domingo, 10 de febrero de 2019

1166. Dom. V, C. – Jesús, palabra y signo de Dios desde la barca

Jesús, palabra y signo de Dios desde la barca
Lc 5,1-11

Texto evangélico:
Lc5 1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Hermanos:
1. Hemos entrado en el Evangelio de san Lucas, Evangelio que nos acompaña este año, Y vamos recorriendo escenas que son estampas que son el comienzo y el fundamento de la vida de Jesús y de la Iglesia. Jesús se presenta en la sinagoga de su pueblo, hace su presentación con el profeta Isaías y lo allí ocurrido marca su destino. En el momento de hoy, Jesús, que ha comenzado su predicación andariega, escoge a sus primeros discípulos, a las dos parejas de hermanos, a saber: Pedro y Andrés; Santiago y Juan. Que da origen a una palabra de Jesús.
Este breve Evangelio de once versículos tiene dos partes: la predicación de Jesús a esa inmensa multitud que le sigue; y la pesca milagrosa, que da origen a esa palabra de Jesús, culmen y clave del relato: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
La última línea da fe de la eficacia de la palabra creadora de Jesús: Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Vamos a seguir esos pasos, que, como decimos, están ya en los Evangelio.

2. La gente se agolpa en torno a Jesús para escuchar, de sus labios, las hermosas palabras que conducen a Dios, o, como dice muy sencillamente a Lucas para oír la palabra de Dios.
Los Evangelios cuenta que la gente, en multitudes, se acercaba a Jesús, asediaba a Jesús:
Una es para oírle,
Otra para tocarle y ser curados de sus enfermedades.
Haciendo una reflexión o aplicación espiritual diremos que este es el sentido de la reunión dominical de los cristianos: Venimos a la misa lo primero para oír a Jesús, que es la liturgia de la palabra, las lecturas sagradas; y venimos a la Eucaristía para ser curado de nuestras enfermedades, mediante la recepción del Cuerpo del Señor en la comunión.
En el pasaje de hoy, se acentúa la primera. Dice san Lucas: la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios.

3. Y a continuación el evangelista Lucas nos da un dato descriptivo que sugiere un pensamiento: estando él de pie junto al lago de Genesaret.
Jesús en pie, apretado por la gente en multitud, no está en el monte, a orilla del mar, y a una de las dos barcas, justamente la de Pedro, pide que le den el escenario adecuado, para que su voz y su figura ´puedan ser voz y figura para todos. En el sermón de la montaña Jesús se sentó en el monte y sus discípulos le rodearon. Y ahora se sienta en la barca, como maestro de los hombres, ante aquella multitud y ante todos. Su voz llega a nosotros, y nosotros le escuchamos, abriendo nuestra vida a la escucha.
Habla, Señor, que tu siervo escucha, había dicho el pequeños Samuel a Dios en el templo de Siló. Dios habló y Samuel escuchó, y de aquella noche surgió un profeta, encuentro de Dios que habla y del hombre que escucha.
Habla, Señor, que tu Iglesia escucha.

4. Y ahora nos habla Jesús de una manera singular. Nos habla con signos y nos habla con personas. Nos habla con una pesca milagrosa y nos habla con la persona de Pedro, Simón Pedro, justamente por él.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca»
Es una orden de Jesús que nos trae gran esperanza. Cuando Jesús habla quiere una gran cosecha, y aquí en el mar de Galilea, quiere una gran pesca.
Hermano, y hoy también quiere Jesús una gran cosecha, una gran pesca. Y hoy también Jesús nos está diciendo. Echad las redes para pescar.

5. Pedro, pescador, que entiende de pesca más que Jesús, dice que han estado bregando toda la noche y nos han pescado nada, pero que obedece: por tu palabra, echaré las redes.
Jesús es la verdadera pesca de la Iglesia, Jesús, ayer y hoy el mismo, y para siempre.
La pesca termina en un acto de adoración al Señor. A él le reconocemos como a verdadero Hijo de Dios y caemos a sus pies, como cayó Simón. Apártate de mí, soy un pecador. Y no era solo Pedro: lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón,

6. Y ahora viene la palabra definitiva de Jesús: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
La palabra de Jesús, que hoy escucha Pedro, palabra de Dios que un día escuchó Isaías, el día de su vocación, y un día escuchará Pablo.
1 Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, 2 y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano. 3 Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; 4 y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; 5 y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; 6 después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; 7 después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; 8 por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.(1 Cor 15).

7. Querido hermanos:
Este es el Jesús de nuestra fe, en que hoy tenemos la inmensa dicha de creer y de anunciar.

Hermanos:
Miremos al Jesús de la barca, al que nos dijo: Rema mar a dentro, eslogan que tomó el Papa Juan Pablo II para iniciar el III milenio. Y digámosle como Pedro: Señor, por tu palabra echaré la red. Amén.

Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli (estado de México), domingo 10 de febrero de 2019.

1 comentario:

  1. En este pasaje evangélico Jesucristo concede a san Pedro lo que éste estuvo buscando toda la noche de pesca sin conseguir nada. No sería por falta de experiencia, pues era un profesional, sino más bien, como suele suceder, por falta de suerte.
    Después de la resurrección también san Pedro “lanzó la red”, dando un valiente discurso al auditorio, esta vez sí consiguió un gran éxito, pues unas tres mil personas se bautizaron. Es evidente que Jesucristo tuve que prestarle una gran ayuda.
    También San Pablo “echó las redes” hablando en el areópago ateniense, pero ante un auditorio abundante sólo consiguió dos creyentes. Más tarde Jesucristo le dio a él y al que le acompañaba, el poder de hacer milagros, el poder de “pescar una buena cosecha”, acompañando la acción a la palabra dada (Hechos 14) para que así la gente creyera todo lo que decían, y entonces sí que la cosecha fue abundante.
    ¡Cuántos miles de misioneros esparcidos por el ancho mundo trabajan día y noche predicando y haciendo el bien, pero con poco o muy poco éxito (y a veces ninguno)!. Son jornaleros que envía el Señor, dueño del campo, quienes, aún trabajando de sol a sol, y pasando toda clase de calamidades, apenas pueden cosechar nada para su Señor. Incluso a veces les quitan la vida durante su labor.
    Cuando Jesucristo envió a los setenta y dos discípulos a predicar, les dio poderes divinos, por lo que, cuando regresaron de su misión, estaban muy felices por los resultados obtenidos. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido así?. ¿Qué hubiera sucedido si san Pedro hubiera echado las redes sin la ayuda de Jesucristo?.
    Roguemos que Jesucristo conceda a los misioneros la misma ayuda que concedió a san Pablo, para que los jornaleros de la mies obtengan buena cosecha para su Señor.
    Saludos en Cristo Jesús.
    JJ

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