El amor es inmortal
La palabra divina entre todas las palabras
es: AMOR. ¿Y qué es el amor? Es la vida de Cristo. Ni la Filosofía, ni la
Psicología, ni la Teología…, imposible. Amar solos e aprende amando, cuando
Dios toca el corazón. “Amados de Dios”, les decía Pablo a los Tesalonicenses,
al principio de la primera carta. Amar se aprende amando, teniendo presente que
existe el Misterio y el Misterio divino del amor (“Le coeur a ses raisons
que la raison ne connaît point”, Pascal en sus Pensées: el corazón
tiene sus razones que la Razón no comprende en absoluto…, no para ir a la
deriva, sino para adorar en el misterio).
La felicidad no es la situación de
desapego de todos los deseos, que cundo nada se desea, nada se echa en falta…;
la felicidad es alcance de lso deseos, pero de qué deseos y de qué modo: apego
y fusión con los deseos que busca el amor.
El amante ama, ama con fruición cuanto es
vida; se apega y se funde. El Resucitado es la conquista del amor. Y es lo que
cantamos.
El amor es inmortal,
si acaso en alguien lo ha
sido;
y clama el Resucitado:
¡Amé y amando he vencido!
Existe el amor que sueño,
existe el amor invicto,
que pasa a mi carne
humana
desde la carne de Cristo.
Por el crisol de la Cruz
pasó el amor encendido,
y desde entonces sufrir
es amar a lo divino.
Para vivir y gozar
nací marcado el instinto,
y es verdad, dijo el
Amor,
porque Alguien te ha
precedido.
Y en hiriente melodía
amor y dolor unidos,
van cantando su canción,
seguros de su destino.
Oh paz de mi corazón,
que en Jesús ha florecido:
Tú eres belleza amorosa,
oh Jesús, amado mío.
¡A Ti, Viviente Señor,
rendidos te bendecimos;
triunfe el amor que ha
triunfado
y seas en mí por los
siglos! Amén.
Madrid,
desde Jesús de Medinaceli,
lunes
de la V semana de Pascua,11 de mayo de 2020.
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