6 de noviembre
Orar junto a la tumba de los mártires
Hace dos años la revista Ecclesia, de la Conferencia Episcopal Española, a fecha de 4 de noviembre de 2018, comunicaba:
“Desde 2010, cada 6 de noviembre, la Iglesia católica en España celebra, con rango de memoria obligatoria, a los mártires del siglo XX en España, en concreto en el periodo histórico de la persecución religiosa desatada entre 1931 y 1939.
… De los 1.891 mártires españoles ya glorificados, 9 son obispos, 274 sacerdotes seculares o diocesanos, 1.499 religiosos (incluidos religiosos sacerdotes, religiosos no sacerdotes y religiosas), 1 diácono y 1 subdiácono seculares y 107 seglares, incluidos cuatro seminaristas…”
Lista que hay que ir completando; así el 22 de junio de 2019 fueron beatificadas en La Almudena 14 Mártires Concepcionistas (Orden de la Inmaculada Concepción). Para una información completa, puede consultarse: Anexo:
Mártires del siglo XX en España (en Wikipedia)
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La pléyade ingente de mártires de la Iglesia extendida en nuestra patria ha escrito una página increíble de generosidad y testimonio que conmemoramos el día 6 de noviembre. Las familias religiosas tenemos un patrimonio que queremos observar. Así los hermanos menores capuchinos:
o 2001, Beato Aurelio de Vinalesa y compañeros (12 mártires);
o 2013 Beato Andrés de Palazuelo y compañeros (33 mártires)
o 2015, Federico de Berga y compañeros (26 mártires),
o
2020,
14 de noviembre: Beatificación de 3 mártires postergada a causa del
Coronavirus de nuestros hermanos Beatos: “Barcelona, 3 nov (EFE).- La
celebración de la beatificación de los mártires capuchinos Benet de Santa
Coloma de Gramenet, Domènec de Sant Pere de Riudebitlles y Josep Oriol de Barcelona,
prevista para el 14 de noviembre en la Basílica de la Seo de Manresa
(Barcelona), ha sido aplazada por la situación de epidemia de COVID”. El Calendario capuchinos recoge igualmente la celebración de cinco mártires en las mismas circunstanas: tres de ellas, hermanas carnales: Massiá Ferragut, que junto con otra hermana carnal, agustina, y su madre, ofrecieron el don de su vida, todas ellas beatificadas.
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En carta de los ministro provinciales de España al Postulador general de la Orden del 5 de junio de 2020 (Boletín Oficial, junio-septiembre 2020, pp. 443-444) se lee: "... es un grupo de 73 frailes capuchinos asesinados entre 1936 y 1938. La memoria de todo el grupo, según lo establecido, se tiene que fijar para el 6 de noviembre de cada año. Como Ministros Provinciales de las dos Provincias capuchinas de España, proponemos que el grupo reciba el nombre de “Beatos Aurelio de Vinalesa, Andrés de Palazuelo, Eloy de Biaña y compañeros, mártires”. En este nombre no solo se recogen los principales grupos que fueron beatificados juntos, sino que se da más reEpresentatividad al incluir a un fraile laico al lado de dos frailes presbíteros.
En esta propuesta, pues, la oración colecta, siguiendo la aprobada por la Conferencia Episcopal Española, quedaría así:
Dios, Padre nuestro, que a los beatos Aurelio de Vinalesa, Andrés de Palazuelo, Eloy de Biaña y compañeros, mártires, con la ayuda de la Madre de Dios, los llevaste a la imitación de Cristo hasta el derramamiento de la sangre, concédenos, por su ejemplo e intercesión, confesar la fe con fortaleza, de palabra y de obra.
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En esta ocasión yo quería sencillamente presentar un himno en referencia a una circunstancia muy concreta. En la basílica de Jesús de Medinaceli de Madrid, hay una amplia cripta – capilla con varios confesionarios – donde se han recogido los restos de Seis Mártires capuchinos, perteneciente en su día a este convento de Jesús de Medinaceli y al convento de El Pardo. He aquí un himno escrito para esta circunstancia: orar junto a la tumba de los mártires. Pertenecen al grupo de los beatificados en 2023. El ministro general de entonces, el P. Mauro Jöhri, escribió una carta (15 agosto 2013), de la cual extractamos un párrafo como ambientación del himno. Y como “añadido a la carta” transcribió la sucinta biografía de cada uno de los beatificados, Recogemos, como información, la que corresponde a los seis Beatos Mártires junto a cuyos restos celebramos a diario la oración litúrgica. Sean nuestros modelos e intercesores para el seguimiento a Jesús.
