Homilía en el Domingo de la celebración de la
Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor
Lc 9,11-17
Texto evangélico
… 11Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los
que tenían necesidad de curación. 12 El día comenzaba a
declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que
vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida,
porque aquí estamos en descampado». 13 Él les contestó: «Dadles
vosotros de comer».
Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y
dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente». 14 Porque
eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten
en grupos de unos cincuenta cada uno». 15 Lo hicieron así y
dispusieron que se sentaran todos. 16 Entonces, tomando él los
cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición
sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los
sirvieran a la gente. 17 Comieron todos y se saciaron, y recogieron
lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.
Hermanos:
1. Corpus Christi, o más exactamente Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre
del Señor, fiesta que corresponde al jueves que sigue al Domingo de la Santísima
Trinidad, y que en España, desde hace ya bastantes años, se celebra el domingo
sucesivo, por razones de orden laboral.
Una fiesta, por una parte superflua, porque lo que celebramos en
Corpus Christi ya lo celebramos el día de Jueves Santo; por otra parte, fiesta
de alto significado, como fruto del amor. El amor es una fiesta, y el amor
inventa fiestas. Quien entiende de amor lo sabe perfectamente, porque el amor,
desde que el hombre es hombre, se comporta así. El amor es creativo, es
generoso, es inventivo… “Pon amor donde no hay amor, y sacarás amor”, escribió
san Juan de la Cruz en los “Dichos de amor y luz”.
2. La fiesta de Corpus Christi es como un ramo de flores que se da a Jesús
sacramentado, en la iglesia y paseado por las calles.
- Pues mejor sería tomar ese dinero y dárselo a los pobres (las flores
son caras y terminan en la basura), que demasiados pobres tenemos… y ahora desplazados
y emigrantes. Es otra forma de pensar, y, como sabéis, ya lo dijo Judas cuando
la enamorada de Betanía, “María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y
costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa
se llenó de la fragancia del perfume” (Jn 12,3).
La fiesta de Corpus Christi nació hace 750 años en una diócesis de Bélgica
y pronto se difundió en la Iglesia. Santo Tomás de Aquino compuso una secuencia
famosa, Lauda Sion Salvatorem, que son unos versos latinos cadenciosos,
que hoy solemos decirlos en nuestras iglesias traducidos rítmicamente al
castellano.
Fue, pues, un invento de amor, feliz invento que ha atravesado siete
siglos y medio.
3. ¿Qué es la Eucaristía, hermanos? Un profesor de dogmática responde:
Es el conjunto de todos los bienes; así lo afirma el Concilio. En la Eucaristía,
que es el Misterio Pascual de Cristo hasta su vuelta, están todos los bienes
dados a la Iglesia. Así es, en efecto, El último sacramento que recibe el
cristiano antes de dejar este mundo y afrontar el paso a la eternidad, es la Eucaristía;
no es la Unción de los enfermos.
Uno que está atento a las oraciones de la liturgia puede decir: La Eucaristía
es el aperitivo del Banquete celestial. Así lo expresa la oración de después de
la comunión de hoy. En este manjar que recibimos en la tierra pregustamos lo
que ha de ser la dulzura del banquete eterno. Allí, en el banquete eterno, nos saciaremos
de la misma divinidad del Hijo de Dios. No desaprovechemos la ocasión, porque la
divinidad de Jesús está íntegra en el pan y el vino consagrados.
4. Uno que estudia y explica la Escritura, puede decir: La Eucaristía es
ni más ni menos que el Evangelio que acabamos de escuchar. Fijémonos atentamente:
Hay cinco palabras en este relato, que son las que ha tomado la Iglesia para
formar con ellas el relato de la institución de la Eucaristía, a saber:
- tomó los cinco panes
- alzó los ojos al cielo
- pronunció la bendición
- los partió
- los dio.
Cada vez que celebramos al Eucaristía se reaviva el signo portentoso de
la multiplicación de los panes.
Jesús, rememorando las gestas sagradas de la antigua alianza, da al
pueblo peregrino el pan de Dios. Este pueblo de Dios inmenso, ordenado en
grupos de cincuenta como un ejército en campaña, recibe el alimento de Dios que
Jesús da. La Iglesia toda es alimentada por el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Es la fiesta dominical de cada semana, el banquete escatológico que se
nos prepara. Toda la comunidad cristiana que acude a la celebración eucarística
y toda la comunidad cristiana que se alimenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Sería incomprensible que en una boda de trescientos invitados treinta compartieran
los alimentos, los manjares y vinos generosos, y los demás estuvieran solo de
charla. La Eucaristía dominical es la fiesta del Señor que se abre a todos los participantes,
los cuales han entrado en la sala de banquete con el vestido espiritual que
corresponde.
Dice el santo Evangelio – el cual tiene un gran carga simbólica –que
fueron cinco mil los varones que participaron; otro evangelista añade, “sin contar
las mujeres y los niños”.
La Eucaristía dominical es, por excelencia, la fiesta primordial de los
cristianos.
5. Hoy somos particularmente sensible a la fibra social de la Eucaristía
que es un misterio a compartir. Dadles vosotros
de comer, dice el texto sagrado. Cuántos
pastores hoy, al leer el texto bíblico, habrán subrayado precisamente este
aspecto. En su homilía de hoy decía el Papa:
“Ante una multitud cansada y hambrienta, Jesús dice
a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). En realidad, Jesús es
el que bendice y parte los panes, con el fin de satisfacer a todas esas
personas, pero los cinco panes y los dos peces fueron aportados por los discípulos,
y Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud,
ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan,
partidos por las manos sagradas y venerables del Señor, pasan a las pobres
manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente. También esto es
«hacer» con Jesús, es «dar de comer» con él. Es evidente que este milagro no va
destinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que
Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo
su carne y su sangre (cf. Jn 6,48-58). Y, sin embargo, hay que pasar siempre a
través de esos dos pequeños gestos: ofrecer los pocos panes y peces que
tenemos; recibir de manos de Jesús el pan partido y distribuirlo a todos”.
6. ¿Qué es la Eucaristía, hermanos? Para responder no vamos a dar otra
nueva lección… Porque la pregunta, de un modo vital, me la puedo hacer directamente
a mí: ¿Qué es la Eucaristía para mí? ¿Voy a la celebración y comulgo todos los
domingos, con el corazón dispuesto y anhelante? ¿Cómo quisiera que fuera la Eucaristía
final de mi vida, antes de ´pasar a la eternidad, como un abrazo de amor
infinito del Dios que me ha amado y me va a recibir ahora para siempre? ¡Cómo
quisiera esta Eucaristía rodeado de mis seres queridos que me aman de verdad
proporcionándome esta última celebración en unión con ellos.
7. Señor Jesús, que dejaste la Eucaristía como
memorial de tu vida entera, gracias por el don infinito de tu amor. Concédeme
que de la Eucaristía de esta tierra pase a la comunión de la eternidad. Amén.
Guadalajara, Corpus Christi, 26 mayo 2016
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