Jesús, el Buen Pastor en este momento de la Iglesia
Jn 10,11-18
Texto evangélico:
11 Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12 el
asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona
las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; 13 y es
que a un asalariado no le importan las ovejas. 14 Yo soy el
Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, 15 igual
que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. 16 Tengo,
además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que
traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 17 Por
esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. 18 Nadie
me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y
tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
Hermanos:
1. Todos los años, el IV Domingo de Pascua es el Domingo del Buen Pastor.
Los tres primeros domingos leemos algún relato de las apariciones
pascuales. El cuarto es el Buen Pastor. No salimos de la Pascua, porque la
figura del buen Pastor es específicamente una figura pascual de Jesús. Leemos, pues, todos los años una sección del capítulo 10 del Evangelio de san Juan. En
este capítulo, con un lenguaje alegórico y místico, se nos presenta a Jesús como
el Buen Pastor de la Iglesia, a la que hoy dirige desde el cielo.
Esta imagen entrañable tiene un significado sin fondo, y para el cristiano
sensible a las cosas de Dios es una delicia adentrarse en esta revelación que Jesús
está dando hoy a su Iglesia. La necesitamos tantos…
2. Quisiera comenzar esta reflexión con un dato, que no es un dato
simplemente curioso, sino un dato que encierra una entrañable lección. Me
refiero al Crucifijo que lleva el Papa, que es el crucifijo que llevaba como
obispo. En la cruz pectoral no está Jesús crucificado, sino Jesús Buen Pastor,
con la oveja descarriada encima de los hombros, rodeando el cuello; en el fondo
está el rebaño que sigue al Pastor. Y en la cima de este relieve está el
Espíritu Santo, que conduce a la Iglesia.
Los símbolos hablan por sí mismo. El Buen Pastor acabamos de afirmar que es
una imagen pascual de Cristo, como nos la presenta el libro del Apocalipsis;
pero nada quita a que hagamos otra afirmación equivalente: el Buen Pastor es Jesús
en la cruz.
3. Los obispos, como bien sabéis, no llevan un cetro de Rey. Despareció la
tiara pontificia con las tres coronas, que representaban la plenitud de poderes
propia del Papa. Los obispos no llevan una vara de mando, como lleva un
regidor, un alcalde, una alcaldesa. Los obispos llevan un cayado de pastor, para
decir que, por encima de todo, son pastores, si bien es verdad que ese cayado
metálico puede estar muy sofisticado, y, a lo mejor, hasta llevar perlas preciosas,
que no es precisamente lo que
corresponde a un pastor. El Papa Pablo VI tuvo la iniciativa de cambiar la
terminación del cayado del pastor, poniendo en lugar de la empuñadura curvada,
la imagen de Jesús en la cruz, significando visiblemente que la cruz de Cristo es
nuestro verdadero cayado. Y este báculo lo han usado los papas sucesivos. La
cruz es el báculo, es el cayado con el que la Iglesia avanza por los caminos de
este mundo.
4. El Evangelio de hoy, escrito por un gran teólogo, después de la muerte y
de la resurrección de Jesús, nos hace tres aplicaciones de la figura del Buen Pastor,
Jesús, a la actualidad del mensaje proclama:
- la primera, es la contraposición entre el pastor dueño del rebaño y el
pastor asalariado. El dueño da la vida por su rebaño. Naturalmente que hay una sublimación
de la imagen. El asalariado huye cuando ve venir el peligro; el dueño
permanece, incluso hasta el punto de dar la vida por su ovejas. Este retrato que
corresponde a Jesús, el único que ha dado la vida por su rebaño, ha sublimado
la imagen, porque no corresponde la verdad fija y empírica de la vida: el
pastor no tiene por qué dar la vida por las ovejas.
- La segunda imagen comparativa es la del conocimiento: el pastor conoce a
las ovejas y las ovejas conocen al pastor.
- La tercera imagen es misionera: hay otras ovejas que no están en este redil.
Y Jesús quisiera que todas formaran un solo rebaño con un solo pastor. Jesús quiere
ser el pastor de todos los hombres, como salvador de todos.
5. Cuántos pensamientos para reflexionar, para interiorizar.
Ante esta imagen noble y delicada del Buen Pastor, que los pueblos antiguos
la han aplicado a los jefes supremos de las naciones, porque han visto en el
buen gobernante el elegido de Dios para su pueblo, queremos reflexionar con
sabiduría, porque sin duda Dios nos está revelando algo para este momento de la
Iglesia.
Queremos un pastor que nos gobierne, no un militar que enderece nuestras
conductas con el mando y la fuerza. Un pastor que alce en sus manos a la oveja
débil, que lleve en sus hombros, para tornarla al redil, a la oveja extraviada.
Si la luz de Dios de nuestras reflexiones acepta que necesitamos a ese
Pastor – que los cristianos lo llamamos Jesús – hemos dado un gran paso por los
caminos del pastoreo de Jesús.
6. Pero hay más. Todo lo dicho es bueno y correcto. Pero este plan, con lo
delicado que es, resulta insuficiente. Si queremos leer las santas Escrituras con
ese trasfondo espiritual que reflejan estos detalles, hemos de dar un paso al
frente, y confesar paladinamente: que Jesús, desde el cielo, está ejerciendo de
Buen Pastor, y que la Iglesia está muy segura bajo su cayado.
