martes, 28 de septiembre de 2021

1668. Amada Jerusalén. Rima sobre Lc 9,51

 

Amada Jerusalén

 

En la celebración eucarística de hoy (martes de la sem. XXVI) iniciamos el viaje de Jesús a Jerusalén. “Sucedió que cuando se cumplieron los días de su asunción, él endureció su rostro para encaminarse hacia Jerusalén” (Lc 9,51, versión literal. La Vulgata traduce: Factum est autem, dum complerentur dies assumptionis eius, et ipse faciem suam firmavit, ut iret Ierusalem”. Y leemos también a Zacarías: “Y vendrán pueblos numerosos… buscando al Señor del universo en Jerusalén” (Zac 8,22).

 

Jerusalén…, Jerusalén… 669 veces en el Antiguo Testamento; Sión 154 veces.

Jesús fue presentado en el Templo de Jerusalén; Jesús, al cumplir los doce años fue con María y José a Jerusalén, y se quedó “en la casa de mi Padre”. Jesús purificó el Templo de Jerusalén (según Juan al principio de su ministerio), Jesús dijo: “Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada. Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».” (Lc 13,33-34).

Jesús entró como Mesías en Jerusalén, celebró la Cena pascual en Jerusalén, fue crucificado en Jerusalén, fuera de las murallas, se apareció en Jerusalén, subió al cielo desde Jerusalén.

Jesús amó con todo su ser a la ciudad santa de Jerusalén.

Pero Jesús dijo a la Samaritana: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».  La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».  Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo»” (Jn 4,21-25).

A partir de la Resurrección Jerusalén, el Templo de Jerusalén, es el cuerpo de Cristo.

 

Amada Jerusalén,

ciudad del amor divino,

eres ciudad de Jesús,

la ciudad de su destino.

 

Jerusalén y su Templo

que Jesús amó de niño,

como Casa de su Padre

hasta quedarse… perdido.

 

Era Casa de una historia

y que tenía un latido;

los profetas y salmistas

allí la habían sentido.

 

“Y se dirá mientras danzan:

Este y este allí ha nacido”.

Ciudad de paz y oración,

joya del pueblo elegido.

 

Jerusalén de Jesús,

del monte de los Olivos,

también del Monte Calvario

y del sepulcro vacío.

 

Ciudad santa la primera…,

que si cayera en mi olvido,

se paralice mi lengua

para cantar otros himnos.

 

Es el Monte del Señor,

luz y festín exquisito,

abrazo abierto a los pueblos

que el Dios de amor ha ofrecido.

 

Pero créeme, mujer,

que ya la hora ha venido:

ni en este monte ni allí

adoraréis al Dios vivo.

 

Jerusalén es Jesús

en su cuerpo sacratísimo,

Jerusalén es mi historia

leída en su sacrificio.

 

Jerusalén es la cena

de Jesús con sus discípulos,

Jerusalén es mi altar,

el Dios de mi regocijo.

 

Jerusalén, voy a ti

cual creyente peregrino,

voy orando, voy leyendo,

en la mano el Santo Libro.

 

Jerusalén, mi Jesús,

a quien mi vida confío,

Jerusalén, santa Iglesia

humilde casa en que habito.

 

Jerusalén, mis hermanos,

arrepentidos y unidos,

cantando al Padre de todos,

hijos de un solo designio.

 

Jerusalén en la tierra,

de una esperanza cautivos:

Jerusalén celestial,

abierto el cielo un Domingo.

 

Y yo Templo no lo ví

en el sagrado recinto,

porque Templo es el Cordero,

el que vive por los siglos.

 

¡Gloria a ti, Jerusalén,

a ti, Señor Jesucristo;

gloria a ti, que junto a ti,

reservaste nuestro sitio! Amén.

 

Madrid, martes de la sem. XXVI, 28 sept. 2021 (El autor estudió en Jerusalén 1984-1987 y está a la espera de volver a Jerusalén).

No hay comentarios:

Publicar un comentario