Era un hombre que pasaba
Un solo versículo para describir la vocación de Mateo: Et cum transiret inde Iesus, vidit hominem sedentem in teloneo, Matthaeum nomine, et ait illi: “Sequere me”. Et surgens secutus est eum. Un solo versículo, seguido luego del banquete, que podemos desglosar en siete momentos:
1) Protagonista: Jesús que pasa.
2) Vio.
3) Un hombre, llamado Mateo.
4) Un oficio: sentado (trabajando) en el “telonio”.
5) Una llamada: Sígueme.
6) Una respuesta: Se levantó y lo siguió.
7) Un banquete para coronar la escena.
La exégesis se ha deleitado en esta escena en la mirada de Jesús. Se lle en las Homilías de Beda el Venerable: “Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. «Sígueme», que quiere decir: «imítame.» Le dijo: «Sígueme», más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo”.
Más de una vez ha contado el Papa cómo su vocación nació aquel 21 de septiembre de 1953.
“El pasado 18 de mayo, víspera de Pentecostés, el Papa revivió aquel momento inolvidable durante un encuentro con varios miles de novicias, novicios, seminaristas y vocaciones jóvenes de movimientos eclesiales en la plaza de San Pedro. Allí les contó lo sucedido en la iglesia de San José, de su barrio de Flores, cuando estudiaba Ingeniería Química.
«Era el 21 de septiembre de 1953. Tenía casi 17 años. Era el Día del Estudiante, que para nosotros es el comienzo de la primavera. Antes de ir a la fiesta, pasé por la parroquia. Me encontré con un sacerdote que no conocía y sentí la necesidad de confesarme».
Los jóvenes escuchaban embelesados un relato cada vez más íntimo: «No sé lo que sucedió. No sé por qué aquel sacerdote estaba allí. No sé por qué sentí ese deseo de confesarme. Pero la verdad es que alguien me esperaba. Me estaba esperando desde hacía tiempo».«Después de la confesión -continuó- sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo. Había sentido una voz, una llamada. Estaba convencido de que tenía que ser sacerdote. El Señor nos espera primero. Él nos «primerea» siempre» (ABC, 22/09/2013).
En la Web de vatican.va podemos leer a propósito del escudo del Papa:
“El lema del Santo Padre Francisco procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)».
Esta homilía
es un homenaje a la misericordia divina y se reproduce en la Liturgia de las
Horas de la fiesta de san Mateo. Reviste un significado particular en la vida y
en el itinerario espiritual del Papa. En efecto, en la fiesta de san Mateo del
año 1953, el joven Jorge Bergoglio experimentó, a la edad de 17 años, de un
modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después de
una confesión, sintió su corazón tocado y advirtió la llegada de la misericordia
de Dios, que, con mirada de tierno amor, le llamaba a la vida religiosa a
ejemplo de san Ignacio de Loyola.
Una vez
elegido obispo, monseñor Bergoglio, en recuerdo de tal acontecimiento, que
marcó los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decidió
elegir, como lema y programa de vida, la expresión de san Beda miserando
atque eligendo, que también ha querido reproducir en su escudo pontificio”.
En este poema de un Juglar del Evangelio vamos desglosando cada uno de los siete momentos descritos.
I
Era un hombre que pasaba,
era Jesús Nazareno,
porque vivir es pasar,
cada cual en su sendero.
Pero era el Verbo encarnado
el humano pasajero;
de Dios mismos era llegado
para ser mi compañero
II
Y vio por causalidad
lo que todo el mundo vemos,
vio la vida como es
la vio con ojos abiertos.
Y le vio presente al Padre
detrás de un hombre encubierto;
casualidad no existía,
que en la fe todo es perfecto.
III
Era un hombre designado
y se llamaba Mateo,
era él y solo él
aun amado el mundo entero.
Una historia personal,
una sola en tierra y cielo,
que el Padre bien conocía
en aquel divino encuentro.
IV
Y hasta vulgar se diría
la mesa de los impuestos,
y el oficial sospechoso,
manchado por el dinero.
No era un doctor de la Ley
ni un devoto fariseo;
un común trabajador
del común y honrado pueblo.
V
Sígueme, Jesús le dijo,
y se lo dijo hasta adentro,
cual si del cielo cayera
un rayo del Evangelio.
Un Sígueme nunca oído,
creador del mundo nuevo,
que allá arriba retumbó
y hasta hoy nos llega el eco.
VI
Mateo se levantó
Y era Apóstol verdadero,
Con Jesús y de su Iglesia
Roca muralla y cimiento.
Se levantó decidido,
atrás oficio y recuerdos,
consagrado en la Palabra
cual discípulo del Reino.
VII
Y un banquete coronó
el milagro de este encuentro:
Jesús es Misericordia:
¡alegría y celebremos!
Y Jesús nos recordaba:
“Misericordia yo quiero”.
Misericordia es su Iglesia,
gozando del Padre Bueno.
Pamplona-Madrid, San Mateo 2021.
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