Informe McCarrick – Helado está el corazón
Tiempos apostólicos
Se publica con fecha de 10 de noviembre, en la web de la Santa Sede, íntegro, el horrible “Informe sobre el conocimiento institucional y el proceso de decisión de la Santa Sede en relación al ex Cardenal Theodore Edgar McCarrick (desde 1930 al 2017)” (449 páginas el original inglés, 447 la versión italiana, con 1430 notas a pie de página). Mc Carrick (Nueva York, 7 de julio de 1930) ha sido degradado, incluso reducido al estado laical. El documento, científicamente elaborado durante dos años, con los procesos correspondientes, pretende hacer justicia a las víctimas… (que ciertamente no tienen inferior derecho que las jerarquías), y dicen que cierra una triste época de abusos… Cualquier ciudadano mundial, mediante una computadora, tiene acceso – y se supone que el derecho – para conocer lo que hizo este Ciudadano, y, pese a todo, hijo de la Iglesia. Al estilo humano ha triunfado la justicia. Dicen, hace ya tiempo, que terminó la era de la Cristiandad (prueba al canto, la ley de educación que en España bandea la prensa de hoy). Dicen que, luego de tantos y tantos errores que la Iglesia poderosa ha cometido en siglos pasados…, vuelven los “tiempos apostólicos”, y que la fe pura y simplemente tiene que trasparecer por sí sola, por sus medios.
No soy catedrático; soy discípulo de Jesús; soy Misionero de la Misericordia. Mi corazón adolorido y “turbado” no entra en la palestra de los doctos, de los juristas, ni de los teólogos…, porque tampoco la Teología salvará a la Iglesia. Sencillamente oro y en la noche de este día – y quizás en la noche espiritual de la Iglesia, creo que en la noche espiritual de la vida religiosa – me pregunto, y una pregunta es una pregunta, en este “totum revolutum”: ¿Toda esta manera es el signo de la Misericordia de Dios, suprema y única razón de ser de la Iglesia en el mundo?
Y en oración, del pecho ascendía, como sin quererlo, muy cansado, este gemido, pidiendo para mí la Misericordia, que es lo único que me puede salvar:
Helado está el corazón
al escuchar lo que escucha;
lo de atrás ya se acabó,
lo que viene… ¡cuántas dudas!
Mi cabeza es un mareo:
difuntos y sepulturas;
como un nuevo Apocalipsis
jinetes y revoltura.
O más rutinario aún:
no va a haber ninguna lucha;
ya comienzas a ser nadie,
y nadie por ti se turba.
Ya ni esperes enemigos
para ceñir tu armadura;
ni eres ya significante,
ni nadie de ti se ocupa.
Algo nuevo ha de nacer
en la pureza más pura,
que valga por lo que es
no porque es nuestra cultura.
Cayeron de la cabeza
las antiguas estructuras,
la catedral se hizo ermita
sencilla y semidesnuda.
La Cristiandad ya pasó
de bello rostro y figura,
y vino la Indiferencia,
acaso otra Catadura.
Y Jesús se hizo Jesús
y su palabra dulzura,
y yo soy su servidor
sin importancia ninguna.
Muy feliz de otra manera,
su vida mi vida inunda,
y no anhelo otra importancia
sino ser la gloria suya.
Madrid, Jesús de Medinaceli, 13 noviembre 2020
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