Esta sencilla verdad, que la asumimos desde el fondo del Evangelio, nos
ilumina y nos da una inmensa seguridad, paz y esperanza. Podemos confiar sin
ninguna vacilación. El camino de la Iglesia no está sujeto a los avatares de la
política humana; sería una visión corta de la realidad. Con humildad, con
rotunda firmeza, hemos de profesar nuestra fe. Y es lo que ahora mismo quiero
hacer como remate y conclusión de esta homilía.
7. Señor Jesús, creemos y creo
firmemente que tú eres hoy el Pastor, el Buen Pastor, el único Pastor de tu
santa Iglesia. Vemos con el realismo de nuestros ojos que hay un
desmoronamiento doloroso de tantas cosas que hemos amado y que han sustentado
la Iglesia de nuestra infancia, de nuestra juventud, de nuestros amores. Ignoramos
ciertamente en dónde van a terminar esta evolución y estos cambios; pero,
creyendo en el Evangelio, creemos firmemente que eres tú el Pastor que dirige a
la Iglesia que el Padre ha puesto en tus manos, y que tú estás haciendo la obra
que el Padre te ha encomendado. Acepta nuestra vida, incluso nuestra muerte, al
servicio de tu pastoreo. Amén.
Alfaro (La Rioja, España), viernes 20 de abril de 2018
Preciosa exposición sobre el cayado de los pastores de la Iglesia. Sin embargo se ha de constatar que, conforme a la frase latina, NIHIL NOVI SUB SOLE.
ResponderEliminarEn el caso de los objetos religiosos litúrgicos usados por los católicos también se puede aplicar esta frase.
En los actuales pastores de la Iglesia Católica (los obispos), observamos que utilizan ritualmente en ciertas ceremonias el BÁCULO o CAYADO, como símbolo de su carácter pastoral.
Su uso por los católicos, como se sabe, comenzó hacia el siglo VI. Es un objeto asociado al pastoreo, a los pastores para dirigir el ganado. También hay referencias a él en el antiguo Egipto, pues era usado como símbolo de poder por los faraones. La primitiva forma de “cachava” se transformó, por influencias celtas, en la característica terminación en “espiral”, símbolo de lo infinito.
Igualmente utilizan la prenda de cabeza conocida como MITRA, aparecida en el siglo XI, que los obispos visten en las grandes solemnidades. La mitra procede de la prenda de cabeza, llamada MITZNEFET, usada por el judaismo antiguo.
Dos tiras de tela, llamadas ínfulas, cuelgan de la mitra por la espalda, símbolo de su dedicación a la interpretación del Antiguo y Nuevo Testamento. Su origen parece ser el tocado de cabeza de los reyes asirios, que asimismo usaban ínfulas.
Nada nuevo bajo el sol.
Juan José.
El pasaje evangélico de Buen Pastor lo leemos en el evangelio de san Lucas (capítulo 15), y en el de san Juan (capítulo 10). Son dos versiones diferentes. En el primero, se le pierde al pastor una oveja del rebaño, ante lo cual el pastor abandona el rebaño para ir a buscar a la oveja extraviada, y cuando halla exulta de alegría. En el segundo, el pastor, dueño del rebaño de ovejas, defiende a su rebaño ante el ataque de las fieras del campo, mientras que el asalariado huye. En el del pastor-dueño defiende lo que es suyo, de su propiedad, y lo hace por encima de cualquier peligro, mientras que el pastor-asalariado no quiere exponer su vida para defender lo que, en definitiva, no le pertenece.
ResponderEliminarJesús, Buen Pastor. La primitiva iconografía cristiana plasmó gráficamente este pasaje mediante la pintura, escultura y el mosaico basado en personajes mitológicos paganos, dándolos un nuevo significado espiritual. Es evidentemente que los evangelistas no nos dicen que el pastor llevase a cuestas a la oveja perdida, a pesar de las muchas representaciones gráficas en ese sentido.
Jesucristo recalca su idea de que todos sus discípulos formemos un solo rebaño con un solo pastor. De que todos seamos uno. Posiblemente pensase dolorosamente en las divisiones que habría entre los cristianos desde los primeros tiempos, y que duran hasta hoy.
Es notorio los muchos cambios que ha habido en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Los que tenemos una cierta edad nos damos cuenta de ello.
Muchos han dado la bienvenida a esos cambios. A esa primavera. Otros, anclados en un lejano pasado, no. La renovación es siempre buena. Nuestro venerable Papa Juan XXIII tuvo la valentía de dar un gran paso hacia adelante. Hoy, y es un ejemplo, resulta anacrónico el uso de la Silla Gestatoria. Antes era “normal”.
Al Papa Francisco le considero una persona MUY CUALIFICADA. En un viaje que hice a Roma tuve el gusto de escuchar a un PROFESSORE DI ARTE E STORIA, con el que coincidí en el Vaticano. Me dio una “lección magistral” sobre extremos que pasan “desapercibidos” a la inmensa mayoría. Y aquí lo dejo, como se suele decir.
Juan José.