“La beatificación de Fr. Andrés de Palazuelo y de sus treinta y dos compañeros mártires trae a nuestra memoria las dramáticas y tristes luchas de la Guerra civil española acaecida entre 1936 y 1939. Se trata de una historia reciente que trae a la memoria la ferocidad y el odio fratricida que en nombre de ideologías totalitarias han ocasionado tantas víctimas inocentes y continúan dejando en el tiempo sombras incómodas y amenazadoras.
Seguiremos preguntándonos: ¿Cómo es posible que el hombre llegue a tanta crueldad con sus semejantes? ¿Cómo es posible que esta historia, en particular el odio hacia los cristianos, dure hasta nuestros días? Se hace realidad la palabra de Jesús: "Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si me han perseguido a mí, los perseguirán también a ustedes" (Jn 15,18.20). Nuestros hermanos fueron asesinados porque eran religiosos y representaban una realidad, la de la fe cristiana, que se quería eliminar de la faz de la tierra. Su memoria es un aviso y un aliento para permanecer firmes en nuestra vida de fe llamada a dar testimonio aun donde es amenazada y puesta en discusión. Nos sostenga la intercesión de estos hermanos beatos a quienes a continuación conoceremos más de cerca”.
Himno para la liturgia
Al lado de unos mártires hermanos
se eleva la oración cual puro incienso
están aquí, tan cerca del altar,
en comunión de amor nosotros y ellos.
La Regla de Francisco profesaron,
queriendo hallar en ella el Evangelio;
sus restos venerados hoy proclaman:
¡Seguid, hermanos, el sendero bello!
Fernando y compañeros que nombramos,
Memoria sois y espíritu y aliento,
semilla que en la tierra se escondió
para hacerse en la Iglesia semillero.
El odio asesinaba desatado
en lucha fratricida en nuestro pueblo,
por ser de Aquel, testigos, os mataron
mas al morir, moríais bendiciendo.
El mundo y el maligno os han de odiar,
que hasta la cruz a mí me odió primero,
mas confiad, que yo he vencido al mundo
y en mi triunfo será también el vuestro.
¡Jesús, laurel hermoso de los mártires,
que inicias en tu paz el mundo nuevo,
la Iglesia cante a voces tu corona
y aquí nosotros, de estos herederos! Amén.
Madrid, 5 de noviembre de 2020
Fernando de Santiago
Nació en Santiago de Compostela (La Coruña) en 1873. Cursó brillantemente la carrera de Leyes en su ciudad natal. Sacó el doctorado en la Universidad Central de Madrid y ejerció el oficio de abogado en la Audiencia Provincial de Pontevedra. Ingresó en los capuchinos, y en 1902 hizo su primera profesión; en 1904 se ordenó sacerdote. Fue profesor en el colegio de Lecároz hasta que, en 1907, lo destinaron a la curia general en Roma, donde permaneció doce años como secretario general de las provincias españolas. Vuelto a España enfermo, lo destinaron al convento de El Pardo. A partir de 1922 desempeñó los cargos de secretario y consejero provincial. A la vez atendía al confesonario y a la dirección espiritual. En la persecución religiosa tuvo que dejar el convento y se hospedó en casa de una bienhechora. El 11 de agosto de 1936 por la tarde lo detuvieron los milicianos, y al día siguiente, 12 de agosto de 1936, de madrugada, lo llevaron a los jardines del Cuartel de la Montaña (Madrid) y lo asesinaron.
José María de Manila
Nació en Manila (Filipinas) en 1880. Vino a España e inició la carrera de leyes. Pero pronto ingresó en los capuchinos e hizo la primera profesión en 1905. Recibió la ordenación sacerdotal en 1910. Le confiaron varias veces el oficio de superior. Estuvo destinado en Montehano, Bilbao, Salamanca, Gijón y finalmente Madrid, donde le sorprendió la persecución religiosa. El 20 de julio de 1936 tuvo que dejar el convento y hospedarse en casas particulares. El 16 de agosto siguiente lo detuvieron los milicianos y lo llevaron a la checa de Bellas Artes, donde lo sometieron a un largo interrogatorio. Al día siguiente, 17 de agosto de 1936, temprano, lo condujeron a los jardines del Cuartel de la Montaña, donde lo asesinaron. Su cadáver, como el de otros mártires capuchinos, se encuentra en la cripta del convento de Capuchinos de Jesús en Madrid.
