Siete espadas de dolor
La memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores (15 de septiembre), a la vuelta de la Santa Cruz (14 de septiembre), nos invita a entrar en el misterio de la Virgen Madre asociada a la Pasión de su Hijo, para ser un día asociada al misterio de la Pascua gozosa de Cristo. Ya desde antiguo se ha ido a los santos Evangelios para poner en el corazón de la Madre siete espadas de dolor; que son las siguientes:
1. La Profecía de Simeón o la Circuncisión de Cristo (Lc 2, 32-35)
2. La Huida a Egipto (Mt 2, 13-15)
3. La Pérdida del Niño Jesús en el Templo (Lc 2, 43-45)
4. Encuentro de María con Jesús en el Vía Crucis.
5. Crucifixión de Jesús (Jn 19, 17-39)
6. Descendimiento de la Cruz (Mc 15, 42-46)
7. Entierro de Jesús (Jn 19, 40-42)
Hoy meditamos en estos siete dolores de María. Le pedimos nos ayude a descubrir cuáles han sido las siete espadas de nuestra propia historia, para asociarlas al misterio de la Pasión de su Hijo.
Pero el misterio, ni en María ni en nosotros, termina en la espada. Recordamos la palabra pascual de Jesús: “También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16,22).
Siete espadas de dolor
lleva la Virgen María,
las siete son con su Hijo,
el Hijo de su alegría.
Si en la infancia hubo dolor,
la Madre lo padecía;
y la muerte en el Calvario
fue muerte compadecida.
María y Jesús son uno,
una misión y una vida,
un Evangelio anunciado
y mostrado en carne viva.
Hoy reverente la Iglesia
se acerca, sufre y medita:
las raíces del dolor
¿serán alma femenina?
Donde hay amor hay dolor,
se diga como se diga;
dolor es maternidad
cuando el amor ya germina.
Si el amor llega a sazón
entonces sí fructifica,
y entonces muere y renace
y el amor se multiplica.
Amar es sufrir con gozo
con la mirada tendida
a aquel que en la cruz amaba
y que de amor se moría.
Que no fueron los tres clavos
los que hirieron al Mesías;
su amor clavó cuerpo y alma,
que era un amor sin medida.
Amor que se dona entero,
amor que todo lo fía,
amor hecho amor eterno,
amor que es Eucaristía.
Madre de siete dolores,
mismos que el Hijo sufría,
que Dios los veía unidos
Madre e Hijo en sintonía.
Pero el dolor más dolor,
si es dolor que santifica,
es como dulce fontana
de una divina leticia.
* * *
Y si la vida es dolor
y espadas nos la confinan,
el cielo es azul a los ojos
y el gozo nos ilumina.
Celebremos jubilosos
el gozo de cada día,
que el gozo vence al dolor
cuando el gozo Dios lo envía.
Hoy es Pascua en mi parcela
con humildes florecitas;
pasó la Virgen y entonces
brotaron las margaritas.
La Virgen de los Dolores
con lágrimas doloridas
es igual la Virgen Madre
cuando Jesús resucita.
Dolor y gozo enlazados
y un amor que los motiva,
van tejiendo silenciosos
el tejido de mis días.
Te ofrezco, Padre amoroso,
mi Huerto de la agonía;
que el dolor sea la gracia
que mi alma necesita.
Y que complete en la Iglesia
lo que falta todavía,
para el convite de amor
al que el Padre nos convida.
Y humildemente te pido
ser feliz en la desdicha,
si el dolor es redentor
la alegría no le envidia.
Que mis espadas florezcan
en rosas y en mis sonrisas:
Dios es amor, santo amor
y quien ama, amor respira.
Virgen fiel de los dolores,
vuelve tus ojos y mira,
tu tierra será mi tierra,
tu Pascua será mi dicha. Amén.
Logroño, Monasterio Madre de Dios, Ntra. Señora de los Dolores 2021.
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