lunes, 11 de mayo de 2020

1375. Pascua 2020,19 – Jesús rompía a la vida



Jesús rompía a la vida
Canto a la unidad del Cuerpo de Cristo

Diríase que, vista la unidad filosóficamente, teológicamente…, la unidad es un proyecto en sí mismo imposible. La capacidad de pensar del entendimiento humano, por ser limitada, es siempre múltiple, cambiable. El hombre piensa viendo las partes, los perfiles. Por su capacidad finita no puede pensar el “todo”; el todo solo lo puede pensar Dios, o el ser humano deificado, al llegar a su meta.
Hoy valoramos el pluralismo – de pensamiento, y por ende de acción – como un axioma de vida; una democracia, para ser tal, debe ser una democracia de partidos. Pero al mismo tiempo y con la misma rotundidad afirmamos que “unidad” no es “uniformidad”. Late un problema escondido.
En las cartas apostólicas se nos llama a la unidad: “10 Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir” (1Cor 1,10); invitación no menos apremiantes de Filipenses: “manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir” (Flp 2,2).
La unidad tiene dos imágenes: La Unidad perfecta es la Trinidad originante; y Unidad es el hombre en su destino perfecto y último, cuando Dios sea “todo en todos”: entonces sí existirá la unidad.
La Unidad por su propia naturaleza es el estado pascual de Cristo, al que todos aspiramos. Estas son nuestras convicciones (en cuanto alcanza nuestra iluminación de fe) y esta es la unidad a la que aspira la Iglesia, que se visibilice ya actualmente como de modo tan apremiante ha pedido Jesús: Padre, que todos sean uno, como Tú en Mí y Yo en Ti (Jn 17,11.21x2.22). Es una unidad circulatoria en plena vida, a la que aspira la Iglesia.
En el rito bizantino según la liturgia de san Juan Crisóstomo, después de la comunión de los fieles, el sacerdote ora: “Oh, nuestra santísima Pascua, Cristo, Sabiduría, Verbo y Poder de Dios, haz que podamos participar en Ti de manera más perfecta, a la luz inagotable de tu Reino por venir”.
La liturgia, la “copa de lso misteriso” (S. Ireneo), es una aspiración irresistible hacia la Unidad del Cuerpo glorioso de Cristo.
Hoy Oriente y Occidente no nos sentamos en la misma mesa – ¡oh dolor! – pero la unidad, auque no sea visible y plena, ya está hecha en el Cuerpo Resucitado de Cristo. Por eso: “En caso de necesidad, o cuando lo aconseje una verdadera utilidad espiritual, y con tal de que se evite el peligro de error o de indiferentismo, está permitido a los fieles a quienes resulte física o moralmente imposible acudir a un ministro católico, recibir los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos de aquellos ministros no católicos, en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos” (Canon 844,2).

1. Jesús rompía a la vida
y era uno en cuerpo y alma;
el ser de Dios, Uno y Trino,
su ser todo unificaba.

2. Y la historia que traía,
metida en sus puras llagas,
era la historia de Adán
y toda la historia humana.

3. La unidad de una familia,
antes rota y ahora sana,
que al Padre Dios ofrecía
cual regalo de su Pascua.

4. El amor que todo une,
más allá de las palabras,
era el triunfo esplendoroso
en su carne inmaculada.

5. ¡Marana-tha, ven Señor!,
que nos duele la tardanza,
que queremos una mesa
que es una tu Pascua santa.

6. La copa de los misterios
hoy se eleva iluminada:
es tu copa de alegría,
es neustra paz y esperanza. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, V Domingo de Pascua, 10 mayo 2020.

1 comentario:

  1. Sí, Jesús, Verbo Encarnado, ¡Resucitado!: haz que podamos participar en Ti de manera más perfecta..., para cumplir tu deseo de que todos seamos Uno, como el Padre está en Ti y Tú en el Padre.

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