viernes, 20 de noviembre de 2020

1455. Domingo XXXIV A – Domingo de Cristo Rey

 

  Domingo de Cristo Rey

Mt 25,35-46


Texto evangélico

31 «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria 32 y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34 Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. 37 Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; 38 ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; 39 ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. 40 Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. 41 Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. 44 Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. 45 Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. 46 Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Hermanos:

1. Hoy es el Domingo de Jesucristo, Rey del universo. Y con ello coronamos un ciclo anual. El próximo Domingo iniciaremos el ciclo siguiente, cuyo centro será la Pascua del Señor. La palabra “Rey” la tomamos de labios de Jesús, porque está en el Evangelio que acabamos de proclamar y escuchar. Jesús se designaba a sí mismo con un título bíblico misterioso: el hijo del hombre. Y así ocurre en esta escena final de la historia que él ha ideado y que comienza así: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre. El relato sigue: Entonces dirá el rey a los de su derecha.

En este pasaje del Evangelio nos da un retrato soberano, rigurosamente divino, de su propia persona.

Primero, se pone en la misma categoría de Dios, en el centro y la cúspide de toda la creación y toda la historia.

Segundo, él convoca a todas las naciones, cristianos y no cristianos. Él es el dueño y señor de todos y todos deben rendirle cuentas a él.

Tercero: el Rey se convierte en Juez. No hay división de poderes, porque en él reside toda la plenitud de la divinidad. Y su juicio es inapelable.

Y cuarto: el juicio que él pronuncia es o la vida eterna o el fuego eterno.

2. Esta parábola de Jesús nos deja absolutamente en silencio y adoración. Nuestra mente humana choca ante el final de las palabras de Jesús, que habla de vida eterna y de castigo eterno. La mente humana no puede comprender que exista el castigo eterno, que es el mal eterno frente al bien eterno. Dos eternidades contradictorias: el bien eterno y la desgracia eterna. Para nuestra mente finita, la desgracia eterna sería en Dios una pesadilla eterna, un punto negro eterno que tendría de desaparecer, ser aniquilado, no existir, para que ni en la mente de Dios, que todo lo alcanza y domina, no hubiera ni el recuerdo de un mal contra su persona, que un día existió.

Hermanos, nos perdemos en absoluto si queremos dar razón a la fe. Es la hora de la humildad, de la entrega y del amor, para decirle al Señor: Señor, no entiendo el misterio de la Trinidad, que es un misterio de amor y de bondad a lo infinito; lo acepto con gozo, sabiendo que allí todo es bien y solo bien. No entiendo el misterio del demonio, que es el mal y el absurdo en esta eterno; ni entiendo el infierno, que es la misma maldad del demonio. Pero acepto que tu Hijo haya hablado de estas cosas, que nos revelan por de pronto, la seriedad del misterio de la salvación.

Hermanos, me ha parecido oportuno mencionar estas cosas, porque en nuestras homilías y en nuestra predicación en general no hablamos de los novísimos, de las verdades eternas en lo que tienen de seriedad y misterio. No podemos mutilar las palabras del Señor, para quedarnos solo con la parte hermosa, que nos da la visión bella del mundo.

3. Pero ahora cambiemos de perspectiva para fijarnos en otros aspectos que nos trae la palabra reveladora de este día. Jesús, nuestro Rey, es nuestro Pastor.

“Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—. Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia” (Ez 34,15-16). Estas palabras del profeta Ezequiel, y que con toda justicia la liturgia las aplica a Jesús, en la primera lectura, nos dan un consuelo infinito, que nos va a acompañar hasta el cielo. Esas palabras son las que hacen brotar del corazón el salmo del día: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; | me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo, | por el honor de su nombre· (Sal 23,1-3).         

La preferencia de Jesús por sus ovejas débiles, enfermas, caídas… la ha puesto evidencia Jesús en los rasgos que destaca en este Evangelio: Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… Quizás el Evangelio más citado en estos últimos tiempos, cuando hablamos de la Iglesia en salida. “En la tarde te juzgarán del amor”, dos dijo en una célebre frase san Juan de la Cruz, y esta tarde no es solo la tarde de cada día, sino la tarde de toda mi vida, y la tarde del juicio final de la historia humana.

4. Pero hay otra consideración, hermanos, que es particularmente oportuna en los tiempos que estamos viviendo. Y que es la siguiente: Nosotros somos discípulos de Jesús, y sin atropellar a nadie, sin negar que en la sociedad plural han de tener cabida otros modos de pensar, cómo podemos hacer que esa humanización que Jesús trae al mundo impregne legítimamente la sociedad.

Me refiero muy concretamente a la aprobación de la nueva Ley de Educación el día jueves en el Congreso, para que pase al Senado. Las asociaciones católicas, y también los obispos, rechazan frontalmente que se posesione el Gobierno de la escuela concertada, en el sentido de recortar el pleno poder de los padres, para que sean ellos quienes opten por el estilo de educación que quieren para sus hijos. Son asuntos técnicos, evidentemente, que requieren matices, pero es claro que el rechazo social de las entidades católicas ha sido contundente.

Jesús ha de reinar en nuestros corazones. Y desde nuestros corazones ha de proyectarse en la sociedad, para que su reinado sea de justicia, de verdad, de amor y de paz. Para que la propuesta divina que Jesús nos trae, por nuestra presencia, por nuestra palabra y acciones, alcance hasta los confines de la tierra.

Señor, Hijo amado del Padre, con tu muerte de amor reinas sobre nosotros. Que nuestra  vida, la mía en concreto, proclame que tú eres el verdadero rey, que muriendo, da la vida al mundo. Amén.

 

Madrid, viernes 22 noviembre 2020.

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