Solo Dios es Dios mi Pastor,
9 Después de esto
vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones,
razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero,
vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. […]
13 Y uno de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras
blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».14 Yo le respondí:
«Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la
gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del
Cordero. 15 Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y
noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. 16
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. 17
Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los
conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de
sus ojos».
(Apocalipsis 7,9. 13-17)
Solo Dios es mi Pastor,
de nadie más su rebaño;
Él lo apacienta y lo
cuida,
solo Él es su cayado.
Y al que dio su sangre y vida
como Cordero inmolado,
a Jesús, el Hijo único,
su rebaño ha confiado.
Pastor que en Pascua nos
guía,
ya sin hambre, ya sin
daño,
hacia fuentes de aguas
vivas,
manantial de gozo claro.
Y a Simón, ya de regreso,
a la faz de sus hermanos,
“¿me amas?” le preguntó,
que solo el amor es
mando.
Apacienta mis ovejas,
que son mías en tus manos,
apacienta con ternura
lo que tanto me ha
costado.
Jesús, Pastor de pastores,
pastor de todos mis pasos,
por frágiles pecadores
muéstranos tu rostro santo.
¡A ti la gloria y amor,
que en alto en la cruz
alzado,
todo el amor derramaste
al abrirnos tu costado!
Amén.
Madrid,
Jesús de Medinaceli, sábado precedente al Buen Pastor,
2
de mayo de 2020
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