No se lo digas a nadie
El Evangelio de este Domingo comienza así: “Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»” (Mc 8,27). Por boca de Pedro los Apóstoles confesaron al Señor, proclamación que Jesús acepta plenamente. Confesión que termina con una prohibición terminante. De san Marcos hemos oído: “Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto” (v. 30). San Mateo dice: “Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías” (Mt16,20). San Lucas escribe: “Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie” (Lc 9,21).
La identidad plena de Jesús no queda completa, si al título divino no se le añade, consustativamente el sufrimiento y la muerte. El discípulo participa en el título divino y en el título de muerte. Por eso, el Evangelio de hoy termina: Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
No se lo digas a nadie,
si Dios te lo ha revelado;
no le digas el secreto
a quien no quiera escucharlo.
No es Jesús el Gran Bautista,
que vuelve reencarnado;
no es Elías misterioso
que al cielo fue arrebatado.
No es Jeremías doliente,
el profeta desgarrado;
no es nadie hasta hoy venido
que regrese a predicarnos.
Por sus signos y palabras
no es un profeta de antaño;
ni es un nuevo Moisés
quien es único Enviado.
¿Quién eres, pues, mi Jesús?,
yo te pregunto adorando;
es mi pregunta de vida,
por la que vivo y batallo.
¿Quién eres que, al descubrirte,
estás mandando ocultarlo,
cual si fueras un secreto
que decirlo es profanarlo?
Soy el Venido de Dios
para ser crucificado,
soy el Mesías, Dios hombre
soy Yo mismo presentado.
¿Quién eres tú, mi Jesús,
el por todos esperado,
el que tú en el corazón,
habitas sin ser llamado?
El que estabas y estarás,
si eres el Hijo encarnado,
Dios transfundido, celoso,
de vivir con los humanos…
Dios que no eres religión,
de todos el Dios hermano,
hijo de humilde mujer,
invisible y Dios cercano.
Dios latiente en mis entrañas,
Dios vencedor del pecado,
Dios de dejarse abrazar,
porque me quiere endiosado.
Dios de mi vida y mi muerte,
de mis logros y fracasos,
Dios de vivir mar adentro
en tu amor abandonado.
Dios que se llama Jesús,
compañero para el diálogo,
desde el principio hasta el fin
el Dios de mi calendario.
Jesús, reloj de mis días,
de mis quehaceres de diario,
mi proyecto y vocación
que con los hombres comparto.
Tú eres, Jesús, mi Mesías,
porque tú los has desvelado;
mis ojos serán tus ojos,
mis labios serán tus labios.
“Ser en él” eso es vivir,
así lo decía Pablo,
cual discípulo vivía,
por eso supo enseñarlo.
A nadie de lo digáis,
porque yo quiero anunciarlo,
con una muerte por todos
y en vuestras vidas amando.
* * *
En un abismo de gracia
quedo, Jesús, meditando,
y te confieso presente
para seguir escuchando.
Eres tú y solo tú,
eres tú, Dios humanado;
eres Fe, y desde ahí
serás mi amor desbordado.
Jerusalén, Cesarea
y Jesús va transitando:
Jesús ayer y hoy, el mismo,
hoy Evangelio en Alfaro. Amén.
Alfaro, La Rioja, Domingo 12 septiembre 2021.
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