Solo tú, Jesús, que eres
Súplica pascual
La vida es preciosa, por ser Dios mi
Creador, principio y fin; por ser Jesús Resucitado arquetipo y remate de cuanto
aspiro. No puedo yo quedar esclavo de opiniones, que van y vienen a merced de culturas y de pueblos que pasan. Soy más grande. Las calificaciones que los
humanos usan para aceptar o rechazar, para enaltecer o desechar, no me sirven. Creo poder decirlo sin orgullo.
Y dígase otro tanto del mundo sacro en que
nos movemos los espirituales, los aficionados a las cosas espirituales, de la tierra: jerarquía que sube y baja,
teología que ondula según los siglos, santos y movimientos… todo ello es inmensamente
relativo; y nada definitivo para configurar y troquelar el sentido de mi paso
por el mundo.
“Los que esperan en el Señor poseerán la
tierra” (Salmo 36, oficio de lectura del martes II); dichosos quienes “hereden
la tierra” (Bienaventuranzas). Mi pequeña parcela puede ser mi tierra, abierto
del todo a mi Dios, abierto al amor… Lo demás, él lo dispondrá, él lo hará
según su beneplácito.
Solo tú, Jesús, que eres
infinita compañía,
honda soledad que sacia
el alma, si está vacía.
Culturas y personajes,
que van dejando su
estría,
no sois mis dueños…,
prescindo;
no doy a ellos mi valía.
Santos grandes de la
historia,
astros de teología…;
hermanos, con reverencia:
no es eso lo que pedía.
Solo tú, Resucitado,
y una parcela sencilla,
tierra de amor y unidad,
que llenen el alma mía.
Día a día, tú delante,
la vida es tu maravilla;
heredaré yo la tierra,
según me cuenta la
Biblia.
El mundo y la eternidad
son igual si Dios habita,
si el Creador, que eres
tú,
esto y esto determina.
Mi historia, Dios mío, es
bella,
si eres tú quien la
confina,
si eres tú mi Paraíso,
fontana de mi energía.
A ti retorna el que busca
y mi retorno es salida,
que expansivo es el amor
cual Trinidad indivisa.
Me quedo, Jesús, en ti,
en esta Pascua vivida,
lo que viene no lo temo:
seas tú razón y dicha.
Amén.
Madrid,
Jesús de Medinaceli, miércoles de la VI semana de Pascua,
20
mayo 2020.
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