,
si es eso lo que investigo;
la mía no la conozco,
y en la tuya me he metido.
Eres historia común,
como hijo de vecino,
mas rompes mi pensamiento,
al hablar cual nadie hizo.
Y analizar tus palabras
es un pecado vilísimo,
si busco en mis argumentos
razonar que eres el Hijo.
Eres el pan de la vida,
y así lo mostraba el signo,
pan de la vida inmortal,
cual pan verdadero y vivo.
No como como el pan del desierto,
maná que del cielo vino,
que comieron y murieron,
humanos todos nacidos.
Pero tú prometes vida
que en tu carne ha amanecido,
carne humana de mujer,
de una mujer concebido.
Quien me come tiene vida,
la vida que yo respiro,
y la vida de mi sangre
quien mi sangre haya bebido.
Hoy se llama Eucaristía
lo que escuchan mis oídos,
lo que voy a celebrar
los feriales y domingos.
Eras tú en Cafarnaúm,
eres hoy en mis dominios:
¿eres tú, Jesús amado,
eres tú el mismo, mismo?
Déjame que me silencie
para tocar lo infinito,
déjame que en tu presencia
yo me quede, al fin, dormido.
Y que el Espíritu entre
donde tengo prohibido;
déjame que en humildad
sea yo tu convencido.
¡Adoro, mi Dios, adoro,
adoro y ya nada pido;
ten piedad de un buscador,
mi Dios, de amor excesivo! Amén.
Madrid, sábado para el Domingo, 21 agosto 2021
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