Aurelio de Ocejo
Nació en el pequeño y aislado pueblo de Ocejo de la Peña (León) en 1881. De joven se dedicó a las labores del campo; hizo el servicio militar y con 27 años ingresó en los capuchinos, en los que emitió su primera profesión, como hermano laico, en 1910. Su vida de religioso se centró en la oración y el trabajo. Sus destinos fueron El Pardo y Madrid. Se dedicó casi por completo a tareas relacionadas con la publicación y distribución de la revista El Mensajero Seráfico. El 20 de julio de 1936, ante la persecución religiosa, tuvo que dejar el convento y refugiarse en casas particulares. Cuando se trasladaba a casa de un pariente suyo desapareció y su cadáver fue hallado el 17 de agosto de 1936 en la carretera de Andalucía (Madrid). Sus restos reposan en la cripta del convento de Capuchinos de Jesús en Madrid, junto con los de otros mártires.
Saturnino de Bilbao
Nació en Bilbao el año 1910. Con la ilusión de ser misionero en China pidió a los 16 años ingresar en la Compañía de Jesús, en la que empezó el noviciado en 1926. Padecía una tartamudez nerviosa que le impedía, como le dijeron, el acceso al sacerdocio; superado este duro golpe, accedió a quedarse como hermano coadjutor, pero de nuevo vio truncada su ilusión de ir a misiones; abandonó la Compañía y volvió con sus padres. Entonces conoció a los capuchinos e ingresó en su Orden: hecho el noviciado en el convento de Basurto-Bilbao, emitió su profesión simple, como hermano laico, en 1931. Lo destinaron a Madrid y allí permaneció. El 21 de julio de 1936, cuando los milicianos asaltaron el convento, huyó y se hospedó en distintas casas, hasta que lo detuvieron y lo condujeron a la checa de la Ronda de Valencia y de allí a la de Bellas Artes. El 26 de agosto de 1936 encontraron su cadáver en unos solares; sin duda, lo habían fusilado la mañana de aquel mismo día.
Alejandro de Sobradillo
Nació en Sobradillo (Salamanca) en 1902. A los 11 años ingresó en el seminario seráfico de los capuchinos de El Pardo (Madrid). Hizo el noviciado en Basurto y profesó allí en 1919. Cursados los estudios de filosofía y teología, fue ordenado sacerdote en 1926. Lo destinaron al convento-colegio de El Pardo como profesor, y en 1934 lo eligieron superior del convento. El 21 de julio de 1936, los milicianos revolucionarios asaltaron el convento; el Alejandro se retiró a la capilla a orar por los religiosos y los niños. Luego fue detenido con los demás religiosos y aquel mismo día puesto en libertad. Se hospedó en una casa particular en la que, el 15 de agosto, lo detuvieron los milicianos. Corrieron diversos comentarios sobre su muerte. De hecho, su cadáver fue recogido en la mañana del 16 de agosto de 1936 en el barrio llamado de la China (Madrid), contiguo a la carretera de Andalucía.
Gregorio de la Mata
Nació en La Mata de Monteagudo, partido de Riaño (León), en 1889. Vistió el hábito capuchino en 1904 y emitió la profesión religiosa en 1905. Cursados los estudios de la carrera sacerdotal, fue ordenado presbítero en 1914. Lo destinaron al convento de El Pardo (Madrid) como profesor del seminario seráfico, y allí quedó toda su vida salvo dos breves períodos, acortados por su falta de salud: lo enviaron a Roma a estudiar en la Gregoriana y tuvo que regresar sin acabar el curso; lo enviaron a Bilbao, y por consejo médico tuvo que volver a El Pardo. Allí le sorprendió la revolución. El 21 de julio de 1936 los milicianos asaltaron el convento y detuvieron a los frailes, dejados más tarde en libertad. El Gregorio se refugió en distintas casas de Madrid. El 23 de agosto lo detuvieron y lo llevaron a la checa de la calle del Marqués de Riscal. El 27 de agosto de 1936, los milicianos se lo llevaron junto con otros presos y los fusilaron en un terraplén del Hipódromo